Clases de alfabetización abren nuevas puertas a mujeres sirias en Líbano

La voluntaria Fatima Al Obeid lanzó un proyecto para brindar clases a padres refugiados como respuesta a su deseo de ayudar a sus hijos con sus tareas.

Madres sirias aprenden a leer y escribir en la clase de alfabetización en Fnaydek, Líbano.
© ACNUR

Fatima Al Obeid se para frente a una pizarra y escribe la letra árabe "b". Ella llama a una estudiante para que escriba la palabra "beit", árabe para "casa".


Sin embargo, sus estudiantes no son niños, sino mujeres adultas. Dos veces por semana, ella enseña a madres y abuelas sirias refugiadas a leer y escribir en su idioma natal. Para la mayoría, es su primera vez en un salón de clases. En Siria, ellas no tuvieron la oportunidad de asistir a la escuela.

Las clases de alfabetización para mujeres emergieron de su deseo de ayudar a sus hijos a integrarse mejor a Líbano, donde viven desde que huyeron de Siria al inicio del conflicto. Muchas de ellas querían ayudar a sus hijos con las tareas y a leer el Corán. Así mismo, ellas querían mayor independencia en su nuevo país.

Fatima, de 31 años, había estado tomando un curso de grado en literatura árabe en la ciudad siria de Homs cuando los combates obligaron a su familia a buscar seguridad en Líbano hace cinco años. Desde entonces, sus tres hijos han comenzado a asistir a la escuela libanesa.

Después de escuchar a muchos padres y madres refugiados expresar su vergüenza de no poder ayudar a sus hijos con sus tareas, ella tomó el asunto en sus manos. A principios de año, ella decidió comenzar una clase básica de alfabetización para adultos en su comunidad de Fnaydek, al norte de Líbano. Ella se concentró en las madres, ya que ellas pasan más tiempo en sus hogares con sus hijos después de la escuela.

"Es un sentimiento tan agradable cuando ves a tus estudiantes mejorando frente a tus ojos", dice Fatima, maestra voluntaria desde febrero. "Cuando empecé a darles clases, estaban incómodas y molestas, algunas de ellas no podían ni sostener un lapicero apropiadamente".

"Pero aquí, aunque hablemos el mismo idioma, no estamos en nuestro país . . . Somos extranjeros"

Las clases se imparten en parte en árabe y en parte en francés. Por lo menos 15 mujeres atienden a cada sesión. Las estudiantes van desde los 17 hasta los más de 60 años, y dos de ellas tienen discapacidades de desarrollo. La matrícula es gratuita, y el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y la caridad internacional Save the Children brindan los libros y otros materiales educativos.

Las mujeres se sienten muy orgullosas de poder apoyar a sus hijos con sus tareas. Por lo menos 194.000 niños sirios asisten a las escuelas primarias estatales en Líbano, de acuerdo con el Ministerio de Educación. La mayoría de ellos asiste al "segundo turno", que son clases especiales que se dan por la tarde a refugiados sirios.

"Mis cinco hijos están en la escuela, de los grados primero al sexto", dice Ghalia Ahmed Ezzeiddine, de 44 años. "Y yo estoy en primer grado también".

Como muchas de sus compañeras de clase, Ghalia dice que ella no veía el valor de la educación para ella misma hasta que se convirtió en refugiada. En Siria, era menos necesario saber leer y escribir, dice ella. Las personas daban las direcciones usando puntos de referencia locales y las noticias importantes se pasaban de boca en boca.

"Pero aquí, aunque hablemos el mismo idioma, no estamos en nuestro país", dice ella. "Somos extranjeros. Si recibo un mensaje de texto del ACNUR o de alguna otra organización, quiero poder leerlo. Si mi hija me pregunta algo sobre su clase, quiero poder contestarle".

Las primeras semanas de clase fueron difíciles y varias de las mujeres se sintieron abrumadas. Para hacer las cosas todavía más difíciles, algunas de ellas se enfrentaron a las duras críticas de sus esposos y vecinos.

"El momento más alentador para mí fue cuando pude leer por primera vez el nombre de la aldea vecina en una señal".

"Algunos esposos decían '¿Por qué? Ahora estás mayor. No necesitas eso'", explica Fatima

Pero ella las animó a que ignoraran las críticas. Ella les enseñó a explicar a sus esposos que su educación beneficiaría a toda la familia. Por lo menos cinco de sus estudiantes son viudas que perdieron a sus esposos en Siria, y la alfabetización es importante para su independencia.

Fatima Tajeh, de 30 años, trae a su bebé de cinco meses a la clase. Ella toma notas con una mano mientras mece a su hijo con la otra.

"El momento más alentador para mí fue cuando pude leer por primera vez el nombre de la aldea vecina en una señal", dice ella.

Cerca de ella, su compañera de clase Naisa Al Saleh traza la letra "b" al lado de la lista de vocabulario de la semana.

"Para mí, lo más importante es leer las notas del doctor para mis recetas", dice Naisa, que ya supera los 60 años y que vive con su hijo, su esposa y seis nietos. "Cuando tomo un taxi, puedo reconocer las señales, así que sé a dónde me llevan. Puedo valerme por mí misma".

La maestra Fatima irradia orgullo.

"Día tras día, trato de hacerlas más fuertes", dice. "Trato de fortalecer su confianza y motivarlas diciendo: 'Cuando te enfocas en algo, lo lograrás, pase lo que pase. Pero si sigues diciendo que no puedes hacerlo, nunca lo lograrás".

Por Tania Karas y Dalal Mawad