Familias iraquíes separadas temen por sus parientes luego de escapar de Sinjar

Yusif, como muchos otros que huyeron de Sinjar a la región iraquí de Kurdistán o u otros lugares, se preocupan por los familiares, amigos y vecinos que quedaron atrás.

Miembros de una familia yazidí duermen bajo la sombra en el pueblo de Shekhadi, luego de escapar de Sinjar. Cerca de 400 familias están en Shekhadi, normalmente un lugar de peregrinación para los yazidíes.  © ACNUR/N.Colt

SHEKHADI (Irak), 6 de agosto de 2014 (ACNUR) – Es imposible saber cuánta gente se está quedando ahora en esta pequeña aldea en las montañas al norte de Irak. Cientos, tal vez miles de personas dibujan una fila que atraviesa Shekhadi, lugar de peregrinación para los yazidíes, una minoría étnica iraquí.

Las madres mecen las cunas de madera con sus niños, las familias duermen sobre tapetes puestos sobre el suelo de concreto a la sombra de edificios de piedra o a la sombra de los árboles. Muchos parecen estar esperando, ansiosos por buenas noticias de su ciudad natal, Sinjar, 280 kilómetros al oeste, en la gobernación de Nínive.

Na'am, madre de siete hijos, está sentada en una piedra, la mano en la barbilla, visiblemente angustiada por los miembros de su familia, muchos de los cuales están varados en las montañas al norte de Sinjar. Ella vino aquí, a la comunidad del santuario de yazidí, con solo uno de sus hijos. Otros cuatro hijos y dos hijas siguen en las montañas de Sinjar.

Según funcionarios de la región iraquí de Kurdistán, al menos 45.000 iraquíes, incluyendo árabes, cristianos y miembros de las minorías yazidíes, chabaquíes, chiíes turcomanas y otras, han llegado a la región escapando de los grupos armados que han ocuparon Sinjar y otras dos comunidades. El Kurdistán iraquí es ya el hogar de más de 300.000 iraquíes desplazados desde junio, al igual que de 220.000 refugiados sirios, y siente la presión sobre sus ya limitados recursos.

La agencia de las Naciones Unidas para los refugiados y otras agencias humanitarias están respondiendo. Hoy, cientos de nuevos desplazados hacían cola en un campo deportivo en el pueblo cercano de Shekhan, y se retiraban con colchones, ventiladores, recipientes para agua, jabón y otros artículos distribuidos por el ACNUR para apoyar a unas mil familias.

Yusif, un profesor de inglés de Sinjar de 41 años, fue más afortunado que muchos de sus vecinos. Su familia inmediata, 7 personas, está con él, y fueron capaces de escapar con sus documentos, haciendo más fácil registrarse para recibir ayuda.

Como muchos otros, él se está quedando con sus primos en Shekhan, una comunidad predominantemente de etnia yazidí. Dice que otros que vienen de Sinjar "no tienen nada. Esta ayuda es esencial para ellos porque no tienen una casa; se están quedando en las escuelas o quién sabe dónde".

Pero Yusif, como muchos otros que se encuentran comparativamente a salvo en la región de Kurdistán o en cualquier otra parte de Irak, sigue muy preocupado por sus parientes, amigos y vecinos que quedaron atrás. Funcionarios del gobierno dicen que al menos 30.000 personas de Sinjar huyeron a la zona montañosa al norte de la ciudad.

Yusif ha estado llamando cada día a sus parientes varados en las montañas. "Ellos están a la intemperie bajo el sol y durmiendo cada noche bajo la luna", dice él. "Algunos están viviendo en cuevas. Tienen algo de alimentos y agua, pero se les están acabando".

En Shekhadi, Na'am también se preocupa por sus parientes que no han llegado, mientras circulan noticias de niños que han muerto en las montañas. "Hablé con ellos ayer", dice ella. "Pero ahora no puedo comunicarme. Creo que sus celulares están descargados". La última vez que ella conversó con ellos fue el domingo, cuando le dijeron que la comida y el agua se les estaban acabando.

Por Ned Colt, desde Shekhadi, Irak

Gracias al Voluntario en Línea Fernando Bolaños por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.