Más de un millón de niños huyen de la violencia en Sudán del Sur

Los niños y niñas representan el 62% de los más de 1,8 millones de refugiados sursudaneses que han sido desarraigados por los tres años de un conflicto en aumento en Sudán del Sur, según cifras de la ONU.

Una bebé de un mes duerme sobre una estera en el campamento de refugiados de Bidbidi, Uganda.  © ACNUR/David Azia

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS BIDBIDI, Uganda, 08 de mayo de 2017 (ACNUR) – Cuando unos merodeadores armados acorralaron su hogar en Yei, Sudán del Sur, Aisha, madre de dos, huyó a pie con su hijo más joven atado a su espalda.

En el camino hacia la frontera, el grupo fue detenido por unos hombres armados. Cuando les ordenaron arrodillarse, Aisha creyó que los matarían.

"Nos atacaron y querían matarnos, pero yo llevaba un niño pequeño", dijo Aisha, convencida de que la mirada del niño de cuatro años, Jonathan, fue la que les salvó la vida.

"Cuando me vieron así, solo me dijeron que me fuera".

Durante el ataque, su hijo mayor, Godwin, de 13 años, sintió el grave peligro en el que estaban y se preocupó. Pero Aisha continuó asegurándole que todo estaría bien, y se enfocó en mantener el espíritu de los niños mientras caminaban por los bosques de Uganda.

"Nos atacaron y querían matarnos, pero yo llevaba un niño pequeño"

"Alenté a los niños. Les dije que todo mejoraría. Que vinimos aquí buscando protección, ya que algo había pasado en nuestro hogar. Pero que en algún tiempo, todo estaría bien".

Godwin y Jonathan, quienes ahora están seguros en el campamento para refugiados Bidbidi, son parte de los más de un millón de niños que han huido de los más de tres años de conflicto en Sudán del Sur, anunciaron hoy el UNICEF y el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

Según los últimos datos de la ONU, los niños y niñas representan el 62% de los más de 1,8 millones de refugiados sursudaneses. La mayoría han llegado a Uganda, Kenia, Etiopía y Sudán.

Dentro de Sudán del Sur, más de mil niños han sido asesinados o heridos desde que comenzó el conflicto en 2013, mientras que alrededor de 1,4 millones de menores han sido desplazados internamente.

Cerca de tres cuartas partes de los niños y niñas del país no van a la escuela, el porcentaje más alto de menores no escolarizados a nivel mundial.

Los traumas, los trastornos físicos, el miedo y el estrés que han sufrido tantos niños representan solo una parte del peaje que se está cobrando esta crisis. Los menores corren el riesgo de ser reclutados por parte de las fuerzas y grupos armados y, con las estructuras sociales tradicionales dañadas, son muy vulnerables a la violencia, los abusos sexuales y la explotación.

Más de 75.000 niños en Uganda, Kenia, Etiopía, Sudán y la República Democrática del Congo han cruzado la frontera desde Sudán del Sur solos o separados de sus familiares.

