La vida es una 'ardua batalla' para las personas desplazadas con discapacidad

Un nuevo informe muestra que, en América Latina, las personas desplazadas con discapacidad deben hacer frente a un gran número de obstáculos que hacen aún más difícil el camino para encontrar protección.

Una familia que huyó a Perú en 2018. Para las personas obligadas a huir, tener una discapacidad puede añadir una dimensión de dificultad al viaje.

Una familia que huyó a Perú en 2018. Para las personas obligadas a huir, tener una discapacidad puede añadir una dimensión de dificultad al viaje.   © ACNUR/Sebastian Castañeda

Manuel* trabajó como conductor: transportaba pasajeros en autobús por su natal Guatemala. Por desgracia, se convirtió en blanco de un grupo criminal, cuyos integrantes comenzaron a extorsionarlo exigiendo pagos semanales; estos eran tan onerosos que Manuel no podía cubrirlos. Como represalia, lo golpearon con tal brutalidad que su pierna izquierda tuvo que ser amputada, y tanto él como su esposa, Ana*, no tuvieron otra opción que huir del país.

Ana y Manuel tomaron algunas pertenencias y, para no someter a sus hijos al trauma y a los peligros del viaje, los enviaron con familiares en una región distante en el país centroamericano. Manuel y su esposa tomaron varios autobuses para atravesar la frontera norte con México.

“Fue muy difícil porque apenas habían pasado cuatro meses desde la amputación”, recordó Manuel, quien viajó en una silla de ruedas que aún no sabía cómo utilizar del todo. De cualquier forma, sin importar la gravedad de su condición y los retos que esta suponía en el trayecto a México, comentó que, en vista de que quienes le habían quitado la pierna habían decidido arrebatar también su vida, ni él ni Ana consideraron permanecer en Guatemala. “No teníamos otra opción porque estaban amenazándonos de muerte”.

Las personas con discapacidad no solo enfrentan obstáculos adicionales cuando huyen del peligro, sino que deben superar varios impedimentos para construir una nueva vida en los países de acogida. Un nuevo informe de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y de RIADIS, una organización socia que lucha por las personas con discapacidad en América Latina, muestra que las personas refugiadas y desplazadas con discapacidad enfrentan dificultades adicionales en su búsqueda de protección.

El informe enfatiza los obstáculos institucionales y las actitudes sociales que agrandan la vulnerabilidad de las personas desplazadas con discapacidad frente a la violencia y la explotación en su trayecto, así como las dificultades en el acceso a procedimientos de asilo, educación, atención médica y tratamiento especializado en los países de acogida. El informe se basa en el testimonio de más de 700 personas desplazadas con discapacidad, de sus familiares y cuidadores, así como del funcionariado en siete países de América Latina (entre ellos, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela).

“No teníamos otra opción porque estaban amenazándonos de muerte”.

En las recomendaciones que ofrece el informe, ACNUR y RIADIS exhortan a los gobiernos y a las organizaciones humanitarias en América Latina a fortalecer los esfuerzos por cubrir las necesidades de las personas con discapacidad en situación de movilidad.

Cuando se interrumpió el servicio de transporte público por escasez de neumáticos, Oneida del Carmen Rivas Morales, una mujer de 36 años, madre de dos hijos, sabía que no podía permanecer en su natal Venezuela. Debido a la interrupción del servicio, Oneida y Sebastián, su hijo de siete años con autismo y otras discapacidades, ya no podían utilizar el transporte público para ir a la terapia semanal del niño. Para ir y regresar de las sesiones, esta madre y su hijo debían trasladarse a pie. De manera simultánea, la escasez de alimentos impidió que Oneida pudiera respetar la dieta que el personal médico recomendó para Sebastián.

Si bien ella y su esposo sabían que no quedaba más remedio que abandonar el país, les preocupaba que su hijo Sebastián no pudiera recibir terapia ni otros servicios esenciales fuera de Venezuela. En consecuencia, retrasaron su viaje tanto como les fue posible. Cuando la familia llegó a Perú dos años y medio después, Sebastián y su hermana tenían desnutrición.  

“Cuando llegamos a Perú, tuvimos que apresurarnos para encontrar un lugar donde continuar con su tratamiento”, comentó Oneida, quien añadió que no ha sido un proceso sencillo. Además, mencionó que los cuidados que requiere Sebastián se han traducido en gastos importantes para la familia. “No hemos podido salir a trabajar desde que llegamos porque no hemos encontrado quién lo cuide”.

De cualquier forma, Oneida agradece que su hija y su hijo se estén alimentando bien otra vez, y que la terapia de Sebastián no se haya retrasado a raíz del viaje.

“Se ha adaptado muy bien”, dijo con una sonrisa en el rostro.

*Se cambiaron los nombres por motivos de protección.