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Una oleada de violencia sorprende a los habitantes del norte de Siria

Historias

Una oleada de violencia sorprende a los habitantes del norte de Siria

Faysal se encuentra entre las más de 170.000 personas que huyeron a Turquía para escapar de la violencia renovada en el norte de Siria, pero teme por la familia que aún cruza la frontera.
8 Octubre 2014 Disponible también en:
Faysal hace señas a sus parientes, que esperan para pasar de Turquía a Siria.

SURUC, Turquía, 8 de octubre de 2014 (ACNUR) – Faysal pensaba que el conflicto que desde marzo de 2011 asola a Siria nunca iba a llegar al norte, donde se encuentra su casa. Por eso le pilló de sorpresa la oleada de violencia que se abate la ciudad de Kobani (en árabe Ayn al-Arab).

Faysal es empleado público y tiene 35 años. En las noticias de la televisión él y su esposa, que es maestra, habían visto decenas de veces con gran tristeza el éxodo de habitantes de otras partes de Siria hacia los países limítrofes. Pero por alguna razón en esa aldea cercana a la frontera con Turquía el matrimonio y sus tres hijos se sentían seguros.

Todo cambió a mediados de septiembre, cuando los combatientes del grupo ISIS lanzaron una gran ofensiva para conquistar Kobani. Aunque hacía varios meses que el ISIS venía atacando la zona, poblada en su mayoría por kurdos, esta vez era muy diferente: los atacantes utilizaban tanques y artillería, además de armas ligeras, recuerda Faysal.

Protegida por la oscuridad de la noche, la familia, incluido el abuelo de 90 años casi inconsciente, huyó hacia la frontera turca tratando de evitar los campos minados. En un momento dado uno de sus hijos se paró y se puso a llorar. "Papá, ¿cómo sabemos que uno de nosotros no pisará una mina?", preguntaba.

En la frontera la familia se sumó a las decenas de miles de kurdos sirios que luchaban por salir del país. Era el mayor éxodo hacia Turquía desde que estalló el conflicto. Según datos oficiales de Ankara, en tres años y medio más de 170.000 personas han ingresado en Turquía por ese tramo fronterizo. Mientras tanto, el ISIS comenzaba a disputarse el control de Kobani, enfrentándose con las fuerzas kurdas por las calles.

Al llegar como refugiado al distrito rural de Suruc, en el sur de Turquía, y encontrarse con todos aquellos a los que había visto huir por televisión, Faysal no pudo contener las lágrimas. Si no hubiera sido por sus hijos, le dijo a ACNUR, habría vuelto a Siria para morir defendiendo su tierra.

Ahora toda la familia vive en una sola tienda cerca de la escuela pública transformada en refugio provisional. El edificio acoge a unas 1.000 personas que han escapado para salvarse de los militantes del ISIS y que reciben asistencia tanto del gobierno turco como de ACNUR y otras agencias.

Faysal ha logrado reunirse con una hermana, un hermano (herido recientemente combatiendo contra el ISIS), una cuñada y varios sobrinos.

Todos los días Faysal les cuenta a los hijos que al día siguiente podrán volver a casa, pero al día siguiente todo sigue igual. Cuando ACNUR lo entrevistó, su madre y su hermano todavía estaban del lado sirio. Faysal los llamaba a diario con el móvil e incluso regresó a Siria para traerlos, pero no logró atravesar la línea de fuego.

Desde la colina que domina Kobani, Faysal se esforzaba, como tantos otros, por divisar su casa en el aire polvoriento de la tarde. "Imagine cómo me siento viendo que mi casa está tan cerca, que mi madre, mis hermanos, el mejor amigo de mi infancia están allí y que no logro alcanzarlos", decía. Jamás se le había ocurrido que se convertiría en un refugiado.

Zahra Mackaoui desde Suruc, Turquía