Carlos es un padre de familia preocupado y buscando ayudar a sus hijos en Venezuela para que puedan comer

Carlos en su nueva y humilde casa en Curazao.

Carlos en su nueva y humilde casa en Curazao.   © Berber van Beek | Studiorootz - Photography

Papiamento

He arriesgado mi vida tres veces para venir aquí. No es un viaje que recomendaría a nadie. Nos ponen en un pequeño bote de madera, siempre sobrecargados con demasiados pasajeros. Yo soy de la ciudad. No estoy acostumbrado a estar en el mar. Estuve vomitando todo el viaje.

Soy de Barquisimeto y viajé seis horas para llegar a Falcón, de donde salen los barcos. Pero cuando llegas allí, lleva algún tiempo, a veces meses, esperar a que un barco salga. A veces el mar está demasiado revuelto, a veces los motores dejan de funcionar o tienen que arreglar el barco. Te alojan en una casa en algún lugar lejano, sin comida y no puedes trabajar porque tienes que estar listo para salir en cualquier momento.

La travesía tarda nueve horas, a veces más. Donde las aguas venezolanas se unen con las aguas de Curazao, el mar es diferente. Lo llaman El Canal. Cuando finalmente se está cerca a la isla, te echan donde puedan. Su misión es traerte aquí, pero no les importa cómo llegues a tierra. Cruzar de esta forma siempre es un riesgo.

He sido detenido y enviado de regreso a Venezuela. Estar en detención en difícil. Cuando finalmente sales, quieres nunca más volver.

Pero una vez de regreso en Venezuela, te das cuenta de que allá también está todo mal. Realmente no puedes hacer nada para sobrevivir. Mi mamá cuida a mis dos hijos. Mi esposa y yo estamos aquí tratando de ganar lo suficiente para enviar algo de regreso a casa. Quiero que mis hijos coman bien. Cuando estaba trabajando, enviaba dinero cada vez que me pagaban. Estaba trabajando en la construcción antes de la crisis del corona, pero no hay muchas obras en este momento. No he podido enviarles dinero, así que solo están comiendo las legumbres que vienen en las cajas del gobierno.

No es fácil encontrar apoyo, pero hemos podido conocer personas y organizaciones que nos han tendido una mano.  Recibí la tarjeta "karchi" de la Cruz Roja. Nos ha ayudado estos últimos meses. Desde la crisis solo he trabajado unos días aquí y allá, a veces una semana, pero nada regular. Nuestro casero nos echó en medio del cierre porque no podíamos pagar el alquiler. No podemos simplemente ir a buscar cualquier trabajo que esté disponible. No nos aceptarán.

Estoy trabajando para lograr mi objetivo de abrir un toko (una palabra local para pequeño mercado) en Barquisimeto, como hicieron mis padres, y simplemente vivir una vida normal. Para mí, esta crisis en Venezuela es como una curva de aprendizaje.