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Trabajadores comunitarios fortalecen la red de protección para refugiados y migrantes en Manaos

Historias

Trabajadores comunitarios fortalecen la red de protección para refugiados y migrantes en Manaos

En asociación con Caritas Manaos, los voluntarios cierran la brecha entre las necesidades y los servicios, garantizando los derechos de la nueva comunidad de refugiados establecida en la Amazonía.
24 Diciembre 2019
Omar da seguimiento a las personas más vulnerables, como Johanny Castillos*, con 8 meses de embarazo.

A los 70 años, Omar ha estado caminando por las calles de Manaos durante más de dos años, brindando asistencia a las personas refugiadas y migrantes que llegan a la ciudad. Ya sea que acompañe a las personas para la emisión de documentos o que les apoye con el acceso a los servicios públicos, Omar siempre está disponible para ayudar a sus compatriotas con lo que necesiten.

Él llegó a Brasil en agosto de 2017, pasando por situaciones similares a las de las personas a las que ayuda hoy, y ahora trabaja como voluntario transformando sus vidas. “A todos los que llegan, los apoyo. Ayudo a obtener el protocolo, ver la documentación... Nos convertimos en una comunidad y nos ayudamos mutuamente”, dice.

Omar es uno de los diez trabajadores comunitarios voluntarios que forman parte del proyecto Outreach Volunteers en Manaos, una iniciativa de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), en asociación con Caritas Manaos, que promueve talleres de capacitación para que más líderes comunitarios, como Omar, puedan llevar información sobre los derechos y ayudar a las personas desplazadas que necesitan apoyo.

El proyecto está financiado por la Unión Europea a través de su Instrumento en pro de la Estabilidad y la Paz, que tiene como objetivo mejorar el entorno de protección para los venezolanos en Brasil y contribuir a una coexistencia más pacífica de esta población en las ciudades de acogida. Además de Manaos, el proyecto también se implementa en Boa Vista. En total, el país cuenta con más de 20 voluntarios y ha impactado a miles de personas.

Al involucrar a los líderes de la comunidad para difundir información confiable sobre documentación, acceso a la salud, educación, empleabilidad y otras necesidades de los refugiados y personas vulnerables, el proyecto puede llegar a más recién llegados y ampliar el acceso a la red de seguridad local.

Así es como Omar refirió a la refugiada venezolana Johany Castillos* a Caritas. Embarazada y con un niño pequeño, ella y su esposo mantienen a la familia vendiendo agua en las calles. Con la ayuda del voluntario, consiguió que sus gemelos de tres años asistieran a la escuela. “¡Omar y Caritas nos ayudaron mucho! Gracias a ellos, mis hijos ahora pueden estudiar. Es una preocupación menos”, dijo.

Cuando llegó a Manaos, Omar comenzó a sistematizar la información sobre las personas venezolanas que encontró en una base de datos. Escribió en el papel que guardaba delicadamente en el bolsillo de su camisa, números de teléfono, direcciones, protocolos, números de seguro social, tarjetas de trabajo e incluso las vacunas que ya habían recibido.

Organizó una lista para asegurarse de que todos sus conocidos pudieran tener acceso a todos los servicios. La información se difundió y comenzó a ayudar a más y más personas. “Siempre que puedo, acompaño a las personas a la policía federal, a las agencias de documentación e incluso a los hospitales. Hacer esto me hace sentir bien, siento que realmente puedo hacer algo bueno por la sociedad”.

La integración social y económica de las personas refugiadas y migrantes venezolanas ha sido una de las prioridades del trabajo del ACNUR en Brasil. La llegada de esta población al país, principalmente desde 2017, es el resultado de la situación política, socioeconómica y de derechos humanos en Venezuela, que, según estimaciones de la ONU, ya ha obligado a más de 4,7 millones de personas a buscar protección más allá de las fronteras venezolanas.

Los datos de la Policía Federal indican que alrededor de 225.000 venezolanos están en Brasil. Casi 120.000 solicitaron la condición de refugiado, con 21.000 solicitudes ya confirmadas y aprobadas por el Gobierno brasileño. Otras 105.000 personas tienen visas de residencia temporal en el país.

Al igual que Omar, Cristina Lucena también es una trabajadora comunitaria muy activa en la comunidad, principalmente a través de las redes sociales. “Antes, ayudaba a las personas al transmitir información correcta a través de WhatsApp”. Ahora, con un teléfono celular con conexión a internet garantizado por el proyecto, la voz de Cristina se expande al resto del país. “Hablo con personas en Porto Velho, Florianópolis, Curitiba, Minas Gerais y participo en muchos grupos. Como muchos no tienen acceso a Internet, puedo guiarlos a través de mi conexión”, dice.

Y así, entre mensajes, Danelys Valerá, una refugiada venezolana de 42 años, conoció a Cristina. En ese momento, ella estaba buscando tratamiento para el cáncer que enfrentaba su esposo. Gracias a la voluntaria, el acceso al tratamiento se hizo viable. En un tiempo récord, Cristina contactó al Instituto Nacional del Cáncer de Manaos e hizo posible que la familia tuviera acceso a la asistencia financiera del ACNUR para que pudieran recibir atención prioritaria. “Cristina ha jugado un papel clave en nuestras vidas. ¡Ahora somos muy buenas amigas!”, dice.

Para Cristina, que ya está establecida en Brasil con sus dos hijos y algunos parientes cercanos, “es importante que estas personas sepan que tienen derecho a la educación y la salud. Sabemos que no es fácil, pero podemos ofrecerles información para que accedan a estos. Necesitan entender que tienen estos derechos y deberes como cualquier brasileño”.

Tanto Cristina como Omar son parte del primer grupo de trabajadores comunitarios voluntarios de la operación del ACNUR en Manaos, seleccionados por su papel con la comunidad venezolana.

“Cada uno de ellos pasó por una entrevista y un proceso de selección, donde se analizaron los perfiles de las personas que ya estaban bajo protección y que estaban fuera de situaciones vulnerables. Los seleccionados reciben asistencia de transporte y un teléfono móvil para facilitar la comunicación con el personal del ACNUR y Caritas, así como con los refugiados y migrantes y la comunidad de acogida", dice Raquel Casellato, Oficial de Protección del ACNUR.

“Hemos creado un vínculo de confianza con ellos que funciona muy bien como herramienta de protección. Abrimos espacios, promovemos capacitación e información confiable. Y ellos transmiten este conocimiento a las personas en los lugares donde nosotros no podemos estar", agrega.

Para la próxima selección de voluntarios, se abrirán nuevos perfiles, apuntando a la región donde viven, para que puedan llegar a más personas y así garantizar que nadie se quede atrás.