Nuevas esperanzas para las mujeres afganas refugiadas en Irán

Nour Mohammad Mohammadi, inventor afgano de 23 años, enseña electrónica a mujeres afganas refugiadas en Irán.  © ACNUR/S.Rich

SHIRAZ, Irán, 27 de octubre de 2015 (ACNUR) – En la ciudad de Shiraz, al sur de Irán, un grupo de mujeres afganas conectan cables, sueldan tarjetas madre y mejoran la seguridad de los automóviles. Una de ellas es una joven de 20 años que, desde que murió su padre, ha vivido con su madre discapacitada. Otra es una joven de 18 años que vive con su padre anciano y un hermano que tiene una discapacidad. La suerte de estas mujeres empezó a cambiar cuando conocieron a Nour Mohammad.

Nour Mohammad Mohammadi es un refugiado afgano de 23 años discreto, modesto y amable. En 1996 huyó de la guerra en la provincia de Maidan Wardak (Afganistán) y se estableció en Irán. En este país estudió mecánica del automóvil con ayuda del ACNUR al tiempo que trabajaba como mecánico en un taller de automóviles.

"Mi familia y yo también vivíamos en la pobreza", explica Mohammadi. "Mi hermano tiene una discapacidad y mi padre no permitió que mi hermana fuera a la escuela o trabajara".

Para salir de esta situación empezó a inventar sistemas de seguridad para vehículos. En 2012, el ACNUR le prestó ayuda financiera gracias a la cual inventó un sistema de arranque que luego patentó. A principios de 2013 ganó el tercer premio en el Festival Nacional de Inventos de Irán y siguió trabajando en nuevos mecanismos de seguridad, como por ejemplo, un controlador de velocidad que reduce la velocidad del vehículo cuando el pasajero no se ha colocado el cinturón de seguridad. Desde entonces ha ganado nuevos premios con sus inventos y ha obtenido contratos de empresas de automóviles. Finalmente creó su propia empresa y el Ministerio de Ciencias le ofreció un espacio de oficinas en 2013.

En marzo de 2014, Mohammadi pidió ayuda al ACNUR para ampliar su negocio en un momento en el que el ACNUR y su socio gubernamental, la Oficina de Extranjería e Inmigración, habían empezado a ponerse en contacto con las familias vulnerables para prestarles un mayor apoyo. Era evidente que muchas mujeres cualificadas se estaban quedando fuera del mercado de trabajo. La Oficina de Extranjería e Inmigración y el ACNUR empezaron a trabajar más activamente con los refugiados para que asumieran una mayor responsabilidad dentro de sus propias comunidades.

Mohammadi, el ACNUR y la Oficina de Extranjería e Inmigración elaboraron un plan de acuerdo con el cual Mohammadi contrataría a mujeres para que ensamblaran sus inventos a cambio de ayuda financiera.

Actualmente, Mohammadi fabrica 10 inventos diferentes para vehículos y cuenta con un equipo de 13 personas, dos iraníes y el resto afganas. Entre sus empleados hay cinco mujeres y recientemente pidió ayuda al ACNUR para contratar a más mujeres.

"La primera semana me resultó difícil", dice Tahmina, una joven de 21 años. "Todo lo hice mal. Pero Mohammadi tuvo mucha paciencia y me ayudó a corregir mis errores. El mes pasado gané 100 dólares".

Para superar las barreras culturales, él le proporciona a las mujeres los equipos necesarios para trabajar en casa. De este modo las mujeres pueden regular su propio horario de trabajo y dedicar el tiempo necesario a ocuparse de los miembros de su familia. Ganan entre 100 y 200 dólares mensuales, según el número de aparatos que monten. En el último ejercicio, Mohammadi obtuvo 4.000 dólares de beneficios que reinvirtió en la empresa.

"Desde que empecé a trabajar en casa me siento más segura y puedo ayudar a mi familia a cubrir los gastos", dice otra empleada llamada Maryam. "Espero poder desarrollar mis aptitudes para poder trabajar en una gran empresa en el futuro".

Mohammadi está muy orgulloso de las mujeres que trabajan para él. "Una vez contraté a una joven de 20 años que nunca había ido a la escuela. Estaba previsto que entregara el trabajo en el plazo de una semana pero volvió a los dos días con todo el trabajo perfectamente acabado. En un principio sospeché que la habían ayudado pero luego comprobé que lo había hecho todo ella sola. Incluso me enseñó a trabajar de un modo más eficiente".

Mohammadi espera que la situación de la seguridad en el Afganistán mejore y pueda regresar algún día a su país, ir a la universidad y crear allí una empresa.

"Mucha gente cree que las mujeres refugiadas afganas sin instrucción no pueden realizar trabajos técnicos complejos pero hemos demostrado que no es así", añade Reza Kavosh, coordinador para los medios de vida de la oficina del ACNUR en Shiraz. "El trabajo promueve la confianza, el orgullo, los ingresos y brinda mejores oportunidades para buscar soluciones duraderas".

Este es el caso de Tahmina y su madre, que van a ser reasentadas en Suecia. "Voy a decir a los suecos que puedo ayudar a fabricar aparatos electrónicos y espero encontrar trabajo allí para seguir ayudando a mi familia".

"Tengo muchas ideas para ayudar a la comunidad afgana en el Irán", explica Mohammadi. "Me gustaría ponerme en contacto con estudiantes universitarios afganos para inventar más productos con ellos. Estoy seguro de que tendrán grandes ideas. Y si encuentro a alguien que quiera invertir más dinero en mi negocio podré abrir un taller y contratar a más mujeres vulnerables".

Gracias a la Voluntaria en Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.