Libios desplazados regresan para reconstruir el país, pero enfrentan dificultades

Más del 70 por ciento de las personas han regresado a Sirte desde que la ciudad costera fue atacada y capturada el año pasado. Pero muchas personas siguen desplazados y con necesidad de protección.

Una casa seriamente dañada en la Zona 2 de Sirte. Miles de personas permanecen desplazadas en la ciudad costera, que sufrió más daños materiales que cualquier otra ciudad en Libia el año pasado.  © ACNUR/L.Dobbs

SIRTE, Libia, 16 de abril (ACNUR) – Ali señala un edificio de viviendas que parece una tajada de queso suizo, lleno de agujeros por los disparos de artillería, y dice que se siente afortunado de por lo menos poder quedarse en su departamento, cerca de ahí, aunque dañado. "El departamento de arriba del mío fue golpeado por un bombardero", dijo al ACNUR, agregando que dos de sus habitaciones habían sido afectadas y él necesitaría gastar entre 5.000 y 6.000 dinares libios ( US$ 4.000 a US$ 4.800) para reparar el daño.

Ali, de 33 años de edad, administrador de la Universidad de Sirte, también está contento simplemente por estar vivo. "Un amigo murió justo delante mío en aquella esquina. Una bomba le explotó al lado", dijo, recordando el ataque a Sirte en septiembre y octubre pasados, que obligó a decenas de miles de personas a huir de la ciudad natal de Muamar Gadafi.

Casi 60.000, o más del 70 por ciento de los desplazados han regresado desde el asesinato del líder libio aquí, el 20 de octubre. "Comenzó un retorno bastante gradual y luego se aceleró", dijo el trabajador humanitario Wouter Takkengerg.

"De muchos modos, Sirte casi ha vuelto a la normalidad". Entre los edificios con marcas de batalla, las calles están llenas de autos y gente, los negocios y los restaurantes realizan sus comercios y la reconstrucción ha comenzado. Los suministros de agua y electricidad están funcionando otra vez en la mayoría de las áreas.

Pero las necesidades de los que regresan y de las personas todavía desplazadas en la ciudad costera todavía son enormes y en esto se concentran los esfuerzos de organizaciones como el ACNUR y sus socios. Muchos de los que retornaron encontraron sus hogares destruidos o, como Ali, dañados y con necesitad de reparación.

Unos 20.000 residentes permanecen desplazados, sin poder regresar a sus hogares en una ciudad que probablemente sufrió más daños materiales que ninguna otra en Libia el año pasado. Casi 75.000 personas permanecen desplazadas internamente en Libia, la mayoría en Misrata y Sirte, así como en Tawergha y la zona de las montañas Nafousa.

Takkenberg, quien pasó varios meses en Sirte con ACTED, un socio implementador de ACNUR, dijo que en Sirte, "existe un gran número de personas que siguen viviendo junto con familias de acogida". Dijo que necesitaban comida y otra ayuda no alimentaria, "especialmente porque los precios han subido en Sirte".

Y hay también peligros, incluyendo artillería sin detonar y la inseguridad persistente. Aparte de distribuir alimentos y ayuda a decenas de miles de personas, ACTED ha ayudado a evaluar la condición de cientos de construcciones, mientras el Grupo Asesor de Minas ofrece educación de riesgo a alumnos de escuelas que recién se han reabierto.

"Existe una gran cantidad de artefactos explosivos sin detonar por toda la ciudad. Es un gran problema", dijo Takkenberg, agregando que esto afectaba a las escuelas y a los programas de medios de vida. El ACNUR, por su parte, vigila regularmente las necesidades de protección y ha brindado asistencia a los desplazados internos en Sirte y en otras partes de Libia.

Ali, que pasó tres semanas escondido en un sótano antes de huir a la ciudad de Zlitan en octubre para escapar de los bombardeos, dijo que sus principales preocupaciones eran la seguridad y el dinero. Continúa trabajando, pero recibe pagos irregulares, "es sólo por el tema de los salarios, si no podría sobrevivir", él explicó.

