Apatridia en Filipinas: descendientes de indonesios se sienten divididos entre dos países

Pero debido a los esfuerzos de los dos gobiernos y el ACNUR, más de 6.000 personas de ascendencia indonesia en Mindanao pronto podrían tener una nacionalidad y un estatus oficial.

Merlyn Mandak (izquierda) en su hogar en Kidapawan con su hija más pequeña, Mary Che, y su esposo Joseph. Ellos se cuentan entre las más de 6.000 personas de ascendencia indonesia en el sur de Filipinas.  © ACNUR/R.Arnold

KIDAPAWAN, Filipinas, 15 de setiembre de 2014 (ACNUR) – La pregunta es sencilla: "¿De dónde eres?" Pero en esta comunidad arrocera del sur de Mindanao, las respuestas nunca son directas.

"Mis padres son de Indonesia. Mi madre huyó de un matrimonio forzado y llegó a Filipinas. Mi padre vino a trabajar. Yo nací en Filipinas", dijo Merlyn Mandak, de 48 años de edad-y que vive en una comunidad mixta junto a filipinos en Kidapawan, provincia de Cotabato.

"Es mejor ser un pájaro porque al menos ellos tienen su propio nido", indicó su vecino Roger Mandak (no son parientes), de 58 años, lamentándose de los problemas afrontados desde que sus padres llegaron a Filipinas en los años 30. Roger y Merlyn son personas de ascendencia indonesia. Sus antepasados se mudaron aquí hace generaciones y dejaron un legado que nadie quiere o se merece: la apatridia.

Según la Ley de Ciudadanía del país de 1958, los indonesios perdían su nacionalidad después de vivir en el extranjero durante más de 5 años sin registrarse con las autoridades indonesias.

En 2006, el gobierno reformó su ley de ciudadanía para asegurarse de que nunca más se produjera apatridia de esta manera y para ofrecer a los que habían perdido su nacionalidad indonesia un medio de readquirirla. Sin embargo, algunas personas no readquirieron formalmente la ciudadanía indonesia y se quedaron como apátridas, sin que ni Indonesia ni Filipinas les traten actualmente como nacionales.

Un estudio de evaluación dirigido por el ACNUR y los Gobiernos de Indonesia y Filipinas en 2012 y 2013 identificó más de 6.000 personas de ascendencia indonesia que tenían nacionalidad indeterminada en el sur de Filipinas. Los entrevistados destacaron los desafíos diarios como escaso acceso al empleo, medios de subsistencia, educación y agua limpia. También se enfrentan a sanciones migratorias relacionadas con el hecho de que ni Indonesia ni Filipinas les reconoce como ciudadanos, y debido a su falta de un estatus de inmigración seguro.

"Dada la incertidumbre de su estatus, sufren trato discriminatorio en el empleo debido a que son considerados como extranjeros por muchas personas. Existe la amenaza de que sean deportados, especialmente si no cumplen nuestras leyes laborales", dijo Precious Pojas, abogado del estado de alto rango en el Ministerio de Justicia, añadiendo que sus derechos a poseer tierra pueden también ser denegados.

A primera vista, Merlyn parece más afortunada que la mayoría. Su esposo Joseph, también de ascendencia indonesia, trabaja ilegalmente en un molino de arroz en Kidapawan. Su patrono le facilita alojamiento y útiles gratuitos. Su hija más joven, de 13 años, acude a una escuela cercana. Las dos hijas mayores se han casado con filipinos.

Pero al igual que sus vecinos, se enfrentan a la pobreza. La renta de Joseph fluctúa y el incierto estatus de Merlyn le impide buscar trabajos legales fuera de la comunidad. Viven precariamente, perdiendo el sueño cuando las facturas y las cuotas escolares llegan todas al mismo tiempo.

Las cosas se ponen incluso más complicadas en los primeros dos meses de cada año, cuando tienen que pagar una tasa anual de presentación para sus certificados de registro de extranjeros. Aunque el coste de la renovación no es alto, con frecuencia llegar hasta el lugar de renovación cuesta horas y varios miles de pesos en costes de transporte. La multa por renovación tardía se acumula cada mes, endeudando a algunas familias.

Reconociendo los problemas de subsistencia de la comunidad, el ACNUR ha hecho equipo con las autoridades locales y una ONG llamada Pasali para ayudar a complementar sus ingresos. A través de People's Organization, una cooperativa que involucra a representantes de esta comunidad, se decidió que iniciarían un proyecto de cultivo de champiñones. Las autoridades locales proporcionan la tierra y el transporte, el ACNUR las esporas, mientras que Pasali adiestra a sus miembros en como cultivar champiñones con hojas de banano.

Merlyn, que fue elegida como presidenta de People's Organization, espera que puedan pronto cultivar suficientes champiñones para sobrepasar sus actuales ventas de 3.000 pesos (70 dólares). "Esperamos tener una cosecha abundante cada día, eso nos ayudaría realmente con nuestras necesidades diarias". Pero los medios de subsistencia por si solos no resolverán sus problemas.

En seguimiento del estudio realizado, los Gobiernos de Indonesia y Filipinas han acordado trabajar juntos para verificar la nacionalidad de las personas de ascendencia indonesia en Mindanao. Esto abarcará el establecimiento de procedimientos para determinar su estatus de ciudadanía – si son indonesios o filipinos o si no tienen ninguna nacionalidad ç – y para abordar los problemas de protección a los que se enfrentan.

"Una vez que tienen el estatus [de ciudadanos], será mucho más sencillo para los Gobiernos darles protección y acceso a los servicios sociales como educación y atención médica", dijo Agung Sampurno en la oficina consular de Indonesia en Davao City. "La esencia de esta cooperación es darles el derecho a tener una vida mejor, no solo para ellos sino también para sus hijos, nietos y biznietos".

El vicecónsul añadió que una vez que el problema sea resuelto en Mindanao, se podría utilizar el mismo enfoque para hacer frente a los problemas similares que afrontan las personas de ascendencia filipina que viven actualmente en las islas indonesias del Mar de Sulu.

"Estamos colaborando en la discusión entre los dos gobiernos sobre las diferentes opciones existentes para esas personas", dijo Rico Salcedo, asesor legal del ACNUR en Manila. "La cooperación ha sido excepcional y creemos que es un modelo que otros estados pueden copiar en los términos en que ha sido adoptado en el proceso y en la forma en que ha sido realizado".

Preguntada por donde ve su futuro, Merlyn replicó, "No podemos deshacernos de nuestra identidad indonesia, es lo que somos. Pero no quiero volver, no tengo parientes y no conozco el idioma. Filipinas es el hogar".

Por Vivian Tan en Kidapawan, Filipinas

Gracias al Voluntario en Línea José Carlos López por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.