El Lleras: la comunidad desplazada que afronta el impacto del terremoto en Buenaventura
El Lleras: la comunidad desplazada que afronta el impacto del terremoto en Buenaventura
Cuando la tierra comenzó a temblar en la mañana del 10 de agosto, todo el mundo salió rápidamente de sus casas en el asentamiento Lleras, en la ciudad costera de Buenaventura, Valle del Cauca. En esta cuidad, el terremoto dejó 1.406 viviendas destruidas y 11.826 afectadas, así como 21.356 personas damnificadas y 28 fallecidas.
“Hoy la prioridad es que las familias tengan un lugar donde dormir, alimentación y condiciones dignas en la emergencia. Los niños, niñas, las mujeres y los adultos mayores necesitan atención en salud, medicamentos y educación”, explica Yeison Díaz, líder comunitario del asentamiento Lleras.
Muchas de las familias permanecen en carpas ubicadas ante sus casas destruidas y organizan ollas comunitarias para subsistir. El Colegio El Piloto y la Caseta Comunal funcionan como alojamientos colectivos y centros de acopio para recibir y distribuir ayuda.
Comunidad, autoridades y organizaciones de cooperación, incluida ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, trabajan juntos en la respuesta inmediata a la emergencia.
En este asentamiento, construido sobre terrenos ganados al mar, ocho de cada diez de sus 12.000 habitantes fueron desplazados internamente a causa del conflicto y la violencia en el país. Desde antes del terremoto, casi la mitad de la población subsistía con ingresos inferiores a 500.000 pesos mensuales (unos 160 USD).
Para muchas familias, sus casas en ruinas y sus pocas pertenencias son todo lo que han logrado después del desplazamiento forzado.
Aunque la emergencia concentra hoy todos los esfuerzos, la comunidad y la Alcaldía de Buenaventura saben que es necesario empezar a pensar desde ahora en soluciones sostenibles para reducir la pobreza y la vulnerabilidad a la violencia y los desastres.
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“Nosotros tenemos una gran capacidad para organizarnos y trabajar unidos. Pero necesitamos que las instituciones avancen en la legalización de nuestros terrenos”, dice Cruz Caicedo, presidente de la Junta de Acción Comunal del Lleras. “Sin la legalización es muy difícil que puedan llegar inversiones públicas, privadas y de la cooperación que permitan reconstruir y transformar nuestro barrio”.
Desde el 2024, el proceso de legalización del asentamiento está en marcha con el esfuerzo de la comunidad, el apoyo de la Alcaldía de Buenaventura, Opción Legal y ACNUR. Se busca formalizar su existencia en el municipio, para que la comunidad pueda acceder a servicios básicos y programas públicos para mejorar sus condiciones de vida.
“Es clave plantear ahora soluciones duraderas a los problemas estructurales de pobreza y vulnerabilidad de la comunidad del asentamiento del Lleras”, afirma Giovanni Lepri, Representante de ACNUR en Colombia. Y añade: “El papel de la cooperación es apoyar a las autoridades locales y a la institucionalidad nacional para generar respuestas que vayan más allá de la asistencia humanitaria” .
Durante esta emergencia, junto a la comunidad y las autoridades, ACNUR acompaña y brinda asistencia, como kits de higiene, lámparas solares y unidades de alojamiento temporal. A través del Comité Interinstitucional Humanitario, el Equipo Local de Coordinación, otras agencias de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias se han sumado a estos esfuerzos.
Sin embargo, las necesidades siguen creciendo y las familias requieren alojamientos temporales, colchonetas, cobijas, utensilios básicos de cocina, asistencia alimentaria, tanques para el almacenamiento seguro de agua y mosquiteros.
Sin embargo, las necesidades siguen creciendo y las familias requieren alojamientos temporales, colchonetas, cobijas, utensilios básicos de cocina, asistencia alimentaria, tanques para el almacenamiento seguro de agua y mosquiteros.
Para Rafael Mattar, oficial de Emergencia de ACNUR de las Américas, la reconstrucción debe partir de las personas y de su relación con el territorio.
“Las personas demuestran un alto sentido de pertenencia con sus viviendas y bienes. Se aferran a lo poco que ha quedado en pie. Encontrar una solución es complejo, pero es importante pensar en alternativas sostenibles, que se adapten al entorno y al ecosistema del manglar. Es un trabajo de diálogo que combina las capacidades de las comunidades con la experiencia y el conocimiento que pueden aportar los expertos”, señala.
La legalización permitiría prepararse ante otros desastres y eventos climáticos severos. La reconstrucción requiere identificar zonas con más riesgos y promover planes para mitigarlos.
El rol central de la comunidad, las alianzas de autoridades, instituciones, el sector privado, así como Naciones Unidas y la cooperación internacional, ofrece oportunidades para una reconstrucción sostenible, que permita a las personas desplazadas internamente proyectarse en un futuro seguro y próspero.
En Lleras, la reconstrucción ya comenzó.