Las becas DAFI abren una puerta a chicas armenias en Moldavia

Asmic y Nora eran unos bebés cuando ACNUR lanzó su programa de becas DAFI para ayudar a los refugiados a acceder a la educación superior.

Asmic Sargsyan, nacida en Armenia, estudia con un ordenador. Recibió una beca DAFI para estudiar tecnología farmacéutica en Moldavia.  © ACNUR/J.McConnico

CHISINAU, República de Moldavia, 4 de abril (ACNUR) – Asmic Sargsyan y Nora Manvelean eran unos bebés cuando la Agencia de la ONU para los Refugiados lanzó su programa de becas DAFI para ayudar a los refugiados más brillantes a acceder a la educación superior y que tuvieran así mayores oportunidades de futuro.

Eso fue hace 20 años. Hoy, estas jóvenes armenias son dos de los tres primeros refugiados que estudian en Moldavia gracias a la Iniciativa Académica Alemana para Refugiados Albert Einstein, conocida como DAFI. El programa, financiado por Alemania, fue puesto en marcha en 1992 para fomentar la autonomía de los refugiados y que mejoraran sus posibilidades de encontrar soluciones duraderas. Más de 6.000 refugiados se han beneficiado hasta ahora de él.

"DAFI ha cambiado positivamente mi vida. Todos mis miedos desaparecieron cuando tuve la oportunidad de estudiar lo que quería" dice Manvelean, que está cursando la carrera de Derecho en la Universidad Internacional Libre de Moldavia y que espera contribuir al desarrollo de su país en el futuro.

"Ahora no me tengo que preocupar por los costes porque están totalmente cubiertos" añade la joven de 25 años, que huyó junto a sus padres de Artashat, en Armenia, en 1992 debido a la persecución religiosa.

Dice que gracias a la beca DAFI no ha tenido que irse fuera o trabajar para pagarse la matrícula de la universidad y, en cambio, ha podido pasar su tiempo libre "practicando danzas orientales y tocando el piano con mi madre".

Después de llegar a Moldavia en 1997, Manvelean, sus padres y dos parientes, se enfrentaron a muchos retos en el país más pobre de Europa, entre ellos el buscar alojamiento y trabajo. Pero su padre encontró trabajo temporalmente y su madre, una pianista de formación clásica, empezó a dar clases privadas de piano.

En el colegio Manvelean sobresalía académicamente y se dio cuenta pronto de que quería estudiar Derecho para poder defender y asesorar a las personas más vulnerables y necesitadas. Pero el destino cruel intervino cuando su padre, el cabeza de familia, enfermó y murió.

"Mi sueño quedó en suspenso porque "me di cuenta de que mi familia ya no podía permitírselo" afirma Manvelean. "Por lo tanto, decidí que después del instituto encontraría algún trabajo no cualificado y ahorraría dinero para mis futuros estudios". Pero eso suponía una gran presión para su familia, ya que necesitaban los ingresos de Manvelean.

Entonces oyó hablar del programa DAFI y solicitó con éxito una beca, que recibió el año pasado, cuando empezaba su curso. Ahora, Manvelean espera conseguir apoyo para los cuatro años de estudios que tiene por delante. Mientras tanto, dice que tiene "otro sueño: contribuir al desarrollo del país donde vivo…como una abogada cualificada y con capacidad para las políticas públicas".

Sargsyan recibió la beca DAFI en 2010, lo que la permitió empezar su carrera de cuatro años en tecnología farmacéutica en la Universidad Internacional Libre de Moldavia. "En dos años obtendré el título de químico, una profesión muy demandada aquí en Moldavia" dice.

"Mi estatus de refugiada me impedía acceder a becas del Estado, por lo tanto no podía contar con apoyo para mis estudios universitarios" dice Sargsyan, cuya familia llegó a Moldavia desde Armenia en 2002.

"DAFI me ha dado esta oportunidad y me ha abierto la puerta a un futuro mejor" dice la joven. Con un título tendrá algunaventaja más para abrirse camino en este país con una situación económica complicada.

Ambas beneficiarias de becas DAFI dicen que no quieren volver a su país, que prefieren construir su futuro en Moldavia. Sargsyan logró la nacionalidad moldava el año pasado y Manvelean la ha solicitado. La iniciativa DAFI ofrece una oportunidad a los jóvenes refugiados de establecerse por sí mismos en un nuevo país.

"Las becas DAFI están dando a los refugiados universitarios en Moldavia la asistencia que necesitan para estudiar y ofrecer así apoyo a sus familias" dice Peter Kessler, Representante de ACNUR en Moldavia.

Unos 1.700 alumnos están actualmente estudiando con becas DAFI en 38 países en todo el mundo.

Por Evghenia Stupak en Chisinau, República de Moldavia