Segundas costuras: Delsy sigue sus sueños en casa de alta costura de Panamá

Años después de llegar a Panamá como refugiada, Delsy continúa con su pasión por el diseño textil en un trabajo formal, gracias a un programa innovador del sector privado.

Delsy Valera, participó en el programa Talento Sin Fronteras en Panamá, gracias al cual pudo aprovechar sus habilidades de costurera para conseguir en empleo estable en una casa de moda.
© ACNUR/Diana Díaz

De joven, Delsy Valera, se enamoró de los retazos y la costura en su Colombia natal. Su vida era ajetreada: entre clases de educación artística en un colegio privado y su taller de confección, Delsy trabajaba para construir su sueño de diseñar y coser por encargo. Nunca se imaginó que tendría que dejar todo para buscar un lugar seguro.

Los problemas comenzaron en febrero del 2000, cuando un grupo armado irregular dominaba trechos enteros del país sudamericano. 

“La guerrilla les quería quitar las tierras y el ganado a la familia de mi esposo”, recordó Delsy, quien ahora tiene 52 años. “A él le mataron un hermano y en el mismo bolsillo, dejaron la amenaza para él. Una amenaza que decía que ni (con la ayuda de) Dios, ni si se metía debajo de la tierra él se iba a salvar, ni su familia”.

Su esposo huyó a Panamá y Delsy lo siguió un año más tarde, con los dos hijos de la pareja, tras escapar de un intento fallido de secuestro. Aunque la familia encontró seguridad en el país vecino, al principio la vida en Panamá fue dura. Delsy tuvo dificuldades en encontrar un trabajo - un problema al que suelen enfrentarse los refugiados en el mundo entero.

“Están enseñando a la gente a que trabaje y la preparan... eso me ha servido en el trabajo, aprendí mucho”.

Al llegar a sus países de acogida, las personas solicitantes de asilo suelen enfrentarse a obstáculos, como la falta de permisos de trabajo y los largos tiempos de los procesos y trámites que les dificultan el acceso al mercado laboral formal. Y sin acceso al mercado laboral formal tienen pocas oportunidades de contribuir a la economía local.

Luego de un comienzo difícil, eventualmente, Delsy encontró trabajo informal en un taller de costura, donde permaneció durante tres años. Pero cuando el taller cerró en 2007, Delsy se vio en la necesidad de volver a buscar trabajo. Esta vez, tuvo una ayuda inesperada en su búsqueda.

En 2018, Delsy formó parte de la primera generación de Talento Sin Fronteras, un programa de empleabilidad, que ha sido desarrollado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, junto con la empresa líder en soluciones de empleo ManpowerGroup y la ONG internacional HIAS. El programa busca mejorar las oportunidades de trabajo formal para personas refugiadas y jóvenes nacionales en Panamá.

  • Delsy con sus nuevos colegas en la casa de moda DARCÉ en Panamá, donde empezó a trabajar gracias al programa Talento Sin Fronteras.
    Delsy con sus nuevos colegas en la casa de moda DARCÉ en Panamá, donde empezó a trabajar gracias al programa Talento Sin Fronteras. © ACNUR/Diana Díaz
  • Delsy trabajando en un diseño en su casa en Panamá. Gracias al programa Talento Sin Fronteras, Delsy pudo conseguir en un empleo estable como modista.
    Delsy trabajando en un diseño en su casa en Panamá. Gracias al programa Talento Sin Fronteras, Delsy pudo conseguir en un empleo estable como modista. © ACNUR/Diana Díaz
  • Gracias al programa talento Sin Fronteras Delsy empezó a trabajar como costurera en la casa de moda DARCÉ en Panamá.
    Gracias al programa talento Sin Fronteras Delsy empezó a trabajar como costurera en la casa de moda DARCÉ en Panamá. © ACNUR/Diana Díaz

En Talento Sin Fronteras, las personas refugiadas y panameñas reciben cursos para fortalecer sus habilidades. Especialistas de ManpowerGroup les dan las bases para comunicación efectiva, servicio al cliente y trabajo en equipo, entre otras habilidades. Además, cada participante recibe asesoría personalizada con base en sus habilidades e intereses y las oportunidades del mercado actual. Durante un mes de clases semanales, las personas refugiadas también conocen sobre sus derechos y deberes en el entorno laboral. Luego de graduarse del programa, son acompañadas durante los trámites para conseguir empleos formales y significativos, incluyendo sacar su permiso de trabajo.

“Están enseñando a la gente a que trabaje y la preparan”, comentó Delsy. “Me llamó más la atención la parte de atención al cliente y trabajo en equipo. Yo siempre estaba acostumbrada a trabajar sola y eso me ha servido en el trabajo, aprendí mucho”.

Unas semanas después de ser parte del programa, Delsy consiguió su primer empleo formal en Panamá como modista en DARCÉ, una casa exclusiva de diseño de moda. En DARCÉ, Delsy fue escogida para atender a las clientas particulares que llegan y solicitan vestidos hechos a la medida.

Dagmar García, diseñadora de DARCÉ dice que contratar a personas refugiadas como Delsy trae beneficios para todos. “Son personas con mucho potencial, con muchísimas ganas de salir adelante”, dijo García. “Hay que tomar en consideración que todas estas personas aportan mucho al mercado y a los trabajos y nos pone a nosotros en un nivel superior a lo que estábamos acostumbrados”.

A mitad de 2019, había más de 16.000 refugiados y solicitantes de asilo en Panamá, principalmente personas oriundas de Colombia, El Salvador, Cuba y Venezuela. En 2018, el país registró un incremento del 86 por ciento en el número de solicitudes de asilo pendientes, en comparación con 2017.

La experiencia muestra que para que las personas refugiadas y sus comunidades de acogida prosperen juntas, es necesario involucrar a todos los sectores de la sociedad. “El sector privado es imprescindible para que las personas refugiadas y sus familias puedan continuar aportando a sus comunidades de acogida de forma sostenida e integral”, comentó Renee Cuijpers, Representante Regional Adjunta de ACNUR para América Central y Cuba.

Según ManpowerGroup, involucrarse con los refugiados no solamente es lo correcto, sino que es también bueno para los negocios. “Hoy más que nunca, ayudar a las personas a adaptarse y a desarrollar sus habilidades será el desafío que definirá el éxito de las organizaciones y las personas”, indicó Andrés Soto, Gerente de Cuentas Claves en ManpowerGroup.

“Ya me hice acá, ya toda mi vida está aquí en Panamá. Yo me siento colombo-panameña”

En Talento Sin Fronteras, las comunidades de acogida también se ven beneficiadas de los ciclos de capacitación. En el primer año del programa, 229 personas han participado en las capacitaciones. De estos, 187 son refugiados y 42 son jóvenes panameños. Casi el 60 por ciento de los participantes refugiados han conseguido un empleo tras pasar por el programa.

Iniciativas como esta fueron el centro de discusión durante una reunión global que se realizó en Ginebra el 17-18 de diciembre. El Foro Mundial sobre Refugiados reunió a gobiernos, la comunidad internacional, el sector privado, la academia, comunidades de acogida y a personas que se han visto forzadas a desplazarse para discutir formas de fomentar soluciones duraderas para personas refugiadas.

A un año de estar trabajando formalmente, Delsy ha diseñado y confeccionado más de 20 vestidos de alta costura para renombradas clientas, incluyendo reinas de belleza. Para ella, este trabajo significa la oportunidad de contribuir al país que le abrió las puertas. “Ya me hice acá, ya toda mi vida está aquí en Panamá. Yo me siento colombo-panameña”.