Escuelas chinas ofrecen educación primaria a los refugiados

En un importante avance, cinco provincias en China han ofrecido a los niños refugiados la posibilidad de asistir a la escuela primaria.

Sammy (segundo a la izquierda) asiste a una clase de urdu-inglés impartida por voluntarios paquistaníes ahmadíes, en la ciudad de Sanhe.  © ACNUR/V.Tan

SANHE, China, 22 de noviembre (ACNUR) – Se trata de un inusual centro de "bachillerato", encaramado en una planta 26 sobre la ciudad de Sanhe, en la provincia de Hebei, China. Mientras el profesor escribe en la pizarra, sus seis estudiantes toman cumplidamente nota en sus cuadernos.

Los estudiantes son refugiados de la comunidad ahmadía, una minoría religiosa de Paquistán. Cuatro días a la semana asisten a estas clases informales en el apartamento alquilado de una de las familias refugiadas. Dos adultos voluntarios, también refugiados, trabajan como profesores en materias que van desde el urdu al inglés, pasando por las matemáticas. Los fines de semana, ellos pueden descansar cuando estudiantes chinos y coreanos vienen para impartir clases de chino.

El deseo de aprender es fuerte, pero hasta hace poco, estas clases no regladas eran la única educación que los refugiados podían obtener.

En positivo avance, el pasado noviembre, el gobierno chino anunció que los hijos de los refugiados de cinco provincias, podrían asistir a escuelas públicas para cursar primaria en las mismas condiciones que los niños locales. Desde entonces, ACNUR ha estado negociando con las escuelas locales para que acepten a los estudiantes refugiados.

Sammy*, de 13 años, es uno de los afortunados. Pero no siempre fue así. Nació en la localidad paquistaní de Lahore y tuvo que enfrentarse a la discriminación por sus creencias religiosas. "Mi profesor me creaba problemas sin razón alguna. Me castigaba y me bajaba las notas", recuerda. "Los niños no querían jugar con nosotros, nos hacían daño".

En el año 2010, debido a un ataque a las mezquitas ahmadíes de Lahore y a las amenazas contra la comunidad, Sammy debió huir a China con su madre y sus tres hermanos. Solicitaron asilo en las oficinas del ACNUR en Beijing y allí fueron reconocidos como refugiados.

Hoy la familia vive en la ciudad de Sanhe, muy cerca de otras tres familias ahmadíes refugiadas.

La comunidad está estrechamente unida y bien organizada. Imparten clases por las mañanas y practican deporte por las tardes, así pasan el tiempo, mientras encuentran solución a sus dificultades.

Están orgullosos de la admisión de Sammy en la escuela china y le animan a que continúe a pesar de los problemas iniciales.

Con 13 años, Sammy es uno de los alumnos mayores de su clase, donde la media tiene ocho años. Su asignatura preferida es el inglés, aunque piensa que el nivel es demasiado fácil. El resto de las clases se imparte en chino, lengua que él habla y entiende de manera limitada, pero que aún no puede leer ni escribir. "Mis compañeros son simpáticos pero no hablamos mucho. Suelo sentarme solo durante ocho horas al día. Estoy bastante solo", dice.

"Es la primera vez que la escuela acepta a estudiantes extranjeros", señala Li Beibei, encargada de servicios comunitarios de ACNUR. "Sé que es difícil comunicarte ahora, pero trata de practicar y mejorarás. El chino es una lengua difícil pero si comienzas a estudiarla desde joven, recordarás muchas cosas. Te será muy útil en el futuro".

Su profesor Zafar* añade que si quiere conseguir su sueño de convertirse en científico, va a necesitar una educación reglada y certificados de estudios.

La carga es pesada, para los delgados hombros de Sammy, ya que la comunidad espera de él que sea un ejemplo para los muchachos más jóvenes. Zafar y su familia se mudaron recientemente de Beijing, y él espera que sus dos hijos pronto puedan ir a la escuela junto a Sammy. Si finalmente son admitidos, pasarán a formar parte del puñado de estudiantes refugiados que actualmente están matriculados en las escuelas primarias chinas.

Existen unos 500 refugiados y solicitantes de asilo que viven en zonas urbanas en la China continental, así como unos 350.000 refugiados vietnamitas que llegaron a finales de los 70 y que ahora se encuentran perfectamente integrados en la sociedad china.

*Los nombres han sido cambiados por razones de seguridad.

Por Vivian Tan, en la provincia de Hebei, China

Gracias a la Voluntaria en Línea Laura Salguero por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.