La hambruna obliga a una anciana somalí y a sus hijos a recorrer un largo camino en busca de comida

Cuando su ganado murió, Nuuriya, de 55 años, decidió huir de su aldea y buscar ayuda. Ella ahora está tratando de acostumbrarse a Galkayo, su nuevo hogar.

La abuela Nuuriya construye un nuevo hogar con cartón, ramas y cuerdas en Galkayo.  © ACNUR/T.Mukoya

GALKAYO, Somalia, 25 de Julio (ACNUR) -- Los ojos enrojecidos y hundidos y las cicatrices de sus pies dan testimonio del largo y arduo viaje emprendido por Nuuriya y que no puede quitarse de la cabeza.

La mujer de 55 años, nerviosa y claramente desorientada en su nuevo "hogar" esboza una media sonrisa mientras habla con los visitantes de ACNUR en el santuario de la ciudad de Galkayo, en el centro-norte de Somalia. Nuuriya, acompañada por sus cinco hijos y dos nietos, tardó un par de semanas en llegar a Galkayo desde su desértica aldea.

"Llegamos ayer a Galkayo desde nuestra aldea en Daafeed, en la región del Bajo Shabelle, donde éramos granjeros y teníamos ganado. La sequía fue empeorando pero decidimos esperar, confiando en que algún día las cosas cambiaran", dijo Nuuriya. "Pero a medida que nuestras esperanzas aumentaban nuestro ganado iba muriendo poco a poco, hasta que no quedó ningún animal. La poca comida que teníamos almacenada se agotó rápidamente . . . Así que tuvimos que marcharnos".

Esta viuda y su familia caminaron durante tres horas hasta la estación de autobús en la ciudad de Afgooye, a 30 kilómetros al oeste de la capital somalí, Mogadiscio. En la ruta, lograron subirse a un camión que transportaba bueyes a Galkayo, donde Nuuriya no conocía a nadie.

"No teníamos comida ni agua. Los pequeños no paraban de llorar pidiendo algo que echarse a la boca y dependíamos de la gente de bien para comer algo cada día", recuerda Nuuriya sobre este largo viaje de 600 kilómetros. "No teníamos mucho que transportar aparte de nuestra ropa, ropa de cama y unos pocos utensilios. Me siento muy indefensa porque ya no me queda nada".

Una vez que llegaron a Galkayo, la familia se dirigió al asentamiento Bulo Kontrol para personas desplazadas internas (IDPs por sus siglas en inglés). Se estima que ahora hay unos 60.000 desplazados internos residiendo en 21 asentamientos en Galkayo.

Nuuriya reconoció que estaba preocupada por su futuro. "No tengo una alternativa a esta vida; es todo lo que conozco" dijo. "Sé que debo ser fuerte y trabajar duro por mis hijos. Son todo lo que tengo".

La sequía que obligó a Nuuriya a huir de su hogar también ha afectado a las vidas de decenas de miles de compatriotas, muchos de los cuales han huido a las vecinas Kenia y Etiopía en las últimas semanas.

La ONU declaró a primeros de este mes la hambruna en las regiones de Bakool y Bajo Shabelle -- zona de donde es originaria Nuuriya -- al sur de Somalia. Esta es la primera vez en 19 años que el país es testigo de una hambruna.

Años de conflicto, la ausencia de lluvias y la consecuente subida de precios han dejado a 3 millones de personas en necesidad urgente de ayuda humanitaria. Muchas personas, como Maryan, una mujer de 65 años, han tenido que caminar cientos de kilómetros hasta llegar a zonas donde encontrar seguridad y comida.

Tras una sequía que casi acaba con su ganado, Maryan huyó a pie con sus siete hijos y dos nietos de su aldea en el distrito de Abudwak, en la región de Galgaud, en el centro de Somalia.

Tardaron dos meses en llegar a Galkayo e hicieron numerosas paradas por el camino, donde se iban alojando con familias de acogida. Ella y su familia viven ahora en un pequeño refugio improvisado en el asentamiento para desplazados internos de la ciudad de Halabokhad, a la espera de un respiro a su sufrimiento.

"Éramos criadores de ganado y teníamos casi 200 cabras y 70 camellos" dijo. "Mi familia y yo llegamos aquí hace tres meses con tan sólo cinco cabras y dos camellos, habíamos perdido el resto. O llegan las lluvias o todos moriremos".

El número de familias desplazadas por la sequía que está llegando a Galkayo desde el sur de Somalia ha estado aumentando en las últimas semanas. Sólo en junio han llegado unas 600 personas, según las cifras recopiladas por una red de socios de ACNUR. Muchas de estas personas acaban mendigando en las calles.

Grace Mungwe, Responsable de la oficina de ACNUR en Galkayo, dijo que muchas de las nuevas llegadas son mujeres y niños en condiciones físicas desesperadas. "Es imprescindible recibir apoyo para movilizar recursos y asistir a estas personas y a aquellas que ya están de camino hacia aquí", añadió.

ACNUR está intensificando la asistencia dentro de Somalia con una serie de distribuciones de ayuda en zonas del centro y el sur del país. Pese a los retos de acceso, los socios locales de la Agencia para los Refugiados han distribuido paquetes de ayuda a unas 100.000 personas en el centro y sur de Somalia, y está previsto distribuir más.

Décadas de conflicto y la actual sequía han llevado a casi 800.000 refugiados somalíes a buscar refugio fuera del país. Además, cerca de 1,5 millones de somalíes están desplazados dentro de su propio país.

Por Faith Kasina en Galkayo, Somalia