ACNUR anima al Parlamento de Mongolia a adoptar la Convención de 1951

Los asistentes de los diputados mongoles asumen el papel de ACNUR, aprenden a proteger a los refugiados en el taller para familiarizarse con la Convención de Refugiados.

Asistentes ejecutivos de los miembros del Parlamento de Mongolia leen el "Manual para Parlamentarios sobre la Protección de los Refugiados" mientras deciden su posición negociadora durante un juego de rolesl en un taller de ACNUR.  © ACNUR/K.McKinsey

BAYANGOL VALLEY, Mongolia, 18 de abril (ACNUR) -- Las risas sacudían el centro de conferencias el pasado fin de semana mientras los negociadores del gobierno y de ACNUR se encontraban frente a frente para elaborar un acuerdo con el que poder ofrecer protección a 20.000 refugiados que acababan de huir de un levantamiento y habían llegado en masa al país.

Este escenario, que parece sacado de los titulares de un periódico, era sólo un juego de roles en un taller en el que participaron 66 asistentes ejecutivos de los miembros del Parlamento de Mongolia, el Gran Hural Estatal.

El objetivo del taller era familiarizarse con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, y también saber cómo se sienten los refugiados cuando tienen que huir para salvar sus vidas, y conocer cómo ACNUR y los países de todo el mundo protegen a los refugiados, a los solicitantes de asilo y a los desplazados internos.

"Esto es parte de la labor de ACNUR para construir alianzas en sectores clave de la sociedad de Mongolia para apoyar al gobierno y al parlamento en su propósito de adherirse a la Convención," declaró Nai Jit Lam, uno de los responsables de este curso, y el oficial de protección regional de la Oficina de ACNUR en Pekín.

El taller, celebrado en este valle azotado por el fuerte viento y situado a 30 km al oeste de la capital de Mongolia, Ulán Bator, fue cubierto por las dos principales cadenas de noticias de TV de Mongolia en horario de máxima audiencia en los telediarios del sábado por la noche.

A principios de la semana pasada, ACNUR organizó dos talleres, uno dirigido a profesores de la Facultad de Derecho de Ulán Bator y otro a responsables de organizaciones no gubernamentales-incluidos los grupos de defensa de los derechos humanos y los que luchan contra la trata de personas y la violencia doméstica -- como iniciación a la Convención de 1951 y a la historia de la Agencia de la ONU para los Refugiados.

"Este podría ser un año especialmente propicio para que Mongolia se adhiera a la Convención, ya que en 2011 ACNUR está celebrando el 60 aniversario de la Convención,"añadió Lam. "Mongolia atraería una considerable atención y apoyo internacional si la firmase en este año tan especial."

Durante juego de roles, en el que los asistentes ejecutivos de los parlamentarios tenían que negociar bajo una fuerte presión de tiempo y alcanzar un acuerdo para gestionar la llegada masiva de refugiados, se trataron problemas tan graves como el equilibrio entre la protección de los refugiados y la seguridad nacional, temas reales de preocución en Mongolia. Las demandas escandalosas y las consiguientes muestras de indignación de los participantes mientras fingían pertenecer al Consejo de Seguridad Nacional del ficticio "Gobierno B" o ser responsables de ACNUR, provocaban la risa general entre los asistentes.

"Naciones Unidas sólo nos ha prometido dinero, pero nosotros queremos que nos garantice la seguridad nacional," se quejaba el falso presidente del "País B" mientras informaba a todo grupo acerca del resultado de las negociaciones.

"Las Naciones Unidas no se comprometieron a entregar dinero", replicó el hombre que interpretaba el papel del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. "Tan sólo dijimos que podríamos compartir algunos de los costes."

El informe del segundo grupo durante el mismo ejercicio se convirtió en una improvisada rueda de prensa cuando algunos participantes espontáneos del público asistente empezaron a lanzar críticas.

"Usted antepone sus intereses económicos a sus obligaciones humanitarias," replicó un asistente ejecutivo al segundo "presidente" que había convertido el tema de la ayuda económica en una condición indispensable para ayudar a los refugiados. "Quieres convertir a estos refugiados en esclavos".

"Yo no los traje, simplemente vinieron,"dijo encogiéndose de hombros.

En la sesión de clausura del domingo, un participante, Myagmardash Batbayar, confesó: "Si nos hubieran hecho esta misma pregunta antes de ayer, probablemente hubiéramos dicho que no nos adheriríamos a la Convención, pero tras participar en este curso, hemos cambiado de opinión y ahora entendemos mejor la Convención."

Ante los aplausos y la ovación de sus colegas, la mayoría de los participantes, que tienen entre veinte y treinta años, afirmaron a los formadores de ACNUR: "Debemos ser capaces de extender nuestra hospitalidad a los refugiados y cuidarlos como sus padres."

Por Kitty McKinsey en Bayangol Valley, Mongolia