Venezuela: Refugiados más pequeños se adaptan a su nuevo entorno caraqueño con la ayuda del ACNUR

CARACAS, Venezuela, 7 de agosto de 2009 (ACNUR) – Un jueves por la mañana, murmullos de risas contagiosas y pasos apresurados se expandieron por todo el pasillo de las oficinas de ACNUR en Caracas, como un regalo del eco de las paredes: ¡era el anuncio de que los niños habían llegado!

Los padres de una treintena de niños y niñas entre 3 y 16 años, casi todos procedentes de Colombia, respondieron a la invitación del ACNUR para un día de entretenimiento, que fue tan provechoso para la tropa, como para el equipo en pleno del ACNUR.

Julián y José* de 3 y 6 años de edad llegaron hace año y medio a Venezuela junto con su madre quien huyó del conflicto en la vecina Colombia. Para ellos los momentos de esparcimiento en una ciudad tan grande y poblada como Caracas son pocos y vienen acompañados de gastos que no siempre los padres pueden costear.

Un mesón repleto de crayones, un proyector de video, y un joven comité organizador, convirtieron la sala de reuniones en un cuarto de juegos, en el que niños y niñas refugiados y solicitantes de asilo se divirtieron coloreando, viendo una película infantil y escuchando historias fantásticas de un contador de cuentos.

Para la mama de José y Julián, este tipo de actividades de esparcimiento entre niños que han compartido traumas similares, son necesarias, especialmente durante los primeros meses de haber dejado su país y en una ciudad como Caracas. "Es muy bueno porque ellos afuera casi no se relacionan con otros niños y acá tienen un lugar de esparcimiento seguro".

Esta es una de las actividades que el ACNUR organiza para apoyar la integración de los más jóvenes refugiados a su nuevo entorno.

Los adolescentes también han podido disfrutar de este ciclo de actividades. La más reciente fue una excursión al Parque Nacional El Ávila, donde además de escalar la montaña que rodea el valle caraqueño, improvisaron un espacio para el deporte y participaron en dinámicas de grupo. También, conocieron un poco más de la cultura venezolana en una visita guiada a una exposición de arte.

Rosalina Cermeño, quien está a cargo de coordinar estos proyectos que incluyen distintos grupos de edad, señala que este tipo de actividades les ayuda a superar el desarraigo, y continuar con la rutina y sueños propios de su edad.

Cerca de un 40 por ciento de las 200.000 personas que han llegado a Venezuela buscando protección internacional, son menores de edad. Uno de los retos del ACNUR en Venezuela es procurar que estos jóvenes puedan dar continuidad a sus estudios, lo cual se les dificulta al no poder certificar sus notas.

Por Sandra Zárate y Ligimat Pérez
En Caracas, Venezuela

* Sus nombres ha sido cambiados.