Jóvenes refugiados pasan las vacaciones de verano aprendiendo alemán

Tras haber huido de la violencia en Afganistán, Irak y Siria, estos jóvenes pasan los meses de verano aprendiendo alemán, lo que puede suponer la clave hacia una nueva vida.

Sonas Solimani (15), procedente de Afganistán, aprende alemán en un curso de verano para refugiados en Berlin-Wilmersdorf.
© ACNUR/Gerhard Westrich

"Vamos a por el año", dice la profesora, haciendo gestos para animar a un pequeño sirio. El niño ladea la cabeza y la mira fijamente durante un momento. Entonces cae en la cuenta. "Enero", dice orgulloso. Sus compañeros lo entienden y recitan de obedientemente los nombres alemanes de los meses en orden.


Es agosto en Berlín. La mayor parte de los niños alemanes están al aire libre jugando al sol, con el colegio por fin fuera de sus cabezas durante las vacaciones de verano. Mientras tanto, jóvenes solicitantes de asilo y refugiados en toda Alemania pasan el verano sentados en clases, practicando reglas de gramática en alemán.

"No sabía ni una palabra de alemán cuando llegué a Berlín", dice Sanas Somijara, una refugiada afgana y alumna de la escuela de verano que llegó a Alemania hace 10 meses junto con su familia. "No fue tan malo porque ya podía hablar un poco de inglés. Pero para muchos otros niños fue muy difícil porque ni siquiera conocían el alfabeto [latino]".

  • Sanas Somijara (15), en el centro, de Afganistán, sueña con ser farmacéutica cuando crezca. Por eso pasa el verano estudiando alemán en Berlín.
    Sanas Somijara (15), en el centro, de Afganistán, sueña con ser farmacéutica cuando crezca. Por eso pasa el verano estudiando alemán en Berlín. © ACNUR/Gerhard Westrich
  • Los profesores de la escuela de verano de Lehrreich, en Berlín, dicen que para los niños no acompañados es más difícil aprender un nuevo idioma.
    Los profesores de la escuela de verano de Lehrreich, en Berlín, dicen que para los niños no acompañados es más difícil aprender un nuevo idioma. © ACNUR/Gerhard Westrich
  • Mahmoud Jad (13), de Siria, ama leer y escribir y es uno de los estudiantes de la escuela de verano de Lehrreich, en Berlín-Wilmersdorf.
    Mahmoud Jad (13), de Siria, ama leer y escribir y es uno de los estudiantes de la escuela de verano de Lehrreich, en Berlín-Wilmersdorf. © ACNUR/Gerhard Westrich
  • "The children who join summer schools in Berlin wouldn't otherwise have the chance to learn German during the six-week holiday," said teacher Yvonne Hylla. [for translation]
    "The children who join summer schools in Berlin wouldn't otherwise have the chance to learn German during the six-week holiday," said teacher Yvonne Hylla. [for translation] © ACNUR/Gerhard Westrich
  • Además de los desafíos que los niños no acompañados tienen que enfrentar, los profesores dicen que puede ser difícil adaptar las clases para se ajusten a los diferentes perfiles y habilidades de los estudiantes.
    Además de los desafíos que los niños no acompañados tienen que enfrentar, los profesores dicen que puede ser difícil adaptar las clases para se ajusten a los diferentes perfiles y habilidades de los estudiantes. © ACNUR/Gerhard Westrich

Una vez que Sanas (15) y su familia se mudaron a un albergue en Berlín el pasado invierno, ella y sus dos hermanos estaban ansiosos por empezar el colegio. Sus padres presentaron una solicitud a las autoridades locales y los niños fueron distribuidos en las denominadas clases de bienvenida. Se trata de clases que se desarrollan de forma paralela en colegios de primaria y secundaria en Berlín. Están diseñadas para preparar a los recién llegados y que así puedan ingresar en un colegio regular.

Junto con otros 13 niños de Siria, Afganistán e Irak, Sanas ha tomado clases intensivas del idioma, así como nociones básicas de la sociedad y la cultura alemanas. "La bienvenida a la clase fue muy divertida", dice. "Tuvimos una buena profesora y siempre nos ayudaba. Simplemente parecía que era una clase normal, de verdad".

El alemán de Sanas mejoró tan rápido que después de seis meses pudo trasladarse de la clase de bienvenida a una clase estándar de noveno grado con compañeros alemanes. Pero esto no le ha parado a la hora de aprovechar la oportunidad para repasar el idioma durante las vacaciones.

