Aumenta la presión en los campos de Dadaab con las nuevas llegadas de refugiados somalíes

Mientras miles de refugiados somalíes ingresan a Kenya, la creciente presión sobre el extenso complejo de refugiados de Dadaab ha llevado a la violencia.

Somalíes recién llegados esperan para su registro en el campo de Dadaab.  © ACNUR/E.Hockstein

DADAAB, Kenia, 1 de Julio (ACNUR) -- Miles de refugiados somalíes siguen llegando a través de la frontera con Kenia. La presión está aumentando en el complejo de campos de Dadaab -- que actualmente están siendo ampliados -- y ha generado un estallido de violencia esta semana.

Los disturbios se produjeron cuando la policía keniana trató de dispersar a una multitud que protestaba contra el intento de demolición de unas estructuras ilegales situadas cerca de un punto de distribución de comida en el campo de Dagahley, en Dadaab. Se usó gas lacrimógeno y después se disparó munición real. Según nuestras informaciones, dos refugiados murieron y una docena resultaron heridos.

La situación de seguridad aún estaba siendo evaluada ayer por la tarde. "Lamentablemente, este incidente es síntoma de las presiones a las que está sometido el campo por el hacinamiento, que ha ido aumentado por el alto número de llegadas que se están registrando recientemente desde Somalia", declaró el portavoz de ACNUR, Adrian Edwards, el viernes.

Más de 61.000 somalíes han buscado refugio en Kenia desde el comienzo del año. El 6 de junio, ACNUR abrió tres centros de emergencia en Dadaab. Desde entonces, 27.000 recién llegados han contactado con los centros de recepción. La semana pasada, la población en los tres campos de Dadaab llegó a las 370.000 personas, lo que lo convierte en el campo de refugiados más grande del mundo.

Los recién llegados se dirigen a los tres nuevos centros de emergencia para ser registrados y sometidos a un chequeo. Unas 1.300 personas están llegando cada día, principalmente agricultores y pastores del Bajo Juba y la ciudad de Dhobley. Muchos han huido de sus casas por la grave sequía y la escasez de alimentos.

ACNUR está preocupado tanto por el hacinamiento en Dadaab como por la salud de los recién llegados. "Las condiciones físicas de estas personas son preocupantes. Muchas familias llevan días caminando, están agotados y necesitan de manera urgente comida, agua y ayuda en general" dijo Fafa Olivier Attidzah, jefe de la sub-oficina de ACNUR en Dadaab.

Uno de los recién llegados, Husane, de 69 años, dijo que su familia había tenido que caminar durante más de tres semanas desde su casa en Soko, al sur de Somalia -- donde no ha llovido en los últimos tres años -- hasta llegar a Kenia. "Otros están de camino porque allí no hay comida" dijo, añadiendo "he perdido todo mi ganado".

"Algunos de mis niños lloraban pidiendo comida, pero les decía que tuvieran paciencia. "Sigamos caminando", les decía, "llegaremos", declaró Mathina, su mujer.

ACNUR está trabajando con las autoridades de Kenia y con otras agencies de ayuda para responder a este nuevo flujo. La malnutrición es de las principales preocupaciones. A todas las personas que llegan se les distribuyen galletas energéticas. Además, tras su registro se les proporcionan más alimentos y otros materiales de ayuda.

Encontrar un espacio para los refugiados se está haciendo cada vez más difícil, y un gran número de ellos se están asentando fuera de los límites del campo. Todavía no se ha implementado una directiva reciente dirigida a las agencias gubernamentales que tiene como objetivo descongestionar los campos de Dadaab. Por otra parte, Ifo II, un nuevo espacio, está ya listo para recibir refugiados, pero aún no se ha concedido la autorización oficial para abrir el campo.

Actualmente más de 50.000 refugiados, la mayoría mujeres y niños, están viviendo en zonas no reguladas fuera del campo, algunas de las cuales son vulnerables a las inundaciones estacionales. Aunque ACNUR y sus socios están distribuyendo tiendas, letrinas y agua potable, muchos de los refugiados tienen acceso limitado a los servicios humanitarios.

Nuria, una viuda con seis niños, huyó a Dadaab con el dinero que le dio el imam de su aldea. "El viaje fue difícil. Cuando nos quedamos sin dinero ni comida tuvimos que pedir a la gente por el camino", dijo. Ella y sus hijos fueron atacados por bandidos que les robaron todas sus pertenencias.

Por su parte, Etiopía también ha experimentado un gran flujo también, ya que 55.000 refugiados somalíes han llegado al país desde comienzos del año. Más de un cuarto de los recién llegados (26%) presentan un estado de malnutrición, y entre los niños se observa una tasa más alta de lo habitual, con tres de cada cinco menores en esta situación. ACNUR ha puesto en marcha un programa nutricional dirigido a los niños menores de cinco años. Se necesita financiación urgente para tratar de hacer frente a esta situación.

Los dos campos que ya existen en el sureste de Etiopía, Bokolmanyo y Malkadida, que abrieron sus puertas en abril de 2009 y febrero de 2010 respectivamente, acogen a más de 70.000 refugiados y han alcanzado ya el límite de su capacidad. Para ofrecer protección y cobijo a los recién llegados, el pasado viernes se abrió un tercer campo en el sureste de Etiopía, en Kobe, situado a unos 50 kilómetros de la ciudad de Dollo Ado.

ACNUR ha trasladado a 7.500 refugiados somalíes desde el centro de tránsito de Dollo Ado hasta el campo de Kobe, con capacidad para 20.000 personas. Sin embargo, con la afluencia continuada, se está registrando un significativo hacinamiento en los centros de recepción y tránsito, y se prevé que Kobe alcance su capacidad máxima en cuestión de días. Las autoridades etíopes ya han asignado tierras para la construcción de un cuarto campo cerca de Kobe.

"Junto con nuestros socios estamos ampliando rápidamente las infraestructuras básicas, como los servicios de agua y saneamiento, un centro de salud y las instalaciones comunitarias básicas. También están previstas escuelas y otras instalaciones y servicios", dijo Adrian Edwards.

En la actualidad hay más de 750.000 refugiados somalíes viviendo en la región, la mayoría en la vecina Kenia (405.000), Yemen (187.000) y Etiopía (110.000). Además, 1,46 millones de personas están desplazadas dentro de Somalia.

Por Emmanuel Nyabera en Dadaab (Kenia) y Andrej Mahecic en Ginebra