Solicitantes de asilo esperan los resultados de su solicitud en un histórico aeropuerto de Berlín

Berlin Tempelhof Airport provides temporary home to 2,000 asylum seekers, including 500 children, as their claims are assessed. [for translation]

Solicitantes de asilo en un alojamiento transitorio improvisado en uno de los tres enormes hangares del aeropuerto berlinés de Tempelhof.  © ACNUR/I.Prickett

BERLÍN, Alemania, 17 de noviembre de 2015 (ACNUR) – Una vez finalizado su viaje, miles de solicitantes de asilo esperan los resultados de sus solicitudes en un lúgubre aeropuerto histórico de Berlín, la capital de Alemania. Ahora que se aproximan las bajas temperaturas invernales, las autoridades alemanas adoptan medidas para garantizar que nadie se quede a la intemperie.

"Vine a Alemania porque muchos de mis familiares ya están aquí," dice Ibrahim, de 21 años, que unas semanas antes huyó de los combates que se libraban en las proximidades de su hogar en Idlib, en la región noroccidental de Siria, junto con su esposa Nour, de 19 años, y Ahmed, su hijo de 1 año.

Ahora que han dejado atrás su peligroso viaje de 3.000 km por vía terrestre y marítima, a la joven familia solo le queda esperar. La semana pasada se unieron a los miles de solicitantes de asilo alojados en los hangares del aeropuerto berlinés de Tempelhof, una construcción imponente y monumental diseñada y construida en la década de 1930.

"No puedo imaginarme lo que ocurrirá en el futuro, cuando salga de aquí. Pero, si Dios quiere, encontraré trabajo," dice Ibrahim, que antes regentaba un cibercafé en Siria. "Aquí se está bien pero es muy duro si lo comparo con los tiempos que vivimos antes de que ocurriera todo esto."

El mes pasado entró en Alemania un número sin precedente de solicitantes de asilo. Según las estadísticas del Gobierno, en lo que va del año se han registrado en Alemania unas 760.000 solicitudes de asilo.

Berlín, al igual que otras ciudades alemanas, se está esforzando para alojar a los centenares de personas que llegan cada día. Solo este año se han registrado en la capital más de 40.000 solicitantes de asilo y la mayoría de los refugios de emergencia improvisados en escuelas y centros deportivos ya están llenos.

En octubre, las autoridades municipales recurrieron a la antigua base aérea estadounidense ubicada en el aeropuerto de Tempelhof, una gigantesca estructura que también se hizo famosa por haber sido utilizada por los aliados occidentales para el puente aéreo de Berlín durante la Guerra Fría. El edificio, que tiene una superficie de 300.000 metros cuadrados, es ahora una de las soluciones a gran escala que quedan en la ciudad para proteger a los recién llegados de los rigores del invierno.

En las últimas semanas su población ha experimentado un crecimiento constante. El aeropuerto acoge actualmente a más de 2.000 solicitantes de asilo, entre ellos a 500 niños. La semana pasada, las autoridades berlinesas dijeron que abrirían más dependencias de la terminal para intentar acoger a otras 4.000 personas.

Ibrahim, de 21 años, Nour, de 19 años, y su hijo Ahmed, esperan en el aeropuerto mientras se examina su solicitud de asilo.  © ACNUR/I.Prickett

"Estamos construyendo una ciudad aquí," comenta Maria Kipp, oficial de Relaciones Públicas de Tamaja, la empresa proveedora de servicios contratada por las autoridades de Berlín para organizar el campamento. "Teníamos aproximadamente un fin de semana para montarlo todo junto con el ejército, de modo que estamos construyendo la infraestructura a medida que vamos avanzando."

"Luego aparecen los problemas que surgen cuando hay tantas personas viviendo en tres grandes salas, pero definitivamente la situación puede mejorar," añade. "Esperamos que Save the Children pueda habilitar pronto salas para realizar actividades infantiles en cada uno de los hangares porque es muy difícil mantener a todos los niños ocupados."

Zayna, una mujer siria de 30 años y madre de tres niños, conoce bien el problema.

"Aquí se está bien pero no es fácil con los niños," dice con su hijo Mohammed, de 3 años, en brazos, mientras su hija Bana, de 6 años, se balancea agarrada a su falda. No ve a su hijo mayor, Yamin, de 7 años, que debe de estar jugando en algún sitio dentro del hangar.

Los hijos de Zayna están visiblemente inquietos, deseosos de reunirse con su padre, que hace cuatro meses abandonó la casa familiar en Alepo, una ciudad golpeada por la guerra, rumbo a Alemania. "Vine a Alemania porque mi esposo ya estaba aquí," explica Zayna. "Nos dijo que todo iría bien pero no sé dónde está; espero poder encontrarlo. Ahora estamos esperando pero no sabemos cuánto tiempo tendremos que estar aquí."

Tempelhof, que, según insisten las autoridades municipales, es una solución transitoria, deja mucho que desear. Los baños, que son portátiles, están fuera y no hay grifos ni duchas. El campamento funciona gracias a la labor de los voluntarios. En un cuarto trasero clasifican montones de ropa donada y, en la puerta de al lado, cocineros voluntarios preparan pequeños platos de plástico con aceitunas y humus y pan recién horneado para la cena.

Además, de las nuevas salas infantiles, Kipp señala que los operadores han previsto instalar una sala independiente para la oración. Sin embargo, pese a los elevados costos de acondicionamiento del hangar, el espacio privado es muy limitado. Ibrahim, Nour y Ahmed comparten una cabina – improvisada con tabiques divisorios provisionales como los que se utilizan en las ferias comerciales – con otras ocho personas.

"Tenemos que ser pacientes con la otra familia con la que convivimos," dice Ibrahim. "Estamos todos juntos de modo que tenemos que ser tolerantes."

Por Josie Le Blond, Berlin. Alemania.

Gracias a la Voluntaria en Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés al español de este texto.