Para estos scouts, "ir de camping" significa volver a casa

Resettled to the United States, a group of Myanmar refugee boys joined the Scout movement, expanded their horizons, and recently returned to visit their relatives in a camp in Thailand. [for translation]

Reunidos después de siete años, los refugiados reasentados Lwel Say (izquierda), Lwel Gay Htoo y su tía Tha Dah Wah pasean por el campamento de Mae La, donde nacieron y se criaron.  © ACNUR/K.Suntayodom

Campamento de Mae La, Tailandia, 29 de septiembre de 2015 (ACNUR) – Viven bajo el lema "Siempre listos" como miembros de la tropa de Utah de la federación de Scouts de los Estados Unidos. Pero nada les podía preparar para la avalancha de emociones que les sobrevino en el campamento de refugiados de Mae La.

Los dieciocho chicos refugiados de Myanmar volaron con su líder scout desde Salt Lake City, en los Estados Unidos, a Japón, con motivo del Jamboree Scout Mundial, antes de llegar a Bangkok, desde donde viajaron siete horas en autobús hasta este campamento situado en la provincia de Tak, al oeste de Tailandia. Estaban visiblemente cansados pero ilusionados mientras recorrían la multitud buscando caras familiares, seres queridos que no veían desde que abandonaron el campamento con el programa de reasentamiento de ACNUR, hace casi diez años.

Las caras de los hermanos Lwel Say (16 años) y Lwel Gay Htoo (14 años) se iluminaron al encontrar a su tía, Tha Dah Wah, de 24 años. "Estoy muy emocionada, muy feliz y con ganas de llorar", dijo. Después de siete años separados, los chicos se han hecho más altos que ella, pero el más pequeño seguía cogiéndose de su mano mientras caminaban por el campamento.

Los hermanos han recorrido un largo camino, no sólo en lo relativo a la distancia, sino también en cuanto a experiencia. Nacidos en el exilio, el campamento de Mae La era el único mundo que conocían. Su rutina transcurría entre colegio, juegos y lecciones por las tardes con su madre-profesora. Llevaban ropa vieja llena de agujeros y se consideraban afortunados por llevar chanclas, mientras que otros niños correteaban descalzos.

"Solíamos preguntar a nuestros padres: ¿cuál será nuestro futuro? Ellos siempre contestaban que no lo sabían," recordaba Lwel Gay Htoo.

En aquellos tiempos, el conflicto étnico en el sureste de Myanmar parecía irresoluble y los refugiados se veían ante la perspectiva de pasar toda su vida en los campamentos de Tailandia. En 2005, ACNUR comenzó un programa de reasentamiento grupal para devolverles a la vida.

"Mis padres tomaron la decisión de inscribirse en el programa de reasentamiento porque esperaban que mis hermanos, mis hermanas y yo tuviéramos una educación mejor, y así una vida mejor", explicó Eh Nay Ler, de 17 años, otro de los miembros del equipo visitante.

Resettled refugee Eh Nay Ler shows his grandmother in Mae La camp photos of his life in the United States. [for translation]  © ACNUR/P.Tonjunpong

La vida en los Estados Unidos no fue fácil al principio. Muchos tuvieron problemas con el nuevo entorno, la cultura y la lengua. Los hermanos Lwel mejoraron su nivel de inglés gracias a los dibujos animados de la televisión, mientras que Eh Nay Ler se esforzaba escuchando a sus profesores. Con el tiempo, estos jóvenes se unieron a los Scouts de Utah, que incluyen a unos 100 refugiados de Myanmar reasentados, donde trabajan de voluntarios semanalmente y ayudan a las personas sin hogar de su comunidad.

"El reasentamiento en los Estados Unidos significó un nuevo comienzo en la vida. Nos dio libertad, derechos, una educación mejor y bienestar que no hubieran sido posibles si aún viviéramos en el campamento. Sin el programa de reasentamiento me hubiera casado pronto o hubiera acabado mal", dijo Lwel Say, quien confesó haber sido "muy terco" y "mimado" en el pasado.

Eh Nay Ler coincidía: "Estoy muy agradecido por la vida que me han dado. Sin el apoyo de ACNUR, el país de reasentamiento y los donantes, estaría recogiendo maíz para ganarme la vida con mi abuela".

A pesar de su gratitud, los chicos evidentemente echaban de menos a sus familiares que dejaron en Tailandia, incluyendo a sus abuelos, quienes eran conscientes de ser muy mayores para viajar, y a los miembros de su familia extensa, que optaron por quedarse o incluso no estaban registrados y, por lo tanto, no cumplían los requisitos para el reasentamiento bajo la legislación tailandesa.

La tía de los hermanos Lwel optó por una beca en la universidad de Tailandia, tras la cual planea enseñar en el campamento.

Este deseo de hacer algo en compensación tampoco se ha perdido en los chicos reasentados. Lwel Say espera regresar a Mae La para ser profesor cuando acabe el instituto dentro de dos años.

Su compañero scout Hay Soe, de 16 años, se volvió nostálgico cuando visitó su antiguo colegio del campamento: "Un día volveré aquí y seré profesor. Enseñaré matemáticas o ciencias porque me gustan esas asignaturas y quiero trabajar para los refugiados en Tailandia".

Casi 100.000 refugiados de Myanmar han sido reasentados en terceros países como Australia, Canadá, Dinamarca, Japón y los Estados Unidos desde 2005. Unos 110.000 permanecen en nueve campamentos en la frontera entre Tailandia y Myanmar.

Por Korapin Suntayodom y Pathamawan Tonjunpong en el campamento de Mae La, Tailandia.

Gracias a la Voluntaria en Línea María Amparo Romero Segura por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.