Tifón Haiyan: Pueblo indígena busca romper el ciclo del desplazamiento

Jahina Lugasan ha sido desplazada dos veces en su vida, más recientemente por el tifón Haiyan. Este es un legado que ella no quiere transmitir a su nieta.

Las lámparas solares de ACNUR iluminan las noches en el pueblo bajau, aún sin electricidad.  © ACNUR/J.Morden

ISABEL, Filipinas, 4 de febrero (ACNUR) – A los 85 años, Jahina Lugasan no sabe dónde está su casa. Su vida se ha visto marcada por una serie de desplazamientos debido a los conflictos y desastres naturales y, a no ser que se haga algo al respecto, los nietos de Jahina podrían heredar este desafortunado legado.

Jahina y su marido pertenecen al pueblo indígena bajau del sur de Filipinas, en donde el conflicto armado se extiende desde hace décadas. En 1987, huyeron a Isabel (zona occidental de la provincia de Leyte) en busca de una vida más tranquila para sus seis hijos. Construyeron una casa nueva en el pueblo costero de Marvel con el permiso del propietario, un político local.

Con el paso de los años se integraron en su nuevo pueblo y comenzaron a hablar el idioma local.

Pero el desastre golpeó de nuevo el 8 de noviembre del año pasado cuando el tifón Haiyan envió una marejada ciclónica de más de 5 metros que barrió la costa. Jahina volvió a quedarse sin hogar. Esta vez, incluso sus nietos se quedaron a la deriva.

"Nos escondimos en una iglesia cercana, tuvimos suerte de escapar de la ira del tifón. Nuestra casa y pertenencias no tuvieron tanta", dijo.

Tras el tifón, la familia de Jahina se marchó de la iglesia para encontrar su hogar destruido para siempre. El propietario del terreno les prohibió volver y reconstruir su casa, debido a una nueva norma del gobierno sobre las "zonas de no construcción". La norma prohíbe la construcción de viviendas a menos de 40 metros de la costa para minimizar el impacto de futuros desastres.

En total, cerca de 300 bajau se convirtieron en desplazados en la zona, llegando a sufrir las consecuencias del desplazamiento forzado en distintas ocasiones, primero por causa del conflicto y ahora por el tifón. La débil y traumatizada Jahina ayudó a otros bajau a recoger escombros, palmeras y trozos de bambú arrastrados por las olas devastadoras. Con estos materiales, pudieron levantar refugios sobre pilotes a lo largo de la costa.

"¿Queremos vivir justo encima del agua? No. ¿Pero qué otra opción tenemos?" dijo Jahina expresando su miedo por la seguridad de su familia cuando tenga lugar otro tifón.

De momento, unas lonas de plástico que la agencia de la ONU para los refugiados les proporcionó ayudan a mantener a la familia seca y una lámpara solar ilumina sus noches sin dormir. Hasta la fecha, ACNUR ha llegado hasta cerca de medio millón de supervivientes del tifón Haiyan y les ha proporcionado suministros vitales entre los que se incluyen 45 000 láminas de plástico y 10.000 lámparas solares. ACNUR continúa asistiendo a los supervivientes más vulnerables del tifón, en particular a los indígenas como los bajau.

"Lo que queremos es nuestra propia tierra en Isabel para poder construir nuestros hogares. No importa si somos pobres, mientras tengamos un hogar permanente que sea seguro ante futuros tifones seremos felices", dijo Jahina, una de las primeras bajau en instalarse en el pueblo.

La pesca es la principal fuente de sustento entre los bajau, por lo que han pedido a las autoridades locales que les adjudiquen terrenos seguros ante los efectos de tormentas fuertes pero que no estén lejos de la costa.

Esta comunidad indígena de Isabel es parte de los más de cuatro millones de desplazados por el tifón Haiyan en Filipinas. A pesar de que más de 20 tifones amenazan las más de 7.000 islas de Filipinas cada año, no existen leyes nacionales que defiendan el bienestar de los desplazados por culpa de los tifones, por otros desastres naturales, por los conflictos armados o, a menudo (como es el caso de los bajau de Isabel), por una combinación de estos factores.

En febrero de 2013, la agencia de la ONU para los refugiados alabó al Gobierno filipino por dar un gran paso adelante al adoptar una legislación que apoya el derecho a la protección y asistencia de los desplazados internos. Esta legislación, la primera de su clase en la región de Asia Pacífico, fue vetada posteriormente.

Los recientes esfuerzos por revivir el proyecto de ley de sobre desplazados internos les devuelven la fe a Jahina y a otros desplazados que esperan que se respeten sus derechos. En caso de que se apruebe, el proyecto de ley les otorgará a los desplazados el derecho a la protección y asistencia durante el desplazamiento y garantizará su regreso en condiciones seguras, reasentamiento e integración.

En Isabel, Jahina observa a su nieta de dos meses que nació días antes de que el tifón Haiyan golpease. Tiene muchas esperanzas en la niña y cree que algún día, por fin, la familia Lugasan encontrará un lugar al que llamar casa.

Por Johanna Morden en Isabel, Filipinas

Gracias a la Voluntaria en Línea Clara Bao Rivas por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.