"Llegar aquí fue una bendición porque aquí tenemos seguridad y comida"

María y su familia recorrieron un largo camino desde Venezuela hasta Boa Vista. En el camino fueron robados y tuvieron que dormir en la calle con su nieto de 20 días durante un mes antes de ser acogidos en un albergue apoyado por ACNUR.

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© ACNUR / Victor Moriyama

María y su familia recorrieron un largo camino desde Venezuela hasta Boa Vista. En el camino fueron robados y tuvieron que dormir en la calle con su nieto de 20 días durante un mes antes de ser acogidos en un albergue apoyado por ACNUR. Hoy están reconstruyendo sus vidas y María es una de las fundadoras de un proyecto de educación para niños y niñas.

María, de 45 años, es profesora desde hace 16. Daba clases en una ciudad del área rural de Venezuela hasta que vio cómo su salario mensual pasaba a equivaler a 60 reales brasileños como consecuencia de la inflación. Sin medios para mantener a su familia con el fruto de su trabajo, se vio sin otra opción que dejarlo todo atrás en busca de una vida digna y segura. Emocionada, compartió con nosotros cómo tomó una decisión imposible que supuso dejar atrás dos hijos:

“Nos faltaba todo. Empezamos a tener problemas para conseguir comida y solo conseguíamos comer una vez al día. Vendimos algunas cosas para reunir el dinero de los billetes, pero no nos dio para todos. Mi hija se quedó con mis dos nietas y con mi hijo Pedro, de 14 años”.

María, su marido y su otra hija, con su nieto de tan solo 20 días, se enfrentaron entonces a un difícil camino hasta encontrar un albergue. Además de haber dejado atrás a parte de su familia, fueron objeto de un robo durante el trayecto cuando aún estaban en Venezuela. Con los billetes de autobús consiguieron llegar hasta Pacaraima, donde tuvieron que dormir dos noches en la estación.

“Fue muy duro. No teníamos nada… una chica se acercó a mí, me vio con mi nieto de 20 días en el regazo y me puso algo en la mano. Cuando la abrí vi que era dinero”.

Así consiguieron llegar hasta Boa Vista, donde durmieron en la Plaza Simón Bolívar durante un mes hasta ser acogidos en un albergue apoyado por ACNUR.

“Cuando llegamos aquí fue una auténtica bendición para nosotros, porque aquí tenemos seguridad para dormir tranquilos, tenemos comida y, por encima de todo, la atención sanitaria que el bebé precisaba”.

En el albergue, María consiguió poner en práctica sus habilidades como maestra. Ella y otras personas que vivían allí se ofrecieron voluntarias para empezar un proyecto de educación para niños y niñas que no habían conseguido plaza en las escuelas locales.

“Al principio fue muy difícil: teníamos que estar bien para los pequeños, así que nos reuníamos antes de que empezaran las clases y llorábamos… así después podíamos transmitir amor, seguridad y paciencia con ellos”.

Hoy el proyecto educa a 105 niños y niñas de 3 a 12 años que encuentran en las clases un lugar para retomar un poco la normalidad y seguir adelante, incluso ante tantas adversidades.

“Lo más importante es que los niños y las niñas encuentren aquí amor, paciencia y seguridad. Que entiendan que, a través de estos valores, serán capaces de mejorar su condición y sus padres los ayudarán. Una educación de emergencia es algo nuevo para todos nosotros, porque es totalmente diferente a lo que se vive en un aula del sistema regular: aquí tenemos el desafío de construir una metodología para educar en un albergue”.

Poco a poco María va reconstruyendo su vida. En menos de un año consiguió traer a su hijo más pequeño y a sus nietas. Ahora espera ahorrar dinero suficiente para traer a la hija que aún le queda sola en Venezuela. Su sueño es seguir dando clases en este proyecto que aporta seguridad y esperanza de un nuevo comienzo a niñas y niños venezolanos.

ACNUR trabaja en el norte de Brasil en apoyo del Gobierno Federal, donde ofrece servicios de registro e información, albergue y protección para familias venezolanas en situación de vulnerabilidad. A menudo la ayuda que se presta salva vidas. En la actualidad, más de 6.000 personas procedentes de Venezuela viven en los albergues apoyados por ACNUR y sus socios, como UNFPA y UNICEF, donde se les brinda acceso a alimentos, agua potable, atención psicosocial y espacios seguros para niños y niñas.