Pastor y feligreses hacen que refugiados se sientan en EEUU como en casa

El reverendo Bill Bigger y la comunidad local se unen para ayudar a acoger a refugiados reasentados en Carolina del Norte.

Jacqueline Allen, una jubilada local, trabaja con Odette en su inglés dos veces por semana.
© ACNUR/Gabriel Silverman

https://youtu.be/76guvbG-9L8 El reverendo Bill Bigger y la comunidad local están ayudando a acoger a refugiados reasentados.

El reverendo Bill Bigger, pastor de la Iglesia Baptista de Hope Valley, hace honor a su nombre ["bigger" significa "más grande" en inglés]. Con sus 1,90 m. de altura, llena fácilmente una habitación y no es de los que se acobardan ante un reto.


Convencido de que es necesario hacer más para ayudar a los que huyen de las guerras y la persecución, convenció a su congregación de la ciudad sureña para convertir una destartalada casa de ladrillos propiedad de la iglesia en un albergue para refugiados.

"Mi rebaño es más conservador que yo", dice Bigger, admitiendo que su plan para albergar a los refugiados de una manera temporal en la acertadamente llamada Casa de la Esperanza, adyacente al edificio de la propia iglesia, suscitó un revuelo en la congregación.

"Yo no veo esto como un riesgo para nosotros, sino como un llamado a invertir nuestro tiempo y nuestra energía en el cuidado de las personas"

Esto se debe a que la Iglesia Baptista de Hope Valley está en Durham, Carolina del Norte, un estado que se inclina a la derecha en una serie de cuestiones políticas.

En una encuesta llevada a cabo este año, el Pew Research Center detectó que el 76% de los evangélicos blancos, el perfil de muchos de los miembros de la congregación de Hope Valley, aprobaban los esfuerzos para frenar la entrada de refugiados de algunos países musulmanes.

"Había algunas personas que tenían mucho miedo basándose en la retórica que oían", explica Bigger. "Preguntaban: ¿Cuál es la probabilidad de que haya terroristas que superen el proceso?"

"Evidentemente, yo no quería poner en peligro nuestra comunidad, yo no quería poner a sus miembros en riesgo de ninguna manera", recuerda Bigger que le dijo a su rebaño. "Yo no veo esto como un riesgo para nosotros, sino como un llamado a invertir nuestro tiempo y nuestra energía en el cuidado de las personas".

Para responder a las preguntas de sus feligreses, les ofreció historias de personas reales y hechos reales. "Intentamos compartir los hechos sobre el número de personas que han ido llegando a nuestra comunidad en los últimos años y se han ido instalando aquí, se están ganando la vida, han traído e instalado a sus familias y no han causado ningún problema".

Familias como la de John Hertier, de 16 años, uno de los primeros inquilinos de la Casa de la Esperanza. Él, su madre Odette y su hermana de 13 años, Mariam, se trasladaron allí desde el otro extremo de la ciudad después de que Odette enfermara y la iglesia les ofreciera la casa.

La familia huyó de la República Democrática del Congo en 2011. Durante cinco años vivieron en Kenia, esperando a que revisaran su situación y los reasentaran, antes de viajar finalmente a los Estados Unidos para empezar una nueva vida en Carolina del Norte.

Llevó meses de diálogo y donaciones por parte de la comunidad para hacer realidad la Casa de la Esperanza. Cuando se consiguió, un empresario local aportó su experiencia y un carpintero construyó literas para los niños.

En marzo de 2017, la Casa de la Esperanza se convirtió, finalmente, en un hogar. Las instalaciones se utilizarán como estación de paso para los refugiados que son reasentados en Carolina del Norte pero encuentran dificultades para hallar una vivienda a largo plazo para la familia.

"Prediqué . . . sobre lo que yo considero la llamada que hace la Biblia a dar la bienvenida al extranjero, a ser un vecino para la gente"

Aunque es solo temporal, la Casa de la Esperanza da la oportunidad a la familia Hertier de hacer nuevas amistades e integrarse. Jacqueline Allen, una jubilada local, trabaja con Odette en su inglés dos veces por semana. Cara Bolton, que ayudó al pastor Bigger a convencer a otras personas para crear la Casa de la Esperanza, sale a menudo con John, Mariam y Odette. "La semana pasada hicimos una fiesta con pizza, bailamos y charlamos", dice.

"Conversamos con personas que estaban convencidas de que los refugiados venían a apoderarse de nuestra manera de vivir", dice Bigger. "Tuvimos un proceso de discusión y discernimiento, e incluso de plegarias que duró unos cuatro o cinco meses. "Prediqué, no de manera regular, pero sí varias veces, sobre lo que yo considero la llamada que hace la Biblia a dar la bienvenida al extranjero, a ser un vecino para la gente, sin importar su procedencia. Les he explicado que los refugiados no están causando peligro, sino que están escapando del miedo, y que son ellos los que están en peligro".

Bigger dice que la creciente crisis de refugiados a nivel mundial requiere acción. "Estoy convencido de que la iglesia tiene que implicarse", concluye. "La gente me dice: ¿No deberíamos cuidarnos a nosotros mismos? Yo digo: No es una cuestión de uno o el otro, sino cuidar del uno y el otro".

Por Joanne Levine

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.