Iraquíes con discapacidades luchan por la dignidad en el campamento

Incapaz de dejar su tienda sin asistencia, la situación de Fatima, de 94 años, destaca los desafíos que tienen los discapacitados iraquíes para adaptarse a las condiciones del desplazamiento.

Fatima Mehamed, derecha, y su hija Fathiya, izquierda, sentadas en la tienda de la familia en el campamento Qaymawa en Kurdistán Iraquí.  © ACNUR/Rasheed Hussein Rasheed

CAMPAMENTO QAYMAWA, Kurdistán Iraquí, 22 de noviembre de 2016 (ACNUR) – Fatima Mehamed se sienta cansada en el colchón dentro de su oscura tienda y mira a través de las solapas mientras sus dos nietos ríen y juegan afuera bajo un tibio sol de otoño.

Fatima, de 94 años, no puede moverse al aire libre debido a un dolor en su pecho y la debilidad de los músculos de sus piernas, que no le han permitido caminar por ocho años.

Ella y ocho miembros de su familia han encontrado albergue en el campamento Qaymawa en Kurdistán Iraquí, después de haber huido de los intensos combates cerca de su aldea de Chanchi, al norte de Mosul.

Mantenerse con vida en su aldea, y después hacer la desesperada caminata al campamento, significó extraordinarios desafíos para su familia.

"La pasaba de habitación en habitación para protegerla de las balas que podrían cruzar la ventana"

"Senté a mi madre en una alfombra porque ella no podía moverse", dijo Fathiya, la hija de Fatima de 48 años, quien es su principal cuidadora. "Cuando escuchábamos bombardeos o tiroteos a nuestro alrededor, la pasaba de habitación en habitación para protegerla de las balas que podrían cruzar la ventana".

Qaymawa es uno de los 10 campamentos del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, planificados para responder a un anticipado desplazamiento a gran escala desde Mosul. Qaymawa puede albergar a hasta 6.000 personas.

A pesar de que están felices y a salvo dentro del campamento, cuidar a Fatima es una lucha diaria. "Es difícil cuidar a mi madre aquí", dijo Fathiya. "Mi hermana y yo tenemos que cargarla al inodoro y no se ha podido bañar desde que llegamos".

Fatima tiene una silla de ruedas, pero está quebrada y su familia no puede costear su arreglo. Una silla nueva costaría $200 dólares.

La situación de Fatima destaca los desafíos particulares que enfrentan aquellas personas con discapacidades para adaptarse a las condiciones en el campamento, donde las necesidades más básicas como agua, comida y saneamiento pueden ser de difícil acceso.

Con más de 4.500 personas residiendo en el campamento, y con más llegadas todos los días, no hay cifras claras del número de personas con discapacidades que actualmente viven en Qaymawa. Cuando el campamento abrió a finales de octubre, se identificaron a más de veinte personas con discapacidades físicas.

"Los oficiales de protección del ACNUR están realizando un mapeo para identificar a aquellas personas con necesidades especiales, así que nosotros, en conjunto con el Departamento de Salud y otras ONG, podemos responder de forma adecuada, incluyendo la distribución de sillas de rueda", dijo Djamal Zamoum, coordinador de emergencias en el terreno en Irak.

"Mi madre extraña la luz. Ella me pide que la lleve afuera para poder ver a las personas y disfrutar algo de aire fresco. Pero eso no es posible"

ACNUR está buscando las mejores formas para asistir a las personas con discapacidades en el campamento, tomando en cuenta sus circunstancias individuales. También está abogando fuertemente para que las personas con movilidad reducida puedan reunirse con sus familiares que viven en el campamento para que puedan recibir un cuidado más apropiado.

Por ahora, no hay servicios especiales disponibles, pero Fathiya cree que pequeñas soluciones pueden hacer una gran diferencia para su madre. "Realmente ayudaría si tuviéramos un baño móvil para ella, y si hubiera una tienda vacía con un balde de agua donde mi hermana y yo pudiéramos bañarla", dijo ella.

"Mi madre extraña la luz. Ella me pide que la lleve afuera para poder ver a las personas y disfrutar algo de aire fresco. Pero eso no es posible", añadió.

Ya frustrada por estar confinada, Fatima dice que no quiere morir en la tienda. "Quiero ir a casa, donde tenemos un baño muy bonito y un jardín. Mi casa es un hermoso recuerdo".

Un estimado de 68.000 personas han sido desplazadas de la segunda ciudad más importante de Irak desde que la ofensiva militar inició el 17 de octubre.