Cuando las personas refugiadas lideran, las comunidades se transforman
Cuando las personas refugiadas lideran, las comunidades se transforman
El proyecto Semillas de Barro, de Maletas de Cartón y Espacio Rojo, emplea la cerámica como herramienta para el bienestar y la inclusión de mujeres refugiadas.
En el centro de Madrid, mujeres que tuvieron que huir de la violencia y la persecución y encontraron refugio lejos de su hogar modelan arcilla para reconstruir su futuro. Músicos que un día abandonaron sus hogares, hoy forman parte de un coro donde voces de diferentes países se unen en armonía. Y en Almería, mujeres refugiadas se acompañan unas a otras para sanar, aprender y volver a empezar. Estas no son solo historias de resiliencia: son ejemplos de liderazgo. Y ACNUR quiere que haya muchas más.
En todo el mundo, ACNUR promueve que las personas refugiadas sean creadoras de soluciones y actores clave en las sociedades que las acogen. En España, este compromiso se ha convertido en acción concreta a través de un mecanismo pionero: subvenciones de hasta 10.000 euros dirigidas específicamente a organizaciones lideradas o en las que participan activamente personas refugiadas, solicitantes de asilo o apátridas. Cada proyecto tiene un año para desarrollarse, con acompañamiento cercano y asesoría técnica por parte del equipo de ACNUR, y procesos administrativos accesibles.
Este modelo rompe con las barreras que tradicionalmente impiden que iniciativas pequeñas —pero muy valiosas— accedan a financiación. Muchas veces, los trámites burocráticos rígidos, la falta de estructura formal o la complejidad de las convocatorias dejan fuera a quienes mejor entienden las necesidades de sus comunidades. ACNUR ha decidido hacer lo contrario: confiar en ese conocimiento, apoyar esas voces y abrir espacio para que el cambio venga desde dentro. Esto permite apoyar proyectos innovadores, creativos y profundamente humanos, capaces de generar impacto real en los territorios donde se implementan.
Respaldar a organizaciones lideradas por personas refugiadas es apostar por amplificar sus voces y reconocer su capacidad y su resiliencia. Nadie entiende mejor el proceso de asilo, las dificultades de integración o la sensación de empezar de cero que quienes lo han vivido en primera persona. Por eso, sus propuestas son más cercanas, más realistas, más efectivas.
En 2025, tras un proceso de selección que puso en valor el liderazgo, la innovación y el impacto comunitario, se han elegido tres organizaciones lideradas por personas refugiadas para recibir apoyo de ACNUR. Estos son los proyectos: Semillas de Barro, Música sin Fronteras y Ser mujeres está bien.
Semillas de Barro
En un pequeño taller lleno de arcilla, risas y silencios compartidos, mujeres refugiadas descubren que crear con las manos también puede sanar. Semillas de Barro, un proyecto impulsado por las asociaciones Maletas de Cartón y Espacio Rojo, nace de esa idea: la cerámica como herramienta de bienestar, integración y autonomía. Cada semana, las participantes no solo aprenden técnicas artesanales, sino que también reciben formación en emprendimiento, construyen redes de apoyo y recuperan la confianza en sí mismas. Lo que empieza como una clase se convierte en un espacio seguro donde la creatividad abre puertas a la inserción laboral y social.
Semillas de Barro es un espacio seguro donde mujeres refugiadas comparten sus experiencias y tejen redes de apoyo mientras aprenden técnicas de cerámica y emprendimiento.
Música Sin Fronteras
El proyecto Música Sin Fronteras fue creado por Cumbres España, una entidad fundada por solicitantes de asilo colombianos que tenían un sueño: crear comunidad a través de la música. Tras abrir una academia de música en Madrid, impulsaron su proyecto social en paralelo: Música Sin Fronteras consiste en la formación de un coro infantil-juvenil, un coro de adultos y una orquesta sinfónica, integrados por personas refugiadas y solicitantes de asilo, migrantes y voluntarios de la comunidