"Ahora les toca a ellas": Informe de ACNUR revela preocupante brecha en la educación de las niñas refugiadas

Los niños compiten para llamar la atención de sus maestros en una de las seis escuelas primarias del campamento de refugiados de Mbera. A cambio, leerán un texto en la pizarra frente a sus compañeros de clase. Este ejercicio les ayuda a ganar confianza en sí mismos al mostrar sus habilidades en público, pero también ayuda a toda la clase a memorizar información.  © ACNUR/Helena Pes

"Ahora les toca a ellas", un nuevo informe de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, revela que las niñas refugiadas en edad de recibir educación secundaria tienen solo la mitad de las posibilidades de inscribirse a la escuela que sus compañeros de sexo masculino, aunque las niñas constituyan la mitad de la población refugiada en edad escolar.

El acceso a la educación es un derecho humano fundamental. Sin embargo, para los millones de mujeres y niñas que hacen parte de la creciente población refugiada en el mundo, la educación sigue siendo una aspiración, en vez de una realidad.

Para todos los niños y niñas refugiados en el mundo, las puertas de la escuela son mucho más difíciles de abrirse que para sus compañeros que no son refugiados. Para las niñas refugiadas, es aún más difícil encontrar – y mantener – un lugar en las aulas. Al crecer, las niñas refugiadas son marginalizadas aún más y la brecha de género en las escuelas de educación secundaria se ensancha.

"Ha llegado el momento en que la comunidad internacional reconozca la injusticia de negarles a las mujeres y niñas refugiadas una educación", dijo Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. "Estos hallazgos son una llamada de atención a nivel mundial, e insto a todos a que se unan a nosotros para exigir que 'Ahora les toque a ellas'".

El informe de ACNUR revela que las costumbres socioculturales imponen a menudo que los niños tengan prioridad sobre las niñas en la inscripción a clases. Las carencias en las estructuras, como la falta de servicios higiénicos apropiados y suministros sanitarios, pueden impedir que las niñas tengan acceso a las escuelas. Otros obstáculos, como el costo de los libros, de los uniformes y del traslado a la escuela, pueden resultar prohibitivos para las familias refugiadas.

"Encontrar soluciones para los desafíos a los cuales se enfrentan las niñas refugiadas que se esfuerzan por ir a la escuela requiere acciones a todos los niveles – desde los ministerios nacionales de educación a las instituciones de capacitación del personal docente, en las comunidades y en las aulas", añadió Grandi. "Hay barreras enormes que superar. Pedimos un esfuerzo internacional para cambiar el rumbo".

Para ayudar a las niñas refugiadas a recibir una educación de calidad, el informe de ACNUR indica acciones y políticas efectivas y viables.

Si los adultos refugiados pudieran trabajar para sustentar a sus familias, también estarían más dispuestos a mantener a sus hijos en la escuela.

Ninguna niña debería faltar a clases porque el traslado a la escuela es demasiado largo o peligroso. Las niñas refugiadas necesitan más protección contra el acoso, la agresión sexual y el secuestro en el camino a la escuela.

También hay una necesidad urgente de contratar y capacitar a más docentes mujeres, tanto de las comunidades de acogida, como refugiadas, para asegurar que promuevan buenas prácticas y pongan en guardia contra aquellos comportamientos que podrían disuadir a las niñas de ir a la escuela.

El informe demuestra que para las niñas refugiadas la educación es una herramienta de protección. Reduce la vulnerabilidad a la explotación, la violencia sexual y de género, los embarazos en la adolescencia y los matrimonios infantiles. Además, si todas las mujeres recibieran una educación primaria, las muertes infantiles causadas por diarrea, malaria y neumonía se desplomarían.

La educación es también una herramienta de empoderamiento. Más avanzan las niñas en sus estudios, más desarrollarán habilidades de liderazgo, emprendeduría, autosuficiencia y resiliencia.

Estas ventajas son ilustradas con claridad por los individuos entrevistados en el informe – desde los adolescentes burundeses y ruandeses en la Escuela L de Paysannat, justo afuera del campamento de refugiados de Mahama, que estudian juntos y se han convertido en grandes amigos, a la maestra rohinyá, que dedica sus noches a enseñarles a los muchos recién llegados de su comunidad, que huyeron de la violencia en Myanmar.

"Si continuamos descuidando la educación de las niñas refugiadas, está claro que las consecuencias se sufrirán por generaciones", afirmó Grandi. "Ha llegado el momento de hacer de la educación de las niñas refugiadas una prioridad".

Tan solo el 61 por ciento de los niños y niñas refugiados tiene acceso a la educación primaria, en comparación con un promedio internacional del 91 por ciento. Con respecto a la educación secundaria, solo el 23 por ciento de los adolescentes refugiados va a la escuela, en comparación con el 84 por ciento a nivel mundial.

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