Comentarios finales del Alto Comisionado en la septuagésima segunda sesión del Comité Ejecutivo del ACNUR

Muchas gracias, presidente interino, y gracias al resto del comité.

Primero que nada, permítanme unirme a los deseos de pronta recuperación de la nueva presidencia a la Embajadora Farani Azevedo. Asimismo, me permito agradecer la labor que la embajadora realizó al frente del Comité Ejecutivo durante un año complejo. Agradezco también el compromiso que mostró al seguir cumpliendo con su papel, incluso después de haber salido de Ginebra.

Por otra parte, permítanme dar las gracias a Salim Baddoura, Embajador de Líbano, y a Kadra Ahmed Hassan, Embajadora de Djibouti, por su hábil manejo del Comité Ejecutivo este año. Les felicito por su elección como presidente y primera vicepresidenta, respectivamente. Asimismo, felicito a Vesna Batistic Kos, Embajadora de Croacia, por ser la nueva segunda vicepresidenta.

Felicito también al resto del buró del Comité Ejecutivo por su elección, incluido el nuevo relator, Jorge González Mayagoitia, de México, y doy las gracias a Gregor Schotten, antiguo relator de Alemania, por la labor realizada.

Sé que me acompañarán en agradecer sinceramente a todo el personal que ha hecho posible la realización de las reuniones del Comité Ejecutivo. Agradezco también al personal de la Oficina de ACNUR en Ginebra, al cuerpo de intérpretes y al personal de TI, aquí y alrededor del mundo, por permitir que la reunión se llevara a cabo sin interrupciones.

Del mismo modo, quisiera agradecer a la Secretaría de ACNUR por haber garantizado la convergencia de todas las partes interesadas. Año tras año, hacen parecer que no se requiere esfuerzo alguno, pero sabemos cuánto trabajo se necesita.

Mi agradecimiento quedaría incompleto si no expresara mi gratitud a nuestra secretaria, Ellen Hansen. Como siempre, mantuvo el rumbo antes y durante estos cinco días de reuniones del Comité Ejecutivo. Luego de tres años como cabeza de la Secretaría, donde nos ha guiado y proporcionado sabios consejos (sobre todo a mí), Ellen se trasladará a otro puesto. Mi sincero agradecimiento, Ellen.

Por otro lado, me complace anunciar que ya designé a la persona que sucederá a Ellen. Anne Keah, conocida por muchas de las personas aquí presentes porque fungió como relatora en 2019, será la nueva secretaria y se nos unirá a partir del primero de enero, luego de dejar su puesto actual en la misión en Kenia. Tengo la certeza de que se incorporará sin problemas.

Estimado presidente:

En días pasados hemos escuchado a 130 Miembros y socios (me parece que le he dado respuesta a cada uno), con inclusión de Malawi, el Miembro más reciente (razón por la que le doy la más cálida bienvenida). Hemos escuchado cuán devastadores han sido los efectos de la pandemia de COVID-19 en la vida y los medios de vida de las personas. Hemos escuchado de qué forma nos afecta la emergencia climática y conocemos las consecuencias que tienen los conflictos en detrimento de mujeres, hombres, niñas y niños.

Por tanto, no puedo sino exhortar nuevamente a los Estados a que dejen de lado los sesgados intereses nacionales y se enfoquen en buscar soluciones que procuren el bien de la humanidad. Para contener la propagación de la COVID-19 e impedir que surjan variantes más letales, les ruego que no solo adquieran compromisos, sino que compartan vacunas, sobre todo con los países que han dado acogida al mayor número de personas refugiadas. En múltiples ocasiones hemos solicitado vacunas para Irán, Uganda, Bangladesh y otros países.  Debemos mejorar urgentemente los paquetes socioeconómicos para países y personas que se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad; asimismo, debemos garantizar que las personas refugiadas, desplazadas y apátridas sean incluidas en las políticas nacionales de recuperación.

He tomado nota de las muchas declaraciones que han reconocido el impacto del cambio climático en el desplazamiento, que puede ser una de sus peores consecuencias. ACNUR no ha dejado de cumplir con aquello que le corresponde, tanto en lo relativo a la preparación como a la respuesta. De hecho, ACNUR ha reducido su propia huella de carbono. Sin embargo, el cambio está en ustedes. Les invito a no permitir que la falta de acciones provoque aún más daños en el futuro. Las discusiones y las decisiones que se tomarán en la COP26 la semana entrante son críticas. Espero que los Estados garanticen también que el desplazamiento por cambio climático ocupe un lugar de relevancia en el orden del día.

Lo mismo aplica con respecto a la resolución de conflictos, que siguen siendo uno de los principales detonantes del desplazamiento forzado. Con tan solo ver la falta de unidad en el Consejo de Seguridad, es imposible no sentir que la comunidad internacional está fallando. Hago nuevamente un llamado para que se hagan esfuerzos conjuntos por prevenir y resolver conflictos, así como la devastación que provocan en decenas de millones de vidas alrededor del mundo.

Estimado presidente:

Aprecio y hago eco de las expresiones de apoyo hacia la labor realizada por socios y personal de ACNUR en distintas partes del mundo. Escuché a muchas delegaciones hacer mención de las mejoras que han observado en la manera en que se previene y se da respuesta a la violencia de género; las formas en que podemos mejorar la educación para las personas refugiadas; el apoyo que se brinda a personas con discapacidad; la atención que recibe la salud mental; y los esfuerzos hechos en otros rubros. Además, me alegra ver cuántas delegaciones se enfocaron en el desplazamiento interno. No dudo que, junto con nuestros socios, nos esforzaremos por dar seguimiento a las recomendaciones hechas por el Panel de Alto Nivel, poniendo especial atención en la protección y asistencia humanitaria, y colaborando con los gobiernos para encontrar soluciones. Contamos con la experiencia y los conocimientos para ello.

Agradezco que aprecie los esfuerzos de gestión, que incluye mejoras y claridad en la planeación y el presupuesto. Además, debo resaltar la importancia – y el apoyo – que se le dio a nuestra integridad, que incluye mejoras en la supervisión y la gestión de riesgos, así como nuestros esfuerzos continuos por prevenir y eliminar los abusos, la explotación, el acoso y el hostigamiento sexuales. De cualquier forma, no podemos bajar la guardia en estos rubros.

Estimado presidente:

Con excepción de la delegación que optó por apoyar la retórica que condené en mis palabras de apertura (una retórica que no aporta nada cuando se trata de encontrar soluciones para los problemas que enfrentamos hoy, con inclusión del desplazamiento forzado), me conmovió la solidaridad mostrada en el transcurso de esta última semana.

Muchas delegaciones hablaron de diferentes formas de apoyo que se puede brindar a las personas refugiadas; por ejemplo, los esfuerzos por garantizar el acceso al asilo a pesar de la pandemia. Esto demuestra que es posible encontrar soluciones para proteger a las personas de la violencia y del virus. Fueron varias las delegaciones que hicieron mención de sus esfuerzos por naturalizar a las personas refugiadas que se encuentran en sus territorios, una solución valiente y humana al desplazamiento.

Se aprecian todos estos esfuerzos y, en este contexto, concuerdo con las palabras de la Unión Africana, que expresó profunda preocupación con respecto a los planes y las acciones de algunos gobiernos que buscan externalizar las obligaciones de asilo y protección, una tendencia que amenaza la protección de las personas refugiadas.

Quedé impresionado con la cantidad de delegaciones que hablaron sobre las acciones que se están emprendiendo para eliminar la apatridia. Esto llena de motivación porque, en los años por venir de la campaña I Belong, aún queda mucho por hacer. ACNUR sigue estando a su disposición para que podamos alcanzar esta meta mundial.

Por otra parte, hemos escuchado que diversos Estados han adquirido o renovado compromisos con respecto al reasentamiento. Espero que aumente el número de países y de lugares disponibles para esta solución, que no solo salva vidas, sino que constituye un paso importante para compartir cargas y responsabilidades. En este sentido, me conmovió profundamente escuchar que varios países latinoamericanos se están involucrando en este rubro; espero que otros sigan su ejemplo.

Muchos Estados condenaron la instrumentalización de las personas refugiadas y migrantes en medio de movimientos de coerción o provocación. Comparto su preocupación, pero me gustaría señalar que la instrumentalización de las personas refugiadas y migrantes para fines políticos nacionales es también una tendencia preocupante. Les ruego no politizar a las personas refugiadas. ACNUR no lo ha hecho ni lo hará nunca; por tanto, exhortamos a los Estados a no hacerlo tampoco.

En ese sentido, aunque no debo hacer comentarios con respecto al aspecto político de las sanciones, las cuales fueron mencionadas en repetidas ocasiones, como agente humanitario debo hacer hincapié en la importancia de garantizar que la aplicación de esas sanciones no tenga consecuencias humanitarias.

Estimado presidente:

Los países donantes y de acogida ven el nexo del desarrollo humanitario desde perspectivas distintas. Sin embargo, partiendo de las declaraciones que escuché, espero que todos ellos reconozcan su importancia y trascendencia. En particular, agradezco las palabras del Banco Mundial y concuerdo en que, al igual que muchas otras alianzas con instituciones de desarrollo, la nuestra representa uno de los logros políticos de mayor alcance en el “nexo”, que ha sido objeto de reiteradas discusiones.

Asimismo, hago eco de la solicitud de los países de acogida, que piden recibir más ayuda directa en materia de desarrollo para apoyar a las personas refugiadas y a las comunidades de acogida; y, como lo mencioné en mi discurso de apertura, para que se distribuyan más recursos.

Por otra parte, debemos aplaudir los avances alcanzados en África Occidental para resolver la situación de las personas refugiadas de Côte d'Ivoire. Espero que otros países y regiones sigan el mismo camino hacia la paz y, por tanto, hacia soluciones al desplazamiento. En ACNUR nos esforzamos por apoyar a los países alrededor del mundo en la búsqueda de soluciones duraderas, incluso cuando estas parecen ser frágiles. El evento alterno sobre la Iniciativa de Soluciones para Sudán y Sudán del Sur es un ejemplo de ello. Agradezco a IGAD, a ambos gobiernos y a nuestros socios donantes por su liderazgo y apoyo a esta importante iniciativa.

Por otra parte, he de decir que me conmovió también el apoyo que la población afgana ha recibido tanto de países vecinos (como Irán y Pakistán, que han dado acogida a generaciones de personas afganas refugiadas) como de países lejanos en Asia, África, Europa y las Américas. Estas muestras de solidaridad deben traducirse en acciones concretas. El día de ayer, solicité que los Estados Miembro de la Unión Europea reubiquen a la mitad de las 85.000 personas afganas que se estima requerirán espacios de reasentamiento en los próximos cinco años, sobre todo en Turquía y otros países vecinos.

Al mismo tiempo, debemos facilitar que la población afgana dentro de su propio país reciba más asistencia humanitaria incondicional, en especial previo al invierno. Reitero el llamado que el lunes hicimos Peter Maurer, presidente del CICR, y yo, en el sentido de que los Estados deben encontrar soluciones para reanudar la prestación de servicios e impedir que el país colapse.

La financiación sigue ocupando un lugar central. A pesar de los compromisos adquiridos en la conferencia del 13 de septiembre, apenas se ha recibido el 35% de $606 millones de dólares (USD) que se solicitaron para financiar actividades dentro de Afganistán. En el mismo sentido, de los $300 millones de dólares (USD) solicitados para trabajar en países vecinos, cuestión que aún se está coordinando, apenas se ha recibido el 18%.

Agradezco el apoyo que hemos recibido de los donantes y confío en que se apresurarán para cumplir con el compromiso adquirido en relación con la respuesta a la situación en Afganistán.

Al mismo tiempo, ruego que no se descuiden o ignoren otras crisis de desplazamiento, con inclusión de las crisis prolongadas que, a pesar de no figurar en los encabezados de la prensa, perviven en ACNUR, las personas refugiadas y sus comunidades de acogida. Tampoco deben descuidarse ni ignorarse crisis de gran tamaño, como la de Venezuela, Siria, Sudán del Sur, Somalia y Myanmar.

Me motiva haber escuchado tantas menciones del Foro Mundial sobre los Refugiados y de los compromisos adquiridos en él. Por tanto, espero que, luego de haber coincidido en diciembre en Ginebra, en las Reuniones del Funcionariado de Alto Nivel, podamos realizar avances a partir de aquellos alcanzados en los últimos años. Invito a todas las delegaciones a participar y a hacer contribuciones constructivas y positivas.

Estimado presidente:

Con frecuencia, el discurso que estigmatiza a las personas refugiadas, sobre todo en los países ricos, suele girar en torno a aquello que se cree que arrebatarán:

Empleos

Prestaciones y beneficios

Medios de vida

Por fortuna, en congruencia con lo que escuchamos esta semana, espero que empecemos a reconocer las aportaciones de las personas refugiadas, como la prestación de servicios esenciales.

Pensemos en el personal médico y el personal de enfermería refugiado que estuvo y ha estado al frente de la lucha contra la COVID-19. Pensemos también en aquellas personas refugiadas que se han encargado de mantener limpias las instalaciones hospitalarias o de garantizar que existe inventario en los supermercados durante la pandemia. Pensemos también en el liderazgo comunitario, en los descubrimientos científicos, en el talento de las y los atletas.

Presidente, no olvidemos que las personas refugiadas nos obsequian lenguas y palabras que cautivan la imaginación y el alma, como aquellas emitidas por Abdulrazak Gurnah, novelista refugiado que ganó el Premio Nobel. Lo felicito, junto a la población de Tanzania, por este gran logro. Por medio de la ficción, Abdulrazak Gurnah ha transmitido aquello que él y muchas otras personas exiliadas han tenido que enfrentar.

Lo cito textualmente: “El desplazamiento se traduce en ruina y fracaso”, escribió en El último obsequio (The Last Gift). “[Se trata de] una derrota inevitable, un vuelo desesperado; implica ir de lo malo a lo peor, de casa a la calle, de ciudadano a refugiado, de llevar una vida tolerable – incluso, llena de satisfacciones – a experimentar el horror más profundo”. 

Estimado presidente y apreciable público:

No podemos hacer caso omiso de la veracidad de esta descripción. Nos corresponde colaborar para prevenir y aliviar esta dificultad por medio de la protección, la compasión, la solidaridad y la inclusión. Al hacerlo, garantizaremos que las personas refugiadas recuperen su ciudadanía.

¡Muchas gracias!