Ayudando a refugiados por medio del respeto y la colaboración con sus anfitriones

La llegada de miles de refugiados malienses inicialmente se encontró con reacciones mixtas, pero las relaciones han mejorado gracias a los líderes y la ayuda a las comunidades de acogida.

Mustapha (a la izquierda, vistiendo pantalones jeans) visita Sag-nioniogo junto con el jefe Maurice. Es la segunda vez que Mustapha ha sido refugiado en esta aldea donde pasó cuatro años de su niñez y aprendió el idioma local. Aquí, él se siente como en familia.  © ACNUR/H.Reichenberger

SAG-NIONIOGO, Burkina Faso, 8 de enero (ACNUR) – El jefe comunitario Maurice ha tenido que interrumpir su trabajo de velar por los intereses de 10.000 residentes de Sag-Nioniogo en su mejor momento. Desde el pasado mes de octubre ha tenido que lidiar con la llegada inesperada de cientos de refugiados del vecino país de Mali.

Es un testimonio de su liderazgo y sus habilidades diplomáticas que las dos comunidades que viven en esta aldea, ubicada en las afueras de Uagadugú, capital de Burkina Faso, coexistan pacíficamente. Cuando le preguntamos como ha cambiado la vida in Sag-nioniogo desde que comenzó el influjo de refugiados, respondió que "una nación sin extranjeros, no es una nación".

Es alentador escuchar opiniones como estas expresadas por un líder comunitario de la influencia de Maurice; no obstante, quedan aún muchos desafíos por delante, tales como la creciente presión por conseguir los recursos en un área impactada por la sequía y la inseguridad alimentaria. Se necesita además ayudar a la comunidad anfitriona para evitar resentimientos.

Maurice es un pequeño agricultor que comienza el día atendiendo su ganado y sus cultivos antes de encargarse de sus labores como jefe. En los últimos tres meses estas labores también han incluido la visita diaria al campo de refugiados establecido por el ACNUR y ubicado en tierras que generalmente son cultivadas por su gente. Como parte de sus labores, Maurice se pone al tanto de las últimas noticias y de los temas que afectan ambas comunidades, incluyendo potenciales motivos de fricción.

Los recién llegados forman parte de los cientos de miles de personas que huyen de la violencia y de la estricta ley islámica en el norte de Mali desde enero del año pasado, cuando iniciaron los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales malienses y el grupo rebelde étnico tuareg. De ellos, 38.000 huyeron a Burkina Faso, incluyendo 2.700 personas en el campo de refugiados de Sag-nioniogo donde el ACNUR y sus socios han proporcionado alojamiento, comida y han apoyado la escuela local y al centro de salud.

En un inicio la llegada de los refugiados despertó reacciones diversas en Sag-nioniogo, donde algunos de sus habitantes cedieron sus tierras para que el campo de refugiados pudiera ser establecido. Los residentes del área también se indignaron cuando un grupo de refugiados montaron sus tiendas en un sitio considerado sagrado.

Otros sencillamente sintieron resentimiento por la atención brindada a los recién llegados. "No resulta fácil ver los carros de la ONU llegar rápidamente para distribuir alimentos a los malienses mientras nosotros continuamos pobres y hambrientos", reconoció un habitante de Sag-nioniogo.

Pero el ACNUR y sus socios, con la ayuda de personas como Maurice y otros líderes comunitarios refugiados han podido enfrentar estos problemas por medio de la mediación integral y sesiones de concientización sobre los refugiados y temas de sensibilidad cultural.

Además, algunos refugiados como Mustapha de 30 años de edad, han estado aquí antes y han hecho amistades en Burkina Faso durante crisis de desplazamientos anteriores. Ellos ayudaron a construir puentes entre las dos comunidades.

Mustapha es un tuareg que escapó a Burkina Faso con su esposa y dos hijos hace un año procediendo de la región de Gao, en Mali. Junto con sus dos burros, Mustapha y su familia viajaron a Sag-nioniogo, 18 años después de haber huido a la aldea por primera vez. El vivió cuatro años aquí y aprendió hablar mooré, que es una lengua tonal local.

Maurice recuerda bien a Mustapha: "La primera vez que vino a Burkina Faso era solo un niño", dijo, agregando: "Me dio mucho gusto saber de él nuevamente". Su conocimiento del idioma ayuda al entendimiento entre las comunidades.

Así mismo, la agencia de la ONU para los refugiados y sus socios están tomando medidas adicionales en todo Burkina Faso para prevenir posibles problemas y afianzar las relaciones de buena vecindad. "El ACNUR ha planeado su gestión de forma tal que estimule la convivencia pacífica entre los refugiados y la población local", recalcó Ibrahima Coly, representante del ACNUR en Burkina Faso.

Para empezar, los más vulnerables entre la población local han recibido asistencia material y también acceso a servicios básicos tales como educación y salud pública. En algunas áreas el ACNUR ayudó a restaurar las escuelas en las aldeas para que los refugiados y los niños de la localidad puedan usarlas.

En el recién inaugurado campamento de Goudebou cerca de la ciudad de Dori, 554 refugiados asisten a la escuela primaria junto a 22 niños de la localidad. El ACNUR y su socio Plan Burkina Faso han comenzado a construir 24 aulas de clase que serán accesibles tanto para los refugiados de Mali como para la comunidad local. En ellas, los estudiantes aprenden una combinación de historia de Mali y Burkina Faso, lo cual los ayuda a entenderse mejor.

La población local vulnerable también se beneficia de los programas de salud establecidos para asistir a los refugiados. En la clínica de salud operada por el ACNUR y por Médecins du Monde-Francia (MDM-F) en el campo de Mentao en la provincia Soum, más de la mitad de los que asisten para consultas son de la comunidad local.

Aboubacar Mahamadou funcionario asociado de salud pública del ACNUR añadió que la clínica esta atendiendo a los locales que presentan problemas tales como malaria, enfermedades respiratorias y diarrea. El doctor agregó que el ACNUR y sus socios; Médecins Sans Frontières (MSF), MDM España y MDM Francia también divulgan campañas de concientización dirigidas a la población sobre temas como el cólera y la necesidad de una buena higiene y saneamiento en Burkina Faso.

Estos socios también están apoyando los puestos de atención primaria de salud en varios campamentos de refugiados y eso también ha beneficiado a la población local. Todas estas medidas han ayudado a aliviar tensión entre los refugiados y sus anfitriones.

Por Hugo Reichenberger en Sag-nioniogo, Burkina Faso

Gracias al Voluntario en Línea Michael Lima por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.