Angola gana la etapa Río de Janeiro de la Copa de los Refugiados 2018

Alrededor de 150 jugadores de ocho nacionalidades estuvieron en el campo con la misma determinación que los caracteriza fuera de la cancha.

La selección de Angola posa para la foto con el trofeo de campeón de la etapa Río de Janeiro de la Copa de los Refugiados 2018.

La selección de Angola posa para la foto con el trofeo de campeón de la etapa Río de Janeiro de la Copa de los Refugiados 2018.  © ACNUR/MiguelPachioni

Rio de Janeiro, 06 de agosto de 2018 (ACNUR) – Con mucha garra y determinación, el equipo de Angola ganó en el último fin de semana la etapa carioca de la Copa de los Refugiados 2018. Inédito en la ciudad, el torneo realizado por la ONG África do Coração reunió 150 jugadores refugiados y migrantes que representaron sus respectivas nacionalidades.

Además del equipo angoleño, compitieron en el torneo los equipos de Colombia, Guinea-Bissau, Haití, República Democrática del Congo, Senegal, Siria y Venezuela –que quedó en el 2.º lugar. Angola ganó todos los partidos jugados y fue el equipo que más goles anotó (15 en cuatro partidos), sin sufrir ninguna anotación en su contra.

“Además de la copa de campeones, llevamos a casa el sentimiento de armonía entre los refugiados de Rio de Janeiro y el mensaje de que somos personas como cualquier otra, que amamos el fútbol como los brasileños también lo aman”, dijo el capitán del equipo angoleño, Julson Love, de 31 años.

La propuesta de la Copa de los Refugiados sobrepasa la competencia y promueve la integración entre los jugadores, trae más visibilidad al tema del asilo en el país y evidencia las habilidades y conocimientos de esa población.

En Brasil, donde el fútbol es una pasión, las prácticas deportivas como la Copa de los Refugiados sirven para incluir y dar protección a las personas refugiadas y solicitantes de asilo. Además, estas actividades constituyen un catalizador de empoderamiento y autoestima, que contribuye a la cohesión social y al estrechamiento de los lazos con las comunidades de acogida.

“Brasil es un país en que los derechos son para todos, y eso es muy bueno.  La legislación vigente para los brasileños es la misma para los refugiados y eso es muy importante porque somos iguales, con los mismos sueños: tener un trabajo digno, continuar los estudios, formar una familia”, dijo el jugador Ambrósio, refugiado congoleño de 23 años.

Viviendo en Brasil desde hace dos años, Ambrósio está realizando sus estudios de grado en gestión de recursos humanos con el fin de alcanzar sus objetivos de vida.   Su equipo no logró clasificar tras perder contra Siria en la definición por penales.  Pero eso no generó ningún tipo de resentimiento. 

El sirio Ali Soliman, de 23 años, vive en Brasil desde hace un año y ocho meses. Su llegada es reflejo de las atrocidades generadas por la guerra en Siria, que ya cumple su séptimo año.

“Vine a Brasil porque tuve que dejar mi país y no me imaginaba que esta guerra iba a durar  hasta el día de hoy.  Estudiaba Matemáticas, pero no pude seguir. Mi universidad quedó sin profesores y sin aulas. Toda mi familia sigue en Siria y los extraño, pero mi vida en Brasil es buena. Consigo mantenerme con la venta de empanadas en Río de Janeiro, como muchos de mis compañeros de equipo”, dijo.

Jugadores de Angola y de Venezuela se saludan al final del partido, evidenciando el espíritu de amistad e integración de la Copa de los Refugiados.

Jugadores de Angola y de Venezuela se saludan al final del partido, evidenciando el espíritu de amistad e integración de la Copa de los Refugiados.  © ACNUR/MiguelPachioni

En medio de los partidos de la Copa de los Refugiados, los deportistas recuerdan las dificultades que enfrentaron al llegar al país, como el aprendizaje de los idiomas, los contratos de alquiler y la búsqueda de empleo – además de la nostalgia por aquellos que se quedaron en su país de origen.

Manuel Moreira es venezolano y llegó a Brasil hace ocho años, para continuar con sus estudios, acompañado de su esposa, ambos geoquímicos. Hoy, con 38 años, tiene la seguridad de que no es el momento de retornar a su país de origen.

“Cuando mi esposa y yo llegamos, vinimos para hacer una maestría solo por dos años. Pero las cosas fueron empeorando en nuestro país y entonces decidimos seguir aquí y hacer doctorado, pensando que en cuatro años las cosas estarían mejor.  Ya hemos hecho el posdoctorado y la situación en Venezuela sigue siendo muy delicada”, dijo.

La ceremonia de apertura de la Copa de Refugiados, realizada en el Estadio de Maracaná, contó con la presencia del Alcade de la ciudad, Marcelo Crivella, representantes de empresas patrocinadoras y organizaciones de la sociedad civil. La gdirectora de Diversidad e Inclusión de Sodexo On-site, Lilian Rauld, confirmó los valores y conocimientos que las personas refugiadas y solicitantes de asilo agreaportan al sector privado.

“Las personas refugiadas son una parte fundamental de Sodexo, e integran nuestro equipo hace varios años.  En Brasil, tenemos 35 mil empleados y más de 85 refugiados y migrantes entre ellos, siendo esta una relación donde todos ganan: la persona se desarolla y la empresa ha mejorado sus resultados y desempeño. Es fantástico tener un equipo diverso porque estas personas van a traer innovaciones y aportar conocimientos”, aseguró Rauld.

Jugadores de Siria celebran la clasificación tras de eliminar a la selección de la República Democrática del Congo en los penales, durante la Copa de los Refugiados.

Jugadores de Siria celebran la clasificación tras de eliminar a la selección de la República Democrática del Congo en los penales, durante la Copa de los Refugiados.  © ACNUR/Miguel Pachioni

La Copa de los Refugiados 2018 inició en junio, en Porto Alegre.  Esta primera etapa la ganó Senegal. La próxima etapa se llevará a cabo en São Paulo, entre los meses de agosto a setiembre, incluyendo a 16 selecciones.

Además de los partidos, la etapa de la Copa de los Refugiados en Río de Janeiro promovió paseos culturales con niños refugiados a Acqua Rio, al Museo de la República y parques de atracciones. También promovió el debate con mujeres refugiadas en el Centro Cultural Banco do Brasil, donde se discutieron los límites y posibilidades de la mujer refugiada y migrante en el país.

Benazira Djoco, refugiada de Guinea-Bissau y embajadora de África do Coração, hizo un llamado para que se invierta en la integración de las personas refugiadas, sobre todo de las mujeres.

“Les pido a las empresas que estén dispuestas a capacitar y emplear refugiadas. Sé que el país tiene muchos problemas, pero solo necesitamos na oportunidad para demostrar nuestra capacidad”, dijo la guineana, que llegó a Brasil en 2001 cuando tenía 15 años de edad.

Las acciones realizadas contaron con el apoyo de la Agencia de la ONU para Refugiados (ACNUR), de la Secretaría Municipal de Asistencia Social y Derechos Humanos, de Cáritas Río de Janeiro, de la red Sesc/Senac y de las empresas Eletrobras Furnas y Sodexo.

Gracias a la Voluntaria en Línea Célia Rodríguez Neves por el apoyo ofrecido con la traducción del portugués de este texto.