Tradicional fiesta paulista celebra diversidad cultural de refugiados e inmigrantes

En 18ª edición, la Fiesta del Inmigrante de São Paulo celebró la diversidad de las migraciones en la principal ciudad de Brasil, incluyenda el tema del asilo.

En 18ª edición, la Fiesta del Inmigrante de São Paulo celebró la diversidad de las migraciones en la principal ciudad de Brasil, incluyenda el tema del asilo.

En 18ª edición, la Fiesta del Inmigrante de São Paulo celebró la diversidad de las migraciones en la principal ciudad de Brasil, incluyenda el tema del asilo.  © ACNUR/L.Leite

SÃO PAULO y BRASILIA, 23 de julio de 2013(ACNUR) – En su 18ª edición, la tradicional fiesta de inmigrantes de São Paulo, realizada por el museo de inmigración e que reúne manifestaciones culturales de diversos países, trajo un ingrediente adicional: el énfasis en la diversidad de la inmigración, demostrando que los inmigrantes que viven en la mayor ciudad brasileña provienen de nuevos países y por múltiples causas.

La participación en la fiesta de extranjeros que buscan en Brasil protección contra las persecuciones e violaciones de los derechos humanos que ocurren en sus países de origen, es un ejemplo de la diversidad del evento de este año, que fue realizado en el mes pasado.

Nacido en Angola y crecido en la República Democrática del Congo, el refugiado Maquesse Antonio es un ejemplo de esta nueva inmigración e integración cultural en São Paulo. Con más de diez años viviendo en Brasil, el usa el nombre artístico de Bantu Tabassissa para divulgar la música, danza y pintura de la región en la cual nació y creció. "No pude traer nada de allá, por eso lo que guardo de más importante de mi tierra é su cultura". Según explica, su nombre artístico Bantu es un homenaje al mayor grupo étnico de la zona de África donde vivía.

En la 18ª fiesta del inmigrante, Bantu y su familia organizaron una exposición de artesanías con esculturas de ébano, lengô, e isaki, aparte de un espacio culinario. En el menú, una apetitosa combinación de ingredientes con influencia congoleña y angolana, como makondo soso (plátano con pollo), buengi soso loso (frijol, pollo y arroz) y kwanga soso bueni (masa de yuca con pollo y frijol – todo acompañado por salsa de hongos y semillas de calabaza).

Originalmente creada como espacio de fraternización y convivencia para inmigrantes europeos que llegaron a Brasil a partir del siglo XIX y sus descendientes, año tras año la fiesta del inmigrante ha valorizado la presencia de nuevas nacionalidades y diferentes contextos migratorios en el escenario Brasileño, como es el caso de los refugiados.

Por eso, el centro de acogida para refugiados de la Cáritas Arquidiocesana de São Paulo (CASP), socio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUR) en la acogida y asistencia a solicitantes de asilo y refugiados en São Paulo, fue una de las entidades invitadas a la fiesta.

Junto a los trabajos de la familia congoleña, se presentaron el arte y la culinaria de bolivianos, coreanos, chilenos, hindús, japoneses, mozambicanos y peruanos, aparte de los tradicionales inmigrantes alemanes, italianos y portugueses. En el palco principal del evento, hubo presentaciones de bailes folclóricos y música de Argentina, Bolivia, Chile, Congo, Cuba, Paraguay y Perú.

Aparte de la programación cultural, la fiesta contó con mesas de discusión con el objetivo de mostrar las múltiples realidades que conciernen la inmigración contemporánea. Una de ellas fue dedicada al tema del asilo, con la participación de CASP y algunos de sus socios, como la Casa das Mulheres, el Arsenal da Esperança y el SESC (Serviço Social do Comércio) São Paulo.

Representantes de cada una de las entidades debatieron el significado del asilo y los desafíos del significativo aumento de solicitudes en los últimos años. Un documental producido por el SESC presentó testimonios de refugiados que viven en Brasil e destacó la importancia de la participación de la sociedad civil en el proceso de integración de estas personas al país, así como las buenas prácticas brasileras.

Desde la culinaria hasta la realidad de las personas refugiadas, la fiesta del inmigrante fue permeada por significativos trazos de amplitud del fenómeno de la inmigración – a comenzar por el hecho de haber sido realizada en la sede del antiguo albergue de los inmigrantes del Brás, inaugurado en 1887.

Mientras el bellísimo edificio acogió en el pasado cerca de tres millones de europeos recién llegados a Brasil, hoy es sede del Arsenal da Esperança. Es allá que, todas las noches, más de dos mil personas (brasileros o extranjeros, inmigrantes o refugiados) pueden descansar en seguridad.

La región metropolitana de São Paulo acoge la mayor parte de los refugiados reconocidos por el Gobierno brasileño. De los cerca de 4.300 refugiados que viven en Brasil, aproximadamente 1.800 son registrados y atendidos por la CASP – de acuerdo con datos de 2013.

Esa población creció un 10% en relación al final del año pasado (y un 15% en relación al total registrado al final de 2011). El número de solicitantes de asilo que llegan a São Paulo y son atendidos por la CASP también ha crecido, de 661 casos en 2011 a cerca de 1.300 en 2012 (un aumento de casi el 100%).

Por Larissa Leite, y Karin Fusaro, en Brasilia