La ayuda de ACNUR en Mogadiscio marca una diferencia, pero aún no es suficiente

Somalis driven from home by life-threatening drought, like Kadija and her family, desperately need international help in and around volatile Mogadishu. [for translation]

Kadija y sus hijos descansan y reflexionan sobre su futuro en el asentamiento de Al Adala, en Mogadiscio. Huyeron a la ciudad después de que la sequía devastara su región de origen.  © ACNUR/F.Kasina

MOGADISCIO, Somalia, 18 de agosto (ACNUR) – Kadija está en shock. En las últimas dos semanas esta mujer somalí de 32 años ha perdido su fuente de subsistencia, ha huido de su hogar en el campo y ha terminado en un lúgubre asentamiento en una de las ciudades más peligrosas de la tierra.

"No tengo una casa y mis hijos no pueden salir y jugar porque tengo que estarlos vigilando a cada minuto" dijo al personal de ACNUR durante una distribución de ayuda el fin de semana pasado en el congestionado asentamiento de Al Adala, en Mogadiscio. "Ésta no es la vida que quise para mis hijos, pero aquí estoy. Tengo que creer que mejorará"

Al Adala – situado a tan sólo cinco minutos del aeropuerto internacional de Mogadiscio – surgió a comienzos de año a medida que decenas de miles de personas del centro y sur de Somalia fueron llegando a la capital en busca de asistencia y huyendo de la sequía, el hambre y los combates. El asentamiento espontáneo, uno de los muchos de Mogadiscio, es ahora hogar de más de 13.000 de estos desplazados internos.

Necesitan desesperadamente la ayuda internacional en un momento en que Somalia está padeciendo la peor sequía en más de medio siglo, agravada por un persistente conflicto. ACNUR ha organizado este mes tres puentes aéreos que han llevado más de 100 toneladas de artículos de ayuda para las personas que viven en Al Adala y otros asentamientos dentro y en los alrededores de Mogadiscio, donde se estima que más de medio millón de desplazados necesitan ayuda.

Kadija explicó la elección que la llevó a ella y a su familia desde el distrito de Diisnor hasta el noroeste de Mogadiscio. "Simplemente tuvimos que huir. Si nos hubiéramos quedado probablemente no estaríamos vivos" declaró. "Perdimos nuestras 40 vacas y nuestras tres hectáreas de tierra no produjeron cultivos de sorgo y maíz durante mucho tiempo. Las reservas de nuestros graneros fueron menguando hasta que ya no tuvimos nada que comer".

Fue difícil partir. "Diinsoor es el lugar donde yo nací, crecí y formé mi familia, así que fue duro marcharnos. Como no teníamos mucho dinero tuvimos que irnos a pie" explica Kadija, que partió junto a su marido y tres de sus hijos. Su hija mayor se quedó para cuidar de su abuela.

La familia tardó dos días en recorrer el trayecto hasta Baidoa, capital de la región de Bay y situada a unos 250 kilómetros al noroeste de Mogadiscio. En la ruta vieron a muchos niños morir de hambre. "Me dolía oír a mis propios hijos llorar por el hambre" recuerda. "Estaba más decidida que nunca a llegar a Mogadiscio, donde sabía que mis hijos tendrían una posibilidad de sobrevivir".

En Baidoa, Kadija y su familia lograron subirse a un camión que les llevó hasta Mogadiscio tras tres días de viaje y varios retos por el camino, entre ellos las negociaciones en los bloqueos de carretera levantados por milicianos armados.

Mogadiscio también está lleno de hombres armados, entre ellos jóvenes que circulan en camionetas con armamento pesado en la parte trasera. Hombres en uniforme militar, con cinturones de municiones alrededor de sus delgados cuerpos, patrullaban las calles alrededor del aeropuerto y Al Adala ,en el momento en que ACNUR estaba distribuyendo la ayuda humanitaria enviada por vía aérea.

Aparecieron en el último momento, empuñando sus armas, como si esperaran que algo malo sucediera. Aparentemente ajenos a la tensión, jóvenes muchachos somalíes jugaban y las mujeres vendían comida y verdura en pequeñas tiendas, intentando seguir con sus vidas en una ciudad que lleva sumida en la violencia desde 1991.

En Al Adala hay tanta gente que es difícil abrirse paso entre las miseria, las chozas improvisadas con palos, trapos y cartones que los desplazados denominan hogar. Muchos provienen de zonas afectadas por la hambruna, como Gedo o Medio y Bajo Shabelle. Los llantos de los niños recuerdan constantemente el drama de vida y muerte que está teniendo lugar en Somalia.

La mayoría de estos niños llevan días sin ingerir una comida apropiada. Algunos yacen sin poder hacer nada junto a sus madres, luchando por sobrevivir a la malnutrición o al sarampión. Los niños más mayores, los más fuertes, rondan sus tiendas esperando a que acabe el día para dormir y poder así huir de este infierno durante unas horas.

El material enviado por ACNUR, que incluye 30.000 paquetes de ayuda de emergencia, contribuirá a aliviar esta miseria para algunas de estas personas, pero se necesita mucha más ayuda para prevenir más muertes.

"La ayuda que estamos llevando aún no es suficiente, pero poco a poco estamos marcando una diferencia" declaró Bruno Geddo, Representante de ACNUR en Somalia. "Lo más importante es aliviar el hambre que ha paralizado este país llevando tanta ayuda de emergencia como sea posible".

Por Faith Kasina en Mogadiscio, Somalia