Familia ucraniana disfruta de la paz en Armenia, pero se enfrenta a importantes desafíos

When conflict erupted in Ukraine in November 2014, Artyem and Ella Nakhoyans and their four children were forced to flee. [for translation]

Ella, su esposo y sus cuatro hijos viven en un apartamento de una habitación en un centro comunitario para refugiados en Ereván, capital de Armenia.  © ACNUR/O.Golinevych

EREVÁN, Armenia, 25 de junio de 2015 (ACNUR) – Cuando estalló el conflicto en Ucrania en noviembre de 2014, Artyem y Ella Nakhoyans rezaron para que los combates terminaran antes de que pudieran perturbar sus felices vidas y su hogar. En cambio, la guerra fue avanzando lentamente cerca de su casa en Luhansk, en Ucrania oriental.

Vecinos fueron abatidos por balas perdidas, los bombardeos destruyeron muchas casas, y se cortaron servicios básicos como el agua y la electricidad.

El equipamiento de la mina de carbón donde trabajaba Artyem, de 35 años, fue saqueado. Finalmente, tuvo que cerrar y él perdió su trabajo sin ninguna compensación.

Con sus vidas y la de sus hijos – Mikayel (14), Elizaveta (10), David (4), y la pequeña Eva (1½) – cada vez más en peligro, decidieron huir al lugar de origen de Artyem, Armenia – un país que apenas conocía.

El padre de Artyem era armenio, pero su madre era ucraniana.

Ella, de 34 años, trabajaba en un centro de estética, no tenía ninguna conexión con Armenia más que los lazos de sangre de su marido. Se despidió de sus clientes con todo el dolor de su corazón, pero confiaba en que la paz traería sus propias recompensas.

En efecto, la vida en el nuevo país es pacífica, pero también es dura para los refugiados. Los refugiados en Armenia se enfrentan a varios problemas. Estos van desde encontrar una vivienda y trabajo dignos hasta las barreras lingüísticas y culturales a las que se enfrentan. Sin el apoyo de ACNUR, habría pocas posibilidades de asistencia médica o servicios sociales.

Por ahora, un pequeño apartamento de una habitación en el centro comunitario para los refugiados de Nor-Nok (en la capital de Ereván) proporcionado por el gobierno, tiene que servir como sala de estar, estudio y dormitorio.

"Eva está correteando, Elizaveta está tratando de hacer sus deberes mientras Mikayel está tocando la guitarra . . . A veces, simplemente es imposible encontrar un rincón tranquilo para sentarse y pensar en nuestro futuro incierto'", Ella suspira con tristeza.

A pesar de las difíciles condiciones de vida y de no haber perspectivas inmediatas de un trabajo bien remunerado, la pareja sigue teniendo grandes esperanzas de un futuro mejor.

"Estoy decidido a superar las dificultades. Lo importante es que estamos todos juntos y podemos dormir en paz", añadió Artyem.

Además de sus conocimientos en cosmética, Ella también puede cocinar, coser y logra ganar algo de dinero utilizando sus habilidades.

Su marido le está ayudando a aprender armenio. Sus hijos, conscientes de haber huido de la guerra, están yendo bien en el colegio y ayudan a su madre en las tareas del hogar y la cocina. Esperan que el sueño de su madre se haga realidad y algún día tenga su propio salón de belleza.

Ella dice que le motiva el cálido recibimiento de la comunidad de acogida y su voluntad de ayudar, ya sea por parte de los nuevos vecinos, o la asistencia de ACNUR u ONG como Misión Armenia y Fundación Humanitaria Suiza KASA, pero anhela regresar a casa algún día.

"Estoy segura de que las cosas se arreglarán, y algún día podremos volver a casa, a Lugansk", sonríe, con lágrimas en los ojos, mirando por la ventana el cielo azul.

Más de 160 personas han solicitado asilo en Armenia y muchas están llegando cada día. Estas mujeres y niños procedentes de Ucrania son valientes y están llenas de esperanza, pero se enfrentan a grandes dificultades. ACNUR y sus socios hacen lo posible para que su estancia en Armenia sea menos dolorosa.

Por Anahit Hayrapetyan, Yerevan, Armenia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Gema Atencia Ruiz por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.