Los jóvenes eritreos en Etiopía se enfrentan a un futuro incierto

Los jóvenes que huyen del servicio militar en Eritrea se sienten cada vez más frustrados por las condiciones de vida en los campamentos e intentan llegar a otros países mediante traficantes de personas.

Erika Feller, Asistente del Alto Comisionado, y el Representante de ACNUR Moses Okello, con un grupo de menores eritreos no acompañadas en el norte de Etiopía.  © ACNUR/K.Gebre Egziabher

SHIRE, Etiopía, 21 de Julio (ACNUR) – Mientras el mundo centra su atención en el fuerte impacto de la sequía del este de África, una crisis silenciosa se está gestando en un rincón remoto de Etiopía. Cientos de eritreos que llegan aquí cada mes cuentan que han huido del reclutamiento militar sin límite temporal y denuncian violaciones de derechos humanos en su país.

Durante una reciente visita al campo de refugiados eritreos en el norte de Etiopía, la Asistente del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Erika Feller, afirmó que estaba alarmada e impactada de ver "un mar de caras jóvenes" y "una juventud olvidada por tantas personas".

Además de un gran número de refugiados somalíes y sudaneses, Etiopía es también el hogar de más de 48.000 refugiados eritreos – la mayoría hombres jóvenes, solteros y con estudios-. Cada mes llegan entre 800 y 1.000 personas, entre ellos un número significativo de menores no acompañados. Algunos apenas tienen seis años, y los cuidan los niños más mayores del grupo.

La continua afluencia de estas personas altamente vulnerables supera con creces la capacidad de las instalaciones existentes. Erika Feller aseguró que los retos han alcanzado un nivel que "nunca había visto en mis largos años con ACNUR".

La Asistente del Alto Comisionado y su delegación visitaron los centros de registro el fin de semana pasado y hablaron con recién llegados a Endabaguna, a unos 20 kilómetros de la oficina de ACNUR, en la zona Shire, en el norte de Etiopía. Los refugiados que viven en los campos Maiaini y Adi-Harush le rogaron que diera a conocer al mundo sus problemas.

"Hemos pasado un cuarto de nuestra juventud en un servicio militar ilimitado en nuestro país, y otro cuarto en un campo de refugiados" dijo una representante de las mujeres. "¿Debería dejar ACNUR que nuestros hijos vegeten en un campo de refugiados como sus padres?

Erika Feller fue testigo de la frustración de unos jóvenes refugiados atrapados en una situación que amenaza con prolongarse. Los refugiados eritreos empezaron a llegar a Etiopía en el año 2000, lo que significa que los primeros que llegaron llevan más de una década viviendo en el campo.

"Se trata de jóvenes con futuro que no pueden predecir cuál será su futuro" dijo Feller. "Y aquí, la comunidad internacional debe ver el problema con imaginación e invertir en el futuro de estos jóvenes, no sólo en su cuidado y manutención".

Por el momento la repatriación voluntaria no es una opción para estos jóvenes, por lo que ACNUR ha estado usando el reasentamiento como la única solución duradera para los refugiados eritreos. Erika Feller explicó que las plazas de reasentamiento ofrecidas por los países son limitadas, pero les aseguró que ACNUR continuará abogando para incrementar las oportunidades de reasentamiento.

"La vida en un campo de refugiados es dura" dijo un niño de ocho años que había llegado al campo hace dos meses, añadiendo que "no encuentra muchos incentivos" para quedarse aquí durante mucho tiempo.

Frustrados por las dificultades de la vida en el campo y por las limitadas opciones para poder ganarse la vida de manera autosuficiente y acceder educación post-secundaria, miles de refugiados eritreos se están trasladando a países como Sudán y Egipto para dar el salto a Europa y Oriente Medio, un viaje a menudo peligroso y organizado por traficantes de personas.

Instando a una acción consolidada contra esta forma movimiento secundario, Erika Feller añadió que "la comunidad internacional debería ayudar a Etiopía y a las agencias internacionales como ACNUR para que puedan ofrecer una alternativa real a estas personas para que no pongan sus vidas en peligro de la mano de traficantes".

Por Kisut Gebre Egziabher en Shire, Etiopía