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Un jefe camerunés gana el Premio Nansen de ACNUR por acoger a personas refugiadas en su aldea

Historias

Un jefe camerunés gana el Premio Nansen de ACNUR por acoger a personas refugiadas en su aldea

El líder tradicional Martin Azia Sodea representa la hospitalidad que la comunidad Gado-Badzéré, al este de Camerún, ha mostrado hacia las personas refugiadas de la República Centroafricana.
10 Diciembre 2025
Martin Azia Sodea, Jefe de la aldea de Gado-Badzéré, al este de Camerún, es el ganador global del Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR 2025.

Martin Azia Sodea, Jefe de la aldea de Gado-Badzéré, al este de Camerún, es el ganador global del Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR 2025.

Toma más de 10 horas por carretera desde Yaundé, la capital de Camerún, llegar al pueblo de Gado-Badzéré, ubicado al extremo este del país. A primera vista, esta comunidad rural cerca de la frontera con la República Centroafricana (RCA) parece poco llamativa, pero entre las modestas casas y los campos de tierra roja se esconde un espíritu de hospitalidad verdaderamente extraordinario que ha transformado innumerables vidas.

Su Majestad Martin Azia Sodea, actual Jefe de Gado-Badzéré, nació en la casa que aún hoy sirve de residencia al Jefe. El grandioso título contrasta con la tranquila autoridad y el carácter afable de un hombre que se siente tan cómodo trabajando en el campo con botas de goma como presidiendo reuniones con sus lujosas túnicas ceremoniales.

De niño, el jefe Sodea veía a su padre resolver disputas, recibir a los visitantes y trabajar duro para mantener la unidad de la aldea. Recuerda un hogar cuyas puertas siempre estaban abiertas y donde cualquiera que lo necesitara podía encontrar un lugar en la mesa.

“Aquí me enseñaron a no ofender nunca, a no rechazar nunca la ayuda. Nuestros padres nos criaron con humildad y apertura. Siempre había comida para todos”, recuerda el Jefe Sodea.

Dos mujeres miran a cámara desde un balcón en un entorno urbano.

Haití se enfrenta a una crisis multidimensional, con una escalada de la violencia de las pandillas, desplazamientos masivos y necesidades humanitarias graves. A pesar de los esfuerzos por lograr la estabilidad, la situación sigue siendo grave y requiere ayuda e intervención internacionales urgentes.

Muchas personas andando en una calle despavimentada y parcialmente inundada.

Desde abril de 2023, cuando estalló el conflicto en Sudán y la violencia se apoderó del país, millones de personas han tenido que huir en busca de protección y asistencia humanitaria.

Una fila de hombres sentados en el suelo frente a un centro de la ONU

Cada año, cientos de miles de personas refugiadas y migrantes arriesgan sus vidas en una ruta que se extiende desde el África Oriental, el Cuerno de África y África Occidental, pasando por el Norte de África y el Mediterráneo Central, hasta Europa.

Mapas, estadísticas y hechos sobre la manera en que la pandemia ha obstaculizado los esfuerzos por proteger a las personas desplazadas y cómo ha afectado el ejercicio de derechos fundamentales

Millones de personas desplazadas están al borde del colapso; sin embargo, no aparecen en los titulares.

Imagen área de un árbol con decenas de personas alrededor

Casi 6 millones de personas se han visto forzadas a huir desde mediados de abril: un promedio de un millón de personas al mes.

Desde Centroamérica hasta el Sahel, el cambio climático está provocando desplazamientos y agrava la vulnerabilidad de las personas forzadas a huir.

Obligadas a abandonar sus hogares sin salir de sus países, las personas desplazadas internas son una de las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad.

El número de personas rohingyas que llega a Bangladesh constituye una de las crisis más grandes en décadas.

Los servicios básicos son también derechos básicos, pero a menudo están fuera del alcance de las personas forzadas a huir.

El Jefe Sodea afirma que compartir la tierra con la población refugiada era lo correcto, ya que les aportaba una estabilidad a largo plazo similar a la que les proporcionaba el acceso a los servicios de educación y salud. “La tierra no desaparece. Ha estado aquí desde nuestros antepasados y seguirá aquí después de nosotros. Entonces, ¿por qué guardarla solo para nosotros?”, se pregunta. “Sabemos que las personas refugiadas no se quedarán para siempre. Por eso es mejor dejarles cultivar, alimentarse y reconstruir sus vidas”.

La resolución pacífica de conflictos es otra piedra angular del enfoque de Gado-Badzéré. Para mantener la cohesión, un consejo semanal reúne al jefe, a su consejo de ancianos y a los representantes de los refugiados. Juntos, abordan las tensiones, identifican posibles fuentes de conflicto y buscan soluciones inmediatas para evitar que la situación se agrave.

“Creamos comités mixtos. Cada vez que hay un problema, el jefe del sector acude a nosotros y lo resolvemos juntos. Desde que llegaron los refugiados en 2014, nunca hemos tenido que acudir a los tribunales”, explica el jefe.

La pandemia ha agravado muchos de los factores que ponen a las mujeres y a la niñez desplazadas por la fuerza en riesgo de sufrir violencia.

Las personas desplazadas ya estaban en riesgo antes de la COVID. Ahora sus dificultades se multiplican.

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