  • Un refugiado de Sudán del Sur mira hacia fuera de un camión antes de ser transportado al recientemente establecido campamento de Impevi, en el centro de recepción Imvepi, Distrito de Arua, Región Norte, Uganda.
    Un refugiado de Sudán del Sur mira hacia fuera de un camión antes de ser transportado al recientemente establecido campamento de Impevi, en el centro de recepción Imvepi, Distrito de Arua, Región Norte, Uganda. © ACNUR/David Azia
  • Gire Karyot, de siete meses de edad, refugiada sursudanesa, cuya familia fue desplazada de Kajo Keji, Sudán del Sur, sonríe mientras es sostenida por su madre en el centro de recepción Imvepi, Distrito de Arua, Región Norte, Uganda.
    Gire Karyot, de siete meses de edad, refugiada sursudanesa, cuya familia fue desplazada de Kajo Keji, Sudán del Sur, sonríe mientras es sostenida por su madre en el centro de recepción Imvepi, Distrito de Arua, Región Norte, Uganda. © ACNUR/David Azia
  • Los refugiados sursudaneses miran hacia fuera de un carro antes de ser transportados al recientemente establecido campamento de Imvepi, en el centro de la recepción de Imvepi, districto de Arua, región norteña, Uganda. El asentamiento Imvepi se abrió en febrero de 2017 para hacer frente a la gran afluencia de refugiados de Sudán del Sur.
    Los refugiados sursudaneses miran hacia fuera de un carro antes de ser transportados al recientemente establecido campamento de Imvepi, en el centro de la recepción de Imvepi, districto de Arua, región norteña, Uganda. El asentamiento Imvepi se abrió en febrero de 2017 para hacer frente a la gran afluencia de refugiados de Sudán del Sur. © ACNUR/David Azia
  • Un refugiado de Sudán del Sur se encuentra en los colchones colocados en el suelo en el centro de recepción Imvepi, Distrito Arua, Región Norte, Uganda. Los colchones son sólo algunos de los objetos personales que los refugiados llevaron con ellos a través de la frontera a Uganda.
    Un refugiado de Sudán del Sur se encuentra en los colchones colocados en el suelo en el centro de recepción Imvepi, Distrito Arua, Región Norte, Uganda. Los colchones son sólo algunos de los objetos personales que los refugiados llevaron con ellos a través de la frontera a Uganda. © ACNUR/David Azia
  • Refugiados de Sudán del Sur hacen fila para registrarse en el centro de recepción Impevi, Distrito Arua, Región Norte, Uganda.
    Refugiados de Sudán del Sur hacen fila para registrarse en el centro de recepción Impevi, Distrito Arua, Región Norte, Uganda. © ACNUR/David Azia
  • La refugiada sursudanesa Opani Lilias, de 28 años de edad, con su única hija, Brenda, de 21 meses, recibe una lona de un miembro de la Cruz Roja de Uganda, uno de los artículos de asistencia proporcionados a los refugiados en el recién establecido campamento de Imvepi, distrito de Arua, Región Norte, Uganda.
    La refugiada sursudanesa Opani Lilias, de 28 años de edad, con su única hija, Brenda, de 21 meses, recibe una lona de un miembro de la Cruz Roja de Uganda, uno de los artículos de asistencia proporcionados a los refugiados en el recién establecido campamento de Imvepi, distrito de Arua, Región Norte, Uganda. © ACNUR/David Azia
  • La refugiada sursudanesa Aisha Christie, de 28 años, fuera de su albergue en el campamento de refugiados de Bidbidi, Distrito de Yumbe, Región Norte, Uganda. Christie tiene dos hijos, Jonathan y su hijo Godwin de trece años. También cuida de los dos hijos de su hermana: los gemelos de seis años Godfrey y Phillip. Además, recientemente se ha convertido en madre adoptiva de una niña abandonada en el asentamiento a quien ha llamado Mercy. Piensa que Mercy tiene unos cuatro años.
    La refugiada sursudanesa Aisha Christie, de 28 años, fuera de su albergue en el campamento de refugiados de Bidbidi, Distrito de Yumbe, Región Norte, Uganda. Christie tiene dos hijos, Jonathan y su hijo Godwin de trece años. También cuida de los dos hijos de su hermana: los gemelos de seis años Godfrey y Phillip. Además, recientemente se ha convertido en madre adoptiva de una niña abandonada en el asentamiento a quien ha llamado Mercy. Piensa que Mercy tiene unos cuatro años. © ACNUR/David Azia

Aisha, además de cuidar a sus propios hijos, también se encarga de sus sobrinos gemelos de seis años, Godfrey y Pilip, después de que se separaran de su hermana cuando ella huía. Recientemente ella también se convirtió en madre adoptiva de Mercy, una niña de cuatro años, que tiene una discapacidad y que fue encontrada sola en el campamento.

Ella y los niños ahora viven en una nueva choza de barro o tukul que construyó de hierba y ladrillos de barro que ella misma hizo.

Aisha sueña con que sus hijos asistan a la escuela y que ella reciba el apoyo que necesita para alimentarlos y que puedan crecer fuertes y educados, y que así puedan cuidar de ella cuando esté mayor.

"Yo solo sueño con que ellos encuentren una forma de estudiar y que yo los pueda alimentar. O si alguien nos ayuda, porque yo no puedo. Yo solo le pido a Dios que nos abra otro camino para que puedan ayudarme en un futuro".

"Yo solo sueño con que ellos encuentren una forma de estudiar y que yo los pueda alimentar"

ACNUR brinda albergue a más de medio millón de refugiados sursudaneses en el norte de Uganda y está preparando urgentemente asentamientos para albergar a 300.000 recién llegados. Es necesario un mayor apoyo para asegurar que cada familia refugiada tenga un lugar seguro para vivir y que reciba asistencia humanitaria urgente.

Las familias refugiadas que huyen buscando albergue y seguridad enfrentan una doble catástrofe, a medida que la temporada lluviosa se acerca. Los niños están más expuestos a los riesgos de salud y protección que provoca un albergue inadecuado, y necesitan urgentemente su apoyo.

Por Claire McKeever