La violencia en Nigeria obliga a 23.000 personas refugiadas a huir a Níger en un mes

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Refugiados nigerianos en Níger, 12 mayo de 2016.

Refugiados nigerianos en Níger, 12 mayo de 2016.   © ACNUR /Hélène Caux

Durante el pasado mes de abril, la violencia persistente que se está registrando en el noroeste de Nigeria forzó a unas 23.000 personas a huir a Níger en busca de seguridad. Esto eleva a más de 60.000 el número total de personas que han huido desde esta región de Nigeria en busca de refugio en Níger desde la primera oleada de llegadas en abril del año pasado. 

Desde abril de 2019, la población ha huido de los incesantes ataques por parte de grupos armados en los estados nigerianos de Sokoto, Zamfara y Katsina. La mayoría de estas personas se han refugiado en la región de Maradi, en Níger.

Asimismo, el temor provocado por esta inseguridad en las regiones fronterizas también obligó a huir a otras 19.000 personas naturales de Níger que se han visto obligadas a desplazarse dentro de su propio país.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha expresado su preocupación por el deterioro de la situación de seguridad en Nigeria y por el riesgo de que las incursiones armadas se extiendan al territorio nigerino.

Este último flujo de llegadas de refugiados, compuesto principalmente por mujeres, niños y niñas en situación desesperada, es consecuencia directa de los atentados perpetrados durante el mes de abril en los estados de Katsina, Sokoto y Zamfara, en Nigeria. Grupos de hombres armados atacaron varias localidades en distintos distritos. El ataque más mortífero dejó 47 fallecidos en los distritos de Kankara, Danmusa y Dusi-ma, en el estado de Katsina, y desencadenó un ataque aéreo por parte de las fuerzas armadas de Nigeria.

Las personas que han huido narran episodios de extrema violencia desatada contra la población civil, como asesinatos, secuestros para obtener rescates, pillajes y saqueos de pueblos.

A pesar de los cierres fronterizos por la pandemia de COVID-19, se está permitiendo a las personas refugiadas de Nigeria buscar protección en Níger. Los recién llegados necesitan urgentemente agua, alimentos y acceso a servicios de salud, así como alojamiento y ropa. Muchas de estas personas apenas pudieron llevar consigo unas pocas pertenencias cuando tuvieron que huir a toda prisa tratando de salvar sus vidas.

Muchas de ellas también se han visto atrapadas por los enfrentamientos, atribuidos a pastores y agricultores de distintos grupos étnicos, o acusadas de formar parte de grupos de autodefensa. Cerca del 95% de los refugiados provienen del estado nigeriano de Sokoto, mientras que los demás proceden de los estados de Kano, Zamfara y Katsina.

ACNUR está trabajando en estrecha colaboración con las autoridades de Níger para la reubicación de al menos 7.000 personas refugiadas en lugares más seguros, en poblaciones situadas a al menos 20 kilómetros de las fronteras, y donde se les pueda proporcionar agua, alimentación, alojamiento, atención médica y otros servicios y asistencia esenciales. De esta forma, también se aliviará la presión sobre las comunidades de acogida en las áreas fronterizas, que carecen de infraestructuras y servicios básicos.

ACNUR ha estado presente sobre el terreno desde el inicio de la crisis. La respuesta de emergencia se ha concentrado en ofrecer servicios de protección y asistencia vitales, como el registro, la protección y seguimiento de fronteras, educación, atención sanitaria, alojamiento, así como agua y saneamiento.

ACNUR necesita continuar con el registro biométrico de las personas refugiadas para poder evaluar de la mejor forma posible cuáles son sus necesidades y liderar la respuesta humanitaria. Asimismo, se está abordando junto con las autoridades el reconocimiento prima facie de los refugiados llegados a la región que huyen desde Nigeria.  

Esta violencia no está relacionada directamente con la de los grupos armados que operan en las regiones del lago Chad y del Sahel. Sin embargo, esta situación hace que Maradi se sume a otras áreas de Níger en las que se está lidiando con situaciones de inseguridad, como Diffa, Tillaberi y Tahoua, ejerciendo una presión aún mayor sobre los recursos financieros de los actores humanitarios y su capacidad de respuesta.

 

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