Dadaab: Entre necesidades urgentes de ayuda y riesgos para la seguridad

La creciente inseguridad ha obligado las agencias humanitarias a reducir sus labores en los campamentos de Dadaab, pero los servicios de mayor urgencia no han sido suspendidos.

Ibrahim y su familia en Dadaab.  © ACNUR/S.Aguilar

DADAAB, Kenia, 28 de noviembre (ACNUR) – Ibrahim sostiene una radiografía de su fémur tomada cuando llegó al complejo de campamentos de refugiados de Dadaab, al noreste de Kenia. Cinco meses más tarde continúa sin poder caminar.

"Me caí de un automóvil en el trayecto a Kenia desde la región de Bay (al sur de Somalia)", explica a sus 31 años, sentado en la entrada de su carpa blanca en la tierra roja. "Cuando llegué a Dadaab fui al hospital, pero me fui porque temí que me amputaran la pierna".

Henok Ochalla, funcionario encargado de las actividades locales de ACNUR, lo reprendió por no usar muletas y pidió una ambulancia para llevar a este padre de seis hijos al hospital más cercano al campamento. "Si tan solo tuviéramos mayor presencia en los campamentos, podríamos evaluar la situación de las familias y tratar casos médicos como el de Ibrahim", comentó el funcionario.

Ochalla y sus colegas recorrían las tiendas de campaña en el campamento Ifo 2 de Dadaab, visitando las familias y recolectando información sobre las personas afectadas por las recientes inundaciones. Esta fue la primera vez en semanas que el personal de ACNUR pudo caminar relativamente libre entre los bloques de Ifo 2.

La creciente inseguridad, que incluye el reciente descubrimiento de dos artefactos explosivos improvisados y el secuestro de tres trabajadores humanitarios, ha forzado a las agencias humanitarias a reducir sus labores en Dadaab. La ayuda vital, tal como la distribución de alimentos, el transporte de agua y la ayuda médica urgente continúa, pero se suspendieron los servicios de menor urgencia.

"Balancear la ayuda humanitaria y definir un límite aceptable en cuanto a los riesgos que ponen en peligro la vida del personal en el terreno es todo un desafío para las agencias humanitarias", afirmó Dominik Bartsch, director de operaciones de ACNUR en Dadaab. A pesar de los recientes incidentes de seguridad, hemos trabajado intensamente para identificar una forma viable para mantener los servicios de urgencia, especialmente para los refugiados más vulnerables".

La creciente presencia de policías en Ifo 2 ha permitido a las agencias resumir gradualmente sus actividades en el campamento. La semana pasada se realizó una nueva perforación, se construyó un sistema de drenaje para prevenir inundaciones y se instaló un hospital temporario con 10 tiendas de campaña, a la vez que continúa la campaña de vacunación contra el sarampión.

Sin embargo, las inundaciones y las varias semanas de servicios reducidos han causado un grave efecto. Un brote de diarrea acuosa aguda, incluyendo algunos casos de cólera, ha afectado hasta la fecha a más de 360 refugiados en el campamento. Los síntomas de malnutrición se vuelven más visibles en niños, con al menos 300 refugiados que a diario se acercan al puesto de salud.

Mientras que el ACNUR y sus socios se esfuerzan para dar una respuesta en un espacio funcional que se reduce, los propios refugiados superan los desafíos diarios. Los profesionales entrenados tales como promotores de la salud, maestros y equipos para la paz y seguridad comunitaria aseguraron la continuidad de los servicios en estos momentos de incertidumbre.

El refugiado ugandés Walter ayudó a establecer la nueva escuela en Ifo 2, una tienda de campaña de ACNUR que acoge 1.000 estudiantes en 11 clases. Llegó a Dadaab cuando tenía 15 años, completó la educación secundaria y recibió su certificado de maestro. "Hemos trabajado todos los días porque era importante que los niños rindieran sus exámenes. Les fue difícil escapar de Somalia, les debemos el esfuerzo", comenta al recorrer la escuela que ayuda a mantener en funcionamiento.

Bartsch afirmó que "los refugiados contribuyen con sus comunidades y brindan un ambiente seguro en los campamentos y para los organismos humanitarios. Apoyamos completamente el invaluable trabajo que realizan a diario."

Debido a la frágil situación de seguridad en Dadaab y sus alrededores, esta asociación entre refugiados y organismos de ayuda continua siendo crucial para preservar un sentido de normalidad en los campamentos. Dadaab es el campamento de refugiados más grande del mundo, hogar de aproximadamente 460.000 refugiados, más de 150.000 de los cuales llegaron este año luego de huir de la sequía y el conflicto en Somalia.

Entretanto, Ibrahim no estaba completamente seguro de seguir la recomendación y consultar a un doctor. Quizá su pierna nunca se recupere luego de estos largos meses de inactividad, quizás algún día pueda cojear con la ayuda de muletas.

Por ahora se sienta y sonríe mientras un trabajador de ACNUR promete traerle un nuevo colchón la próxima semana, siempre y cuando nada se lo impida.

Por Sonia Aguilar en Dadaab, Kenia