No podemos permitir que el valor de la vida se pierda entre las cenizas

Parte del Centro de Recepción e Identificación de Moria en la isla tras los incendios que se dieron entre el 8 y el 10 de septiembre.  © ACNUR

Las trágicas imágenes que nos han llegado en los últimos días desde Lesbos han vuelto a las noticias en todo el mundo. El Centro de Recepción e Identificación en Moria ha quedado casi completamente destruido y toda la población de la isla, incluyendo a locales, refugiados y migrantes, han sido puestos a prueba una vez más. Los 12.000 solicitantes de asilo que se encontraban en Moria, de los cuales la mayoría son mujeres, niñas y niños, están de nuevo a la intemperie.

Un millón de personas refugiadas y migrantes han buscado seguridad en Europa al cruzar el mar Egeo desde 2015. El pueblo griego sabe que el desplazamiento forzado no tiene un inicio y un final. Este existirá mientras las causas que provocan que las personas huyan de sus hogares continúen, la guerra, la violencia, la falta de libertades, la pobreza y los desastres naturales. Sin embargo, cinco años después de la crisis de recepción de personas refugiadas en Europa, también sabemos que cuando se deja a la comunidad local sola con la desproporcionada carga, sin coordinación ni políticas a largo plazo, y con responsabilidades compartidas limitadas, el problema simplemente se perpetúa. Y esto aplica por igual a las personas refugiadas que se encuentran atrapadas en la incertidumbre y a las comunidades locales que tienen un creciente sentimiento de abandono y de encontrarse en un callejón sin salida.

Lo que se encuentra en juego en las cenizas de Moria no es solamente el cómo asegurar asistencia esencial urgente a las personas afectadas. Las organizaciones que ya estaban en el terreno se apresuraron a asistir los esfuerzos de las autoridades para encontrar soluciones urgentes. Los 400 niños y niñas no acompañados de Moria fueron evacuados a territorio continental el mismo día. Con base en este ejemplo de respuesta rápida y la voluntad política podemos ver la realización del tan necesario cambio.

Sí, la fatiga y los problemas en las sociedades isleñas son reales y de larga data. Es necesario un mayor apoyo práctico de los Estados Miembros de la UE. El reciente proyecto de reubicación para niños y niñas no acompañados y altamente vulnerables ha probado ser posible. Pero lo que también se necesita es calma y cautela a nivel local, central y europeo, así como voluntad para encontrar soluciones. No se pueden encontrar soluciones en la violencia, las voces xenófobas o la explotación política. Las soluciones exigen asumir responsabilidades y un esfuerzo por aplicar cambios para que no se perpetúe el callejón sin salida. Se debe continuar la descongestión de las instalaciones de las islas, se debe garantizar la seguridad, la protección y la salud de todos sus residentes y, paralelamente, se deben establecer con firmeza los procedimientos de asilo, acogida e integración.

Cuando miles de familias están en las calles, habiendo perdido sus escasas pertenencias en medio de una pandemia que nos afecta a todos, la pregunta no es solo si y dónde se pueden montar las carpas para albergarlas. Lo que está en juego es si dejaremos que las cenizas oscurezcan los valores de la vida, la esperanza y la humanidad que el pueblo de Lesbos ha honrado con tanto orgullo a lo largo del tiempo y que han tocado al mundo entero.

Philippe Leclerc, Representante, ACNUR en Grecia


Esta es una traducción de un artículo de opinión que se publicó inicialmente en griego en el periódico TA NEA  el sábado 12 de septiembre de 2020