Clases de natación ayudan la integración de los refugiados en Noruega

Somali refugee Abdullahi Yusuf Jibril helps others to take the plunge. [for translation]

Basem (segundo de la derecha) observa mientras sus hijos Omar y Shayma aprenden a nadar en la piscina.  © ACNUR/J.Bävman

GRIMSTAD, Noruega, 15 de febrero de 2016 (ACNUR) – Destacándose como nadador en un pueblo de pastores nómadas, Abdullahi Yusuf Jibril siempre fue un poco diferente de la mayoría. Pero hoy en día, como refugiado somalí en Noruega, realmente está causando sensación.

El joven de 26 años llegó a Grimstad, un pequeño pueblo en la costa suroeste de Noruega, en 2013. Luego de tomar un curso en la piscina local, fue aprobado como instructor y ahora enseña a otros refugiados a nadar.

"Me siento muy orgulloso de mí mismo, pues llevo menos de tres años viviendo en Noruega", dice. "Amo nadar y me gusta enseñar a las personas, tanto niños como adultos, y me gustaría integrarme al país y aprender a comunicarme con los demás".

Abdullahi desempeña un papel importante en los esfuerzos de Grimstad para la integración de los recién llegados, ayudando a los refugiados a sumergirse – literalmente – en la sociedad noruega. Las clases de natación son consideradas tanto una habilidad que salva vidas como una herramienta para ayudar a los refugiados a adquirir confianza y establecerse.

De igual manera, son parte de una campaña nacional que busca alentar a las autoridades locales a mejorar las habilidades de natación de los inmigrantes, luego de varios ahogamientos. En 2015, el Gobierno asignó 7 millones de coronas noruegas (0,7 millones de euros) en subvenciones a los municipios, destinados a clases de natación. Como resultado, el programa de natación para refugiados de Grimstad ha crecido rápidamente.

Para Abdullahi, quien llegó a Noruega a través de Turquía y cruzando el Mediterráneo, la enseñanza de la natación es ahora un trabajo de medio tiempo que puede desempeñar cuando no está estudiando de tiempo completo en el programa oficial de introducción para refugiados.

"Para mí, lo más importante es enseñar a los niños a nadar", dice. "Ya sean niños refugiados o niños noruegos".

"Aunque no puedo comunicarme con algunas de las personas a las que enseñamos, puedo demostrar mis habilidades y utilizo mucho el lenguaje corporal. Siempre recibimos retroalimentación positiva de los padres, quienes nos comentan que sus hijos están mejorando".

Abdullahi enseña a los refugiados sirios Shayma y Omar a nadar.  © ACNUR/J.Bävman

Basem Ajam, un ebanista de Damasco, no había siquiera oído hablar de Noruega antes del verano de 2015. En ese tiempo, fue elegido para abandonar el Líbano, a donde había huido desde Siria, bajo un esquema en el que Noruega acogerá a hasta 8.000 sirios en busca de asilo durante los próximos tres años.

Ahora sus dos hijos mayores, Omar, 10, y Shayma, 9, le han tomado el gusto al agua – gracias a Abdullahi. "Los niños también juegan fútbol, pero prefieren la natación, les gusta", comenta Basem. En su primer día de clases, Omar fue con sus compañeros a la playa. Cuando le preguntan lo que hizo el verano pasado, dice: "Nadé".

El Club de Natación de Grimstad es fundamental para el programa de refugiados de Noruega. Dirigido por voluntarios, su lema – "Diversión, cohesión y competencia" – resume a la perfección su espíritu. La Federación Noruega de Natación, a la cual pertenece el club, tiene como objetivo explícito promover el multiculturalismo a través de la integración social y afirma que el aspecto social de la natación favorece las nuevas amistades, así como la salud mental de los refugiados.

Es, también, una lección de etiqueta social. "Eso es la integración", dice Astrid Aasen, una consultora que trabaja con los refugiados en Grimstad. "Acostumbrarse a las reglas y adaptarse".

La refugiada siria Shayma Ajam aprendiendo a nadar en Grimstad.  © ACNUR/J.Bävman

A las ocho de la mañana de cada domingo, las "damas", como ella las llama, de Tanya Røskar, desafían tormentas de hielo y nieve para esperarla en los escalones que llevan a la piscina. Las "damas" son mujeres musulmanas refugiadas, que asisten a su clase semanal de natación sólo para mueres.

"El agua es parte importante de la vida en Noruega, así que nadar es una parte integral de la sociedad", dice Tanya, una instructora de natación voluntaria.

A menudo hay abrazos y lágrimas, comenta, porque las mujeres se conmueven con sus logros. Hace unas semanas ocho de ellas tenían demasiado miedo de saltar, pero hacia el final de la clase, todas menos una se zambullían de clavado.

"Aprendiendo a nadar te integras más y puedes ser parte de este modo de vida, sin sentir tanto temor, sin miedo a lo desconocido", dice Tanya. "Es importante para la integración a la sociedad noruega, y para los miembros noruegos del club también, contar con personas de otras nacionalidades que se reúnen en los entrenamientos, trabajando y divirtiéndose, aprendiendo juntos".

Hakime Moradi, de Afghanistan, es una de las mujeres en la clase de Tanya. "No puedo nadar con los hombres, pero nado en el grupo de las mujeres el domingo por la mañana", dice. "No nado bien, y es más fácil para mí en el grupo de las mujeres. Puedo hablar con las otras mujeres, y la pasamos bien juntas".

Su esposo, Safar Amiri, y dos hijos adolescentes, Sadjad y Mohammad, también son parte de los alrededor de 80 refugiados de Grimstad que están aprendiendo a nadar – una habilidad básica en este país de lagos, islas y fiordos.

Comenzar una vida en un país desconocido es, por analogía, como lanzarse a lo más profundo de la piscina sin saber nadar. Sin embargo, Grimstad espera que, con esta nueva habilidad, los refugiados tengan mayores oportunidades de mantenerse a flote.

"Es increíble para mí haber podido llegar a la posición en la que me encuentro hoy después de tan solo dos años, y que mi experiencia pueda beneficiar a otros", dice Abdullahi. "Estoy muy contento de estar enseñando natación".

Por David Crouch, Noruega.

Gracias a la Voluntaria en Línea Violeta Laura Nadurille Hillmann por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.