"Me gusta el colegio de aquí. Los profesores me ayudan a leer y a escribir. Es divertido jugar"

"Nos lo hemos pasado muy bien aquí, en la escuela de verano, haciendo amigos nuevos, practicando deporte y yendo de excursión", dice. "La mayor parte del tiempo hablamos alemán entre nosotros, pero traducimos a nuestros propios idiomas si alguno lo necesita".

A otros compañeros de Sanas el idioma les ha resultado más exigente. "El alemán es muy duro para mí. Es muy difícil", dice Mahmoud Jad, un refugiado sirio de 13 años. Huyó de su hogar en Damasco con su hermano mayor y llegó a Berlín en febrero. A pesar del gran esfuerzo, Mahmoud se divierte aprendiendo. "Me gusta el colegio de aquí. Los profesores me ayudan a leer y a escribir. Es divertido jugar".

Los profesores de la escuela de verano Lehrreich en Berlín Oeste dicen que progresar resulta más duro para los niños que no están acompañados, como Mahmoud. Cuando el trimestre empiece de nuevo en septiembre, volverá a la clase de bienvenida hasta que su alemán sea lo suficientemente bueno como para ingresar en un colegio normal. Mientras tanto, las clases extra en la escuela de verano le ayudan a seguir esforzándose.

"Los niños que se unen a las escuelas de verano en Berlín no tendrían, de otra forma, la oportunidad de aprender alemán durante las seis semanas de vacaciones", dice Yvonne Hylla, la coordinadora del programa en la Fundación para Jóvenes y Niños Alemanes (DKJS). Esta plataforma, financiada por el Estado, es la responsable de las escuelas de verano para solicitantes de asilo y refugiados en Berlín.

"Hemos tenido buenos comentarios de los profesores de las clases de bienvenida acerca de que los niños no se estancan y olvidan todo a lo largo del verano, sino que progresan durante las vacaciones", añade.

Las escuelas de verano y las clases de bienvenida ayudan a los niños a integrarse en el sistema escolar, así como en las ciudades y en las comunidades que les han acogido. Muchos de los, aproximadamente, 1.35 millones de personas que han sido pre-registradas para obtener asilo en Alemania desde comienzos de 2015 eran niños en edad escolar. Después de tres meses de residencia en Alemania, todos los niños tienen tanto el derecho como la obligación legal de asistir al colegio.

Al haber huido de manera horrible de conflictos en sus países de origen, muchos niños refugiados no han ido al colegio durante años y llevan consigo recuerdos inolvidables sobre la guerra y la lucha. Tienen que aprender una nueva lengua en un contexto cultural diferente, así como hacer nuevos amigos y familiarizarse con un nuevo entorno. Para apoyar tanto a los profesores como a los alumnos, ACNUR ha publicado materiales educativos y continúa haciendo un llamamiento por las oportunidades de integración para los niños y por el aumento de medidas adecuadas para asegurar su bienestar.

"Alemania es un lugar muy bueno porque puedo ir al colegio y no tengo que tener miedo"

"Alemania es un lugar muy bueno porque puedo ir al colegio y no tengo que tener miedo", dice Samira Marwi, una solicitante de asilo afgana y alumna de la escuela de verano cuya educación en casa se veía interrumpida constantemente por la amenaza de la violencia contra las estudiantes.

Durante el trimestre, Samira (15), que llegó a Berlín el pasado noviembre con su hermano mayor, también asistirá a la clase de bienvenida. "Mi profesor dice que tendré que quedarme en la clase de bienvenida un poco más porque mi alemán aún no es lo suficientemente bueno", dice.

Tanto si se trata de una clase de bienvenida, de una escuela de verano o de clases en un colegio estándar, Samira simplemente está feliz por poder aprender en paz. "Quiero quedarme aquí, ir al colegio y estudiar. Entonces me convertiré en médico y seré capaz de ayudar a la gente", dice. Mientras tanto, su compañera Sanas sueña con convertirse algún día en farmacéutica. "El viaje a Alemania fue tan duro", dice. "Ahora queremos quedarnos, estudiar y construir una nueva vida, buena, hermosa y sin miedo".

Por Josie Le Blond en Berlín, Alemania.

Gracias a la voluntaria Raquel Melgar Hernández por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.