Después de una larga odisea en el mar, rohingyas reciben solidaridad en Indonesia

Fatimah, her two girls and over 500 others spent months on a smuggler's boat until they were rescued by fishermen in Aceh, where the locals have welcomed them with open arms. [for translation]

Una mujer rescatada del barco y sus dos niños comen alimentos en un centro en Kuala Cangkoi, Indonesia.  © ACNUR

LHOKSUKON, Indonesia, 18 de mayo de 2015 (ACNUR) – Mientras los Gobiernos de la región deliberan acerca de qué hacer con los barcos repletos de personas vulnerables varados en el mar, el pueblo de Indonesia ha actuado.

En la semana pasada, pescadores indonesios han rescatado a más de 1.300 bangladesíes y rohingyas de Myanmar después de que anduvieran a la deriva o nadaran hasta la orilla en las provincias de Aceh y Sumatra Norte. Las comunidades locales han gestionado donaciones de alimentos y agua, y han brindado, asimismo, apoyo moral – todo lo cual necesitan con desesperación después de la terrible experiencia que han atravesado en el mar.

Fatimah*, de 18 años, apenas sobrevivió al viaje. Ella decidió abandonar un campamento de personas desplazadas en Sittwe, la capital del estado de Rakhine, en Myanmar, después de que su marido pescador muriera en circunstancias misteriosas hace más de un año y ya no pudiera arreglárselas sola con sus dos pequeñas hijas.

Hace unos tres meses, con la esperanza de reunirse con su hermana en Malasia, entregó todo lo que tenía – 200.000 kyat (US$ 180) – para embarcarse en la lancha de un traficante de personas. El barco realizó paradas para trasbordar y subir a más pasajeros, lo que acarreó como consecuencia un severo hacinamiento. Se les entregó comida dos veces al día, a veces arroz, otras gachas, pescado deshidratado o papas. Hace más de una semana, la tripulación se marchó en una lancha motora y los abandonó en mar abierto.

"En ese entonces, el barco fue controlado por algunos de los pasajeros que sabían cómo manejarlo. Navegamos hasta que nos quedamos sin gasolina", recuerda Fatimah señalando que algunas personas nadaron para obtener ayuda. El 10 de mayo el barco, que transportaba a 584 hombres, mujeres y niños de Myanmar y Bangladesh, fue rescatado por pescadores locales en Aceh (Indonesia).

"Los pescadores y la población local fueron muy serviciales y amables con nosotros", manifestó Fatimah. "Nos llevaron a la mezquita más cercana y nos permitieron descansar, al tiempo que nos proporcionaron alimentos, agua y refrigerios".

En los primeros días su hija mayor Anwara, de tres años de edad, se encontraba sufriendo una deshidratación. Rusmawati, una mujer de la localidad, los invitó a su hogar para que tomaran un baño y se preocupó porque al día siguiente la niña aún estaba débil.

"Como hablamos un idioma diferente, es muy difícil entender lo que están diciendo, pero yo sé que tenemos la misma religión y sentimos que ellos necesitan ayuda", dijo quebrándose en lágrimas Rusmawati, quien le desea a Anwara una rápida recuperación.

Los que llegaban en embarcaciones fueron alojados, los primeros días, en un pabellón de deportes en Lhoksukon bajo la coordinación de Dinas Sosial, la oficina de bienestar social del distrito. Mientras el ACNUR trabajaba para registrar los rohingyas, llegaban alimentos y ropa donada por la población local y las agencias gubernamentales. Tres veces al día el personal local se turnó para preparar las comidas para el grupo.

Ani, una profesora de secundaria que trabaja a una hora de distancia, se acercó con todos sus alumnos y trajo cajas de fideos instantáneos y colaciones. Más tarde, solicitó al personal del ACNUR que brindara una breve sesión de sensibilización para explicar por qué llegaron los refugiados y por qué la gente necesita ayudarlos.

El pasado miércoles, cuando llegó el momento de mudarse a otro sitio, cientos de lugareños se reunieron fuera de la sala de deportes para despedirse de aquellos a quienes habían ayudado. Las mujeres derramaron lágrimas de empatía y preocupación. Muchos de sus huéspedes involuntarios sacudieron sus manos, tratando de expresar gratitud por su generosidad y afecto.

"Hoy Anwara se encuentra mejor", afirmó Fatimah mientras se preparaba para subir al autobús con sus niñas. "Sólo Dios les puede retribuir su bondad".

En la semana pasada, más de 1.300 rohingyas y bangladesíes han llegado a las provincias de Aceh y Sumatra Norte en Indonesia.

*Los nombres han sido cambiados por razones de protección.

Por Mitra Salima Suryono en Lhoksukon, Indonesia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Adriana Laura Alemandi por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.