Muchos otros mencionaban las finanzas como principal preocupación, especialmente cuando recién regresaron a Sirte y encontraron el sistema bancario hecho trizas. "No había liquidez en la ciudad . . . en ese punto existía una inmensa necesidad entre toda la población", dijo Takkenberg, agregando que la situación estaba mejorando y "la economía está volviendo a la vida nuevamente".

Mohamed, de 35 años de edad, empleado estatal como muchos libios, también estaba preocupado por la inseguridad y el dinero. Dijo que había recibido un pago retroactivo de las autoridades temporarias pero no pudo trabajar con normalidad. "Solamente los maestros y los médicos están trabajando a tiempo completo", dijo.

Mohamed había apresurado a su esposa y sus dos hijos dentro de su auto durante un ataque aéreo de la OTAN en septiembre, luego se alejaron manejando desde su bloque de departamentos en la seriamente dañada Zona 2 de Sirte. Se quedaron con parientes en un pueblo al este de la ciudad.

Cuando ellos volvieron en noviembre, Mohamed encontró que faltaban muchas de sus pertenencias, incluyendo una computadora y la televisión. Pero eso no fue el importante. "Estaba realmente preocupado porque estaba pensando que toda Sirte había sido destruida. Pero, gracias a dios, encontré mi departamento en buenas condiciones", dijo Mohamed.

Al-Sharef, de 55 años de edad, miembro del clan extendido de Gadafi, no tuvo suerte. Su casa alquilada al borde de la Zona 2 fue seriamente dañada, por eso él ahora está viviendo con su familia en un suburbio de Sirte.

Él, su esposa e hijos viven en uno de los grupos de cabañas alquiladas por las familias desplazadas. A pesar de la conexión tribal, ellos son claramente una familia pobre, aunque hospitalaria. Al-Sharef gana 250 dinares al mes como celador en una obra en construcción, pero el pago es irregular y el alquiler cuesta 170 dinares. También tiene que pagar el agua que es traída por un camión, pero conectó una línea a la red central eléctrica.

Luego está el costo del transporte para sus cinco hijos que están en la escuela – 100 dinares mensuales en total. "Necesitamos ayuda para todo, empezando por el dinero, vivienda y alojamiento", Al-Sharef le dijo al ACNUR. De tanto en tanto las ONG traen alimentos, dice, agregando que la familia recibió asistencia médica gratuita.

ACTED, que trabaja junto con el Programa Mundial de Alimentos, la Media Luna Roja Libia y organizaciones locales de ayuda, ha estado repartiendo alimentos a 10.800 familias.

ACNUR ha proporcionado artículos de ayuda a los desplazados internos en todo el país. Solamente en el 2011, la agencia distribuyó artículos no alimentarios a más de 140.000 personas y evaluó los daños en 9.941 hogares. En colaboración con sus socios, el ACNUR coordinó la asistencia en los asentamientos de desplazados internos a lo largo y ancho del país, ayudando a identificar brechas de protección. En consulta con UNICEF y LibAid, ACNUR está trabajando en una encuesta sobre el acceso a la educación de los desplazados internos.

Mientras tanto, ninguno de los entrevistados por el ACNUR se quejó por las retribuciones. "De mi punto de vista, son las misma que antes", Al-Sharef dijo, agregando: "La mayoría de mis familiares volvieron sin problemas". Los residentes de otros pueblos partidarios de Gadafi, al norte, han sido desplazados.

"Creo en el futuro, que va a ser mejor, y soy paciente", Al-Sharef subrayó. Al otro lado del pueblo, Ali se despidió y se dirigió hacia la playa. "Me voy a pescar, para hacer algo de dinero y comer. Lo hago dos o tres veces por semana, dependiendo de mis obligaciones universitarias, reveló.

Por Leo Dobbs en Sirte, Libia