Colombia: una familia busca en la repatriación voluntaria un mejor futuro

Consuelo ha vivido en Venezuela con su familia durante 4 años como solicitante de asilo. Ahora, con la ayuda del ACNUR, vuelve a Colombia para ponerle fin al ciclo del desplazamiento.

Consuelo y su familia saliendo de Venezuela con el acompañamiento del ACNUR.

Consuelo y su familia saliendo de Venezuela con el acompañamiento del ACNUR.  © ACNUR

BOGOTÁ, Colombia, 19 de febrero de 2015 (ACNUR) – Varias maletas pequeñas, tres cajas y dos pares de bolsas empacan todas las pertenencias de Consuelo* y su familia en su viaje rumbo a su país de origen, Colombia, luego de haber vivido en Venezuela durante 4 años como solicitantes de asilo. Cargan con ellos una guadaña para vender, una almohada y peluches, mientras el carro del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Venezuela los conduce hacia la terminal de pasajeros en donde un autobús los llevará a lo que esperan sea un mejor futuro para los dos hijos y la pareja, que habían huido de la persecución y violencia en Colombia.

"No me sentía preparada para exponer las situaciones que me obligaron a venir a Venezuela [...] pero ahora me siento preparada para contar mi historia de vida", comenta Consuelo mientras ve el paisaje venezolano quedarse atrás. Ésta no es la primera vez que abandona un hogar para empezar de nuevo.

"Yo tenía 8 años cuando nos desplazaron por primera vez de mi finca en Antioquia [...], ahí había de todo, teníamos una vida digna", recuenta Consuelo mientras pasan por su cabeza imágenes aterradoras de su niñez en el país que la vio nacer. Entre bombardeos, fumigaciones y sangre derramada, sin entender qué sucedía, Consuelo, sus hermanos y sus padres huyeron más allá de las montañas, sin rumbo ni dirección. "Uno escuchaba las bombas caer, sabías cuando venían cayendo porque se escuchaba como cuando uno le saca el aire a una vejiga (globo) [...] muchos compañeros míos de la escuela murieron", cuenta al recordar los riesgos a los que estuvo enfrentada con su familia. Consuelo y su familia huyeron en repetidas ocasiones, entre casas y posadas, de municipios a corregimientos, entre el miedo y la enfermedad.

Luego de un esposo que la violentaba psicológicamente y 2 hijos, Consuelo huyó junto a la pareja que hoy la acompaña, él "me dio más fuerzas [...] me dio la oportunidad de hablar y denunciar", comenta. Sin embargo, eso significó una nueva persecución y amenaza para ella y su familia pues sentía cómo la observaban y perseguían en las calles. Una mañana "nos despertamos y escuchamos 'pin pin' y al salir [vimos] el reguero de sangre" añade. Es así como Consuelo y su pareja decidieron huir hacia Venezuela.

"A mí me decían que Venezuela era mejor, más seguro. Y llegamos a Venezuela con los ojos cerrados a tientas, a conocer", comenta Raúl*, la pareja de Consuelo. Entre la incertidumbre y la expectativa, Consuelo, Raúl y los niños tocaron varias puertas para conseguir dónde dormir. Y después de varios intentos fallidos, encontraron hogar en una hacienda en donde Raúl consiguió el trabajo de ordeñar vacas, y luego en otra en la cual los dos trabajaron sembrando cebolla.

"Ahí me conseguí con un paisano, y un día él me dijo que iba a llevar los papeles para eso de los refugiados, que hay mucha gente que no sabe qué es. Yo le dije voy y lo acompaño y miro a ver qué es", cuenta Raúl. "Y me fui y entonces les comenté el caso allá y me preguntaron: pero '¿usted es desplazado?' Y yo dije sí, 'y bueno inmediatamente usted pone la declaración y lo atienden'. Y así fue que hice la declaración", añade Raúl. Con un documento que los certificaba como solicitantes de asilo, la familia ansiosa esperó los 90 días reglamentarios para la notificación de si se les había concedido la condición de refugiado; la respuesta fue negativa con posibilidad de apelación y una espera de 90 días adicionales para recibir respuesta.

14 meses pasaron y Consuelo y su familia no habían sido notificados. Sin embargo, el encuentro con ese otro solicitante de asilo les abrió las puertas para participar en reuniones con organizaciones que apoyan a los solicitantes de asilo, asisten a talleres de capacitación, y en temas de derechos. "Con ellos aprendí a valorarme como mujer, porque yo era una persona muy triste. He aprendido a dejar ese miedo, a enfrentar las cosas y a reclamar mis derechos, cosas que yo creía que no existían", expresó Consuelo.

Con el tiempo consiguieron un mejor trabajo en otra granja, sus hijos podían disfrutar de los espacios verdes y recreativos del lugar e ir la escuela. "Aquí en la granja ha sido un cambio maravilloso, un 100%", dice Raúl. Ahí duraron 26 meses antes de tomar la decisión de regresar a Colombia debido a las dificultades que vivieron en Venezuela para conseguir alimentos.

Consuelo espera que regresando "por medio del gobierno, poder tener mi casa, poder tener una vida más estable para ellos" y abraza a sus hijos; "siempre lo que yo estoy buscando es un futuro para ellos, eso fue". Por su parte, Sara*, su hija, relata que "por un lado no me quería venir porque dejaba a casi todos mis amiguitos, mis amiguitas y todo, y por el otro me quería venir por mi familia, vivir en la casita de ellos".

"Bienvenidos a Colombia" leyeron en el letrero al cruzar la frontera, en donde la Oficina del ACNUR en Cúcuta les dio la bienvenida. Con alegría y animados por volver y reencontrarse con su familia, tomaron el bus en la terminal hacia su nueva vida.

El ACNUR en todo el mundo acompaña a solicitantes de asilo y refugiados en la búsqueda de soluciones duraderas que les permita ponerle fin a su ciclo de desplazamiento.

Por Diana Díaz Rodríguez en Bogotá, Colombia

*Nombres cambiados por motivos de protección.