Campesinos bengalíes acogen a refugiados rohingyas

Presenciando el drama de los refugiados provenientes de Myanmar, campesinos les han ofrecido tierra para que construyan refugios temporales y comiencen de nuevo.

Ibrahim Khalil, un jornalero y conductor de grúas de 25 años, que huyó de Ramadi hace tres años cuando grupos extremistas llegaron a la ciudad, muestra la casa de un vecino, destruida por explosivos.  © ACNUR/Caroline Gluck

RAMADI/FALUYA, Irak – Ibrahim Khalil señala al edificio medio destruido que fue el hogar de su familia en el barrio Al Aramil de Ramadi, 100 km al oeste de Bagdad, la capital iraquí. "Nuestra casa estaba llena de vida; estábamos muy orgullosos de ella y no la cambiábamos por nada", afirma.

El jornalero y conductor de grúas de 25 años huyó de Ramadi hace tres años con su esposa, su madre y sus hermanas cuando grupos extremistas llegaron a la ciudad. Se marcharon apresuradamente, de una forma tan precipitada que incluso dejaron documentos y algunos ahorros en su hogar.

La familia pasó los dos años siguientes en un campamento para desplazados en Bzeibiz, pero cuando el gobierno volvió a tomar el control de la ciudad a principios de 2016, Ibrahim cautelosamente se arriesgó a volver para evaluar los daños.

"Toda esta zona estaba llena de armas trampa y tuvimos que pagar equipos de desminado para limpiar nuestra calle. Solo en este lugar encontraron 13 dispositivos explosivos", asegura mientras señala a su hogar, destruido a la mitad por las explosiones de armas trampa similares a las depositadas en la casa de su vecino, de la que solo quedan ruinas.

"Se habían llevado todo el mobiliario, el dinero y los documentos. No quedaba nada", explica. Una habitación amplia permanece completamente demolida, y parte del techo se encuentra a cielo abierto.

"Toda esta zona estaba llena de armas trampa y tuvimos que pagar equipos de desminado para limpiar nuestra calle."

Ramadi sufrió cuantiosos perjuicios durante meses de lucha para recuperar la ciudad, e incluso ahora, un año y medio después de que terminara la batalla, una gran parte de la ciudad todavía yace en ruinas. A pesar de la devastación, 62.000 familias desplazadas, el equivalente a unos 370.000 individuos, han regresado para empezar la tarea de reconstruir sus vidas.

Los residentes indican que han contado con poca ayuda externa para los esfuerzos de reconstrucción. Como consecuencia, muchas familias han asumido significativas deudas con el fin de comenzar a reconstruir sus hogares.

  • Ibrahim Khalil, un jornalero y conductor de grúas de 25 años, en el interior de una de las habitaciones que se vio perjudicada en su casa de Ramadi, Irak.
    Ibrahim Khalil, un jornalero y conductor de grúas de 25 años, en el interior de una de las habitaciones que se vio perjudicada en su casa de Ramadi, Irak. © ACNUR/Caroline Gluck
  • Ibrahim Khalil, un jornalero y conductor de grúas de 25 años, cerca de una ventana rota en su casa, cuyo techo se encuentra a cielo abierto.
    Ibrahim Khalil, un jornalero y conductor de grúas de 25 años, cerca de una ventana rota en su casa, cuyo techo se encuentra a cielo abierto. © ACNUR/Caroline Gluck
  • El barrio Al Aramil, en Ramadi, ha sido gravemente perjudicado. Muchas casas fueron destruidas por armas trampa.
    El barrio Al Aramil, en Ramadi, ha sido gravemente perjudicado. Muchas casas fueron destruidas por armas trampa. © ACNUR/Caroline Gluck
  • Ammar Sajit Mutlaq, de 40 años y padre de seis hijos, junto a su familia en el interior de su hogar, que sufrió una gran cantidad de daños y en el que se encuentran visibles todavía marcas de quemaduras.
    Ammar Sajit Mutlaq, de 40 años y padre de seis hijos, junto a su familia en el interior de su hogar, que sufrió una gran cantidad de daños y en el que se encuentran visibles todavía marcas de quemaduras. © ACNUR/Caroline Gluck
  • La familia ha intentado decorar su sobria casa, que sufrió un gran número de perjuicios, para aportarle algo de alegría.
    La familia ha intentado decorar su sobria casa, que sufrió un gran número de perjuicios, para aportarle algo de alegría. © ACNUR/Caroline Gluck

