Mujeres saharauis se ponen detrás del volante en nueva escuela de manejo

Con el apoyo del ACNUR y venciendo los prejuicios, un grupo de mujeres refugiadas en Argelia ha creado una escuela de manejo para mujeres en un campamento de refugiados.

Las fundadoras de la escuela de manejo para mujeres, Mana a la izquierda y Ghalia a la derecha, posan orgullosas junto a su vehículo.  © ACNUR/R.Fraser

TINDOUF, Argelia, 27 de Abril de 2016 (ACNUR) – Cuando Mana Mustafa súbitamente entró en labor de parto, ir hacia el hospital con su hermana mayor Ghalia no fue un problema – un vecino las llevó. Pero regresar a casa a través del Desierto del Sahara para recoger unos muy necesarios implementos de bebé sí lo fue.

"Debido a nuestra rápida partida, no hubo tiempo de traer nada al hospital: ni cosas para la cama, ni ropa ni pañales para el bebé", explica Mana, de 22 años de edad.

Incapaz de manejar, Ghalia, de 31 años, tenía pocas opciones además de caminar varios kilómetros de vuelta a su hogar en el campamento de Dakhka para recoger algunos artículos, lo que resultaba complicado por el peso que había que cargar de vuelta al hospital, a pie. Tuvo que esperar horas antes de que pudiera conseguir quien la llevase al centro asistencial, debido a que como muchas mujeres saharauis, no podía manejar.

Pero en vez de caer en la frustración y la impotencia, ella y Mana se pusieron en acción. Motivadas por la experiencia, idearon un plan para fundar una escuela de manejo en Dakhla sólo para mujeres, para quienes estar detrás del volante es aún considerado como poco común, aunque las actitudes conservadoras saharauis han comenzado a cambiar.

"Esta percepción está cambiando rápidamente, ya que la necesidad de que las mujeres manejen está siendo reconocida por la comunidad – muchas familias no tienen una constante presencia masculina, por lo que las mujeres de tales familias son dependientes de otros para su transporte", dijo Ghalia.

Dakhla es uno de los cinco campamentos del suroeste de Argelia en el que miles de saharauis se han asentado desde mediados de los 70 huyendo del conflicto en el territorio de Sahara Occidental. Cuarenta años después, el ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, continúa asistiendo a 90.000 refugiados saharauis vulnerables, quienes dependen de la ayuda humanitaria.

Su situación de desplazamiento prolongado y sus perspectivas limitadas, particularmente para jóvenes como Ghalia y Mana, quienes nacieron y fueron criadas en los campamentos, alimentan la frustración. Ello se agrava con el aislamiento de Dakhla, que es el campamento más alejado de Tindouf, la única ciudad de cierto tamaño en un área escasamente poblada.

El proyecto de Ghalia y Mana – que han llevado a cabo junto a otras dos mujeres del campamento – es uno de los muchos seleccionados a finales del año pasado por el ACNUR y OXFAM Bélgica que buscan empoderar a la juventud e impulsar el espíritu comunitario. Se prevé que se abra en otoño, y será desarrollado por las propias mujeres, con la guía y entrenamiento del ACNUR y sus socios.

"La escuela de manejo es exactamente el tipo de proyecto que necesitamos para mejorar los medios de vida de los refugiados saharauis, especialmente los jóvenes, a quienes no les faltan las grandes ideas y saben lo que necesitan", explicó Isabel Selles Zaragozi, titular de la suboficina del ACNUR en Tindouf.

"Junto a nuestros socios humanitarios, hemos provisto para las necesidades básicas como alimentación, agua y salud. Es hora de que invirtamos también en oportunidades para empoderar a la comunidad y crear proyectos de medios de vida sostenibles, especialmente para las generaciones jóvenes – y esto es lo que hemos comenzado a hacer en los últimos años", añadió.

Mana será la directora de la escuela y Ghalia su asistente. Planean inscribir a 100 estudiantes mujeres en los primeros ocho meses y ya tienen seleccionado a quien fungirá como instructor. Una vez abierta, la escuela va a dar trabajo a cinco personas.

Mohamed Abdelhay, quien encabeza estos proyectos juveniles para OXFAM, es de hecho un refugiado saharaui. Él dijo: "La generación joven tiene mucha educación y experiencia adquirida fuera de los campamentos, pero no tiene aún la oportunidad de aplicar sus talentos constructivamente, o de alcanzar su potencial. Establecer proyectos dirigidos a las necesidades sociales reales les ayudará en ese sentido".

Cuando le preguntamos cómo se sentirá cuando vea a las graduadas manejar, Mana fue clara: "Seré muy feliz", dijo. "Las mujeres serán libres de moverse sin depender de otros".

Por Russell Fraser en Tindouf, Argelia.

Gracias al Voluntario en Línea Omar Hernández por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.