Desplazados iraquíes dejan Arbat rumbo a un nuevo hogar en el Kurdistán

With nearly 3,000 families living in quarters designed for 700, Arbat IDP camp was one of the most overcrowded in Iraq. [for translation]

Desplazados internos iraquíes, mayormente provenientes de la provincia de Saladino, durmiendo en sus nuevas carpas.  © ACNUR/E.Ou

ARBAT, Irak, 29 de junio de 2015 (ACNUR) – A las 7 de la mañana, los equipos de trabajo comenzaban a desarmar las carpas en las afueras del campamento para desplazados internos de Arbat, en la provincia de Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí. En espacio de una hora las familias habían armado bultos con sus pertenencias para poder trasladarse a un nuevo campamento ubicado a tan sólo cinco kilómetros de distancia.

"Ya estamos listos; sólo nos falta el permiso", comenta Asma, sentada con sus hijas a la sombra de una carpa vecina aún de pie. Frente a ella se esparcen las pertenencias que su familia ha ido acumulando durante los últimos meses de desplazamiento desde que abandonaron su hogar en Yazrib, en la provincia de Saladino: carpas, colchones de espuma, y bolsas de plástico llenas de ropa, ollas y cacerolas.

Las familias sufren una demora de tres horas debido a confusiones burocráticas. Sin embargo, con una temperatura que supera los 37 grados Celsius poco antes del mediodía, cargan las pertenencias de Asma en un camión. Asimismo, su familia recibe instrucciones de subirse a un microbús para el viaje.

El campamento para desplazados internos de Arbat, con casi 3.000 familias viviendo en dependencias diseñadas para 700, es uno de los más congestionados de Iraq. El agua es escasa, la electricidad es intermitente y las instalaciones sanitarias son inadecuadas. En ciertas aéreas un baño tiene que alcanzar para cinco familias.

Al igual que la mayoría de los campamentos que actualmente acogen a ciudadanos iraquíes que se han visto obligados a abandonar sus hogares debido a los enfrentamientos entre las fuerzas alineadas con el Gobierno iraquí y los milicianos, el campamento de Arbat había sido en un principio diseñado para ser "transitorio". Sin embargo, en vista de que la crisis en Irak ha entrado en su segundo año sin dar señales de una solución política o militar, el Gobierno y las organizaciones de ayuda ven la necesidad de buscar soluciones humanitarias a más largo plazo en nombre de más de tres millones de personas desplazadas a causa de la violencia a lo largo del país.

A fines de aliviar la presión, ACNUR y sus socios han comenzado a trasladar a los desplazados a campamentos con instalaciones mejores. Uno de los primeros proyectos en ser completados es el campamento de Ashti, que podrá acoger a unas 1.000 familias.

Luego de su inauguración, las familias han sido trasladadas a algo que se asemeja más a los cimientos de una nueva población que a un campamento. Las carpas están montadas sobre cimientos de hormigón en vez de tierra compactada. Las cañerías están instaladas bajo tierra y los postes de electricidad delinean claramente el diseño del tendido eléctrico del campamento.

"Sinceramente da gusto, nos sentimos mucho mejor aquí", asegura Yassin, de 35 años de edad y oriundo de Yazrib. Por la tarde su familia ya se ha familiarizado con el nuevo entorno: atrás de él, su esposa remienda con hilo y aguja unos rasgones en la carpa. "Nos faltaba de todo, vivíamos hacinados", cuenta Yassin recordando su vida en el campamento para desplazados internos de Arbat. Aquí él espera una calidad de vida mejor, aunque también se muestra cauteloso: "Hoy es nuestro primer día aquí, es imposible saber con certeza".

Los funcionarios de ACNUR esperan que las nuevas instalaciones en Ashti mejoren la calidad de vida de las familias que se están trasladando, y que además el traslado contribuya a mejorar la situación de los que permanecerán en el campamento de Arbat, ya que se aliviará la presión sobre los recursos existentes en este último.

"Hoy es un buen día", comenta Anne Dolan, directora de la oficina de ACNUR en Suleimaniya, a la vez que las primeras familias llegan a Ashti. Especifica que se trasladará a unas 1.000 familias desde Arbat: "será beneficioso tanto para los que se mudan como para los que se quedan en el campamento de Arbat".

Si bien Ashti proporciona algunos de los medios necesarios para una estadía por tiempo indeterminado, las familias residentes en el campamento afirman que, en comparación con un año atrás cuando abandonaron sus hogares por primera vez, hoy en día su capacidad para valerse por sí mismas ha disminuido.

Yassin se dedicaba a la agricultura. Desde que, junto a su familia, huyó de la provincia de Saladino el pasado mes de diciembre, ha agotado todos sus ahorros y no ha logrado encontrar trabajo permanente, lo que le ha creado una dependencia total de las organizaciones de ayuda para recibir comida, agua y atención médica.

"Teníamos una casa y automóviles", recuerda Yassin. Desde su llegada a Solimania, afirma que sólo ha logrado conseguir trabajos esporádicos como peón de campo, y explica que con esta forma de trabajo intermitente no alberga ninguna esperanza de poder sustentar a su familia: "mi casa está en Saladino; aquí necesitaría alquilar o comprar un terreno y eso es algo que en este momento no puedo permitirme".

La experiencia de Yassin refleja la de muchos ciudadanos iraquíes desplazados que actualmente se refugian en el Kurdistán iraquí. La oferta de mano de obra está saturada por el alto número de refugiados sirios y desplazados iraquíes y la región atraviesa un período de crisis económica debido a disputas presupuestarias con Bagdad y una caída en los precios del petróleo.

"Para que podamos regresar a casa, Irak necesita convertirse en un país regido por la ley", comenta Yassin, y explica que si bien las fuerzas alineadas con el Gobierno iraquí recapturaron hace meses su pueblo de origen, Yazrub, de las manos de los milicianos, no cree que las fuerzas de seguridad iraquíes estén aún en condiciones de garantizar su protección: "rige la ley de autogobierno para cada partido político y para cada milicia. El gobierno central ha cesado de existir".

Tabarak, el hermano de Yassin, asiente distraídamente a la vez que teclea en su teléfono inteligente para conectarse a Internet y revisar su página de Facebook. A medida que el tema de conversación comienza a enfocarse en el futuro, la energía de Yassin se disipa y da lugar a un tono de desesperación.

"Claro que regresaríamos si pudiésemos", asegura el mismo, "regresaríamos mañana mismo".

Por Susannah George, en Irak.

Gracias a la Voluntaria en Línea Abigail Leffler por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.