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus ONG socias han ayudado a más de 500 familias en Ramadi, como la de Ibrahim, mediante la realización de reparaciones de viviendas por un valor máximo de 5.000 dólares. Otras 150 familias cuyos hogares quedaron totalmente destruidos o inhabitables han sido alojadas temporalmente en unidades habitacionales para refugiados.

En el caso de Ibrahim, la asistencia de ACNUR le ha permitido re cubrir dos habitaciones, reemplazar ventanas y puertas rotas y renovar la instalación eléctrica. Pero todavía queda mucho por hacer. "La falta de dinero es la principal dificultad a la que nos enfrentamos", explica. "Quiero finalizar todas las reparaciones de la casa. Mi hijo solo tiene dos años y medio, y espero que no tenga que experimentar todos los problemas y dificultades por los que hemos pasado".

La situación es similar en Faluya, a unos 50 kilómetros al este de Ramadi de camino a la capital iraquí. Unos 400.000 residentes que fueron desplazados por la lucha para recuperar la ciudad tomada por grupos armados han retornado después de que la operación militar terminara hace aproximadamente un año.

A pesar de que la destrucción al conjunto de la ciudad fue menos grave que en Ramadi, muchos hogares quedaron parcialmente destrozados, saqueados o perjudicados por el fuego. A su regreso a la ciudad hace siete meses, el antiguo conductor de taxis y padre de seis hijos Ammar Sajit Mutlaq, de 40 años, encontró su hogar todavía en pie, pero quedó desolado al descubrir que habían prendido fuego al edificio.

"Necesitamos más colaboración para ayudarles a reconstruir sus hogares y sus vidas y recobrar confianza en el futuro."

"Era una casa recientemente construida; todo era completamente nuevo y lo perdimos", afirma. Incluso hoy, un ligero olor a humo todavía perdura dentro, y las paredes interiores y el techo permanecen ennegrecidos por el fuego. "Quedamos desolados. Estábamos muy orgullosos de nuestro hogar", añade Bahiya, la esposa de Ammar.

ACNUR ha ayudado a Ammar y a otras 600 familias en la ciudad con reparaciones de viviendas, al mismo tiempo que 443 han sido alojadas en unidades habitacionales para refugiados. "Estamos muy agradecidos por la ayuda que hemos recibido", asegura Ammar mientras señala a las paredes revocadas, las ventanas nuevas y el techo reparado. "Nunca podríamos habernos permitido hacerlo nosotros mismos".

Algunos de los residentes de Ramadi y Faluya afirmaron que sus experiencias contienen lecciones para aquellos que tuvieron que desplazarse durante la batalla de Mosul y que ahora retornan a casa. En Ramadi, que sufrió niveles de perjuicios similares a los de Mosul, Ibrahim dio el siguiente consejo: "Sean pacientes. No va a ser fácil. Pero intenten valerse por ustedes mismos. La situación va a ser difícil, pero todo lo que ha empezado ha de tener un final".

"Irak se enfrenta todavía a enormes desafíos debido a la crisis masiva de desplazamientos internos y la gran cantidad de trabajo necesario para reconstituir las principales zonas de conflicto", explica Bruno Geddo, Representante de ACNUR en Irak.

"Al mismo tiempo que nos centramos en Mosul, no deberíamos olvidarnos de las dificultades a las que se enfrentan los que retornan a sus lugares de origen en Faluya y Ramadi. Necesitamos más colaboración para ayudarles a reconstruir sus hogares y sus vidas y recobrar confianza en el futuro".

Por Caroline Gluck

Gracias al Voluntario en Línea Miguel Pozo Merino por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.