Música Sin Fronteras: un espacio seguro para personas refugiadas LGTBIQ+
Música Sin Fronteras: un espacio seguro para personas refugiadas LGTBIQ+
Mateo, cofundador del proyecto Música Sin Fronteras y de la Academia Cumbres, con Matías, uno de los integrantes del coro formado por personas refugiadas y voluntarias, con apoyo de ACNUR.
Entrar en la Academia Cumbres, a pocos minutos de la madrileña Estación de Atocha, es sumergirse en un espacio donde se respira la música, la diversidad y la familiaridad. Las notas de un coro que ensaya se cuelan por cada rincón, y se mezclan las voces —sopranos y tenores, barítonos y contraltos; voces infantiles y adultas; acentos de uno y otro lado del mundo. Mientras, en el aire flota algo que no se puede ver, pero sí sentir: la sensación de que aquí, cada persona puede ser quien es, y sentirse respetada y apreciada. Sin discriminación, sin prejuicios, sin etiquetas.
En Música Sin Fronteras, un proyecto de integración social a través de un coro y una orquesta, personas refugiadas y solicitantes de asilo, migrantes y de la comunidad local conviven bajo una idea: tejer una red de apoyo para quienes llegan a un país nuevo, articulada en torno a la música. Una red en la que el colectivo LGTBIQ+ tiene una presencia importante y un espacio de seguridad y visibilidad.
Huir por ser quien eres
Miles de personas LGTBIQ+ en el mundo se enfrentan a discriminación, violencia o incluso encarcelamiento por su orientación sexual, identidad o expresión de género. En más de una decena de países, pertenecer a este colectivo puede castigarse incluso con la pena capital. Huir para proteger sus vidas o su integridad es la salida que toman muchas personas refugiadas LGBTIQ+, siendo en España una de las principales causas de reconocimiento de la concesión del estatuto de refugiado.
Aunque muchas de ellas no vienen de países donde las cuestiones relacionadas con la orientación sexual, la identidad o expresión de género, o las características sexuales están criminalizadas, pueden sufrir discriminación, rechazo o violencia por parte de sus familias o comunidades y falta de protección efectiva por parte del Estado. A esta realidad, se pueden unir otros motivos para huir, como la propia inseguridad del país, que añaden mayor vulnerabilidad y riesgos para la vida y libertad de estas personas.
Música Sin Fronteras: un espacio seguro
Cuando se creó Música Sin Fronteras, el proyecto de inclusión social de la Academia de Música Cumbres España, no estaba pensado exclusivamente como un espacio para personas refugiadas LGTBIQ+, sino para cualquier persona en situación de vulnerabilidad: desde mujeres supervivientes de violencia hasta infancia vulnerable.
Mateo y Matías posan en la entrada de la Academia Cumbres, cuyo proyecto social, Música Sin Fronteras, emplea la música como herramienta de integración para personas en situaciones vulnerables.
Sin embargo, en palabras de Mateo, uno de sus fundadores, esta sensibilidad nació de forma natural. "Cuando vimos la necesidad de crear un espacio seguro para las personas LGTBIQ+ que han huido de sus países, no por una guerra, sino por simplemente decir quién soy o identificar qué persona soy", explica.
Mateo llegó a España tras un recorrido de ida y vuelta entre Colombia, su país natal, y Venezuela, su país de adopción. En ambos vivió la violencia, que incluso le costó la vida a su padre. Tras recibir amenazas por denunciar su crimen, decidió buscar protección en España.
Con sus socios Alejandro y Beto, Mateo decidió transformar ese dolor en propósito. Fundaron Cumbres, una academia de música, y crearon Música Sin Fronteras, un coro y orquesta donde personas refugiadas, solicitantes de asilo y voluntarias locales comparten escenario y conviven como una familia.
Y también un espacio donde Mateo y otras personas del colectivo LGBTIQ+ que antes habían sufrido homofobia pueden sentirse seguras y hablar con orgullo de su identidad.
Matías llegó a Cumbres casi por casualidad—acompañando a amigos a una audición—, pero lo que encontró cambió su trayectoria. Chico trans, colombiano también, Matías encontró un lugar donde mostrarse tal como realmente es tras haber sufrido en carne propia el rechazo: sin necesidad de etiquetarse, pero con la confianza de expresarse en libertad. "No tengo que ocultar mi pasado, ni quién soy. Eso ya es mucho decir: abrirme, reconocerme y aceptarme". Para Matías, "este espacio es como mi segundo hogar, donde me siento acogido, aceptado y querido".
Cuando la música se convierte en asilo
Música Sin Fronteras nació de una necesidad clara: crear espacios seguros donde la diversidad no fuera tolerada sino celebrada, donde la música se nutriera no solo de voces y talento, sino de solidaridad, hermandad y compromiso.
Desde sus inicios, hace apenas un año, el proyecto ha crecido, llegando a escenarios deslumbrantes como la Caja Mágica en la Hexagon Cup o el Auditorio del Museo Reina Sofía, donde compartieron escenario con la cantante Rigoberta Bandini en la celebración del Día Mundial del Refugiado, organizada por ACNUR.
El coro y orquesta Música Sin Fronteras, durante su actuación con Rigoberta Bandini, en la conmemoración del Día Mundial del Refugiado en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Pero lo más importante no está en los escenarios: está en los ensayos cotidianos, en la amistad que nace entre personas que comparten retos, pero no necesariamente historias. En un coro donde se respeta la identidad, donde se abraza la diferencia, donde la música es el idioma que todos comprenden.
"La esperanza suena a muchas melodías, suena también a un coro, suena a voces uniéndose", dice Matías. "Suena a la aceptación de uno mismo, al respeto de los demás, a la posibilidad de que cada persona pueda ser quién sea en cualquier espacio sin ser discriminada".
Durante el Mes del Orgullo y todos los días, el mensaje debe ser claro: las personas LGBTIQ+ refugiadas merecen protección, integración, comunidad. Merecen un lugar donde la música de sus vidas resuene sin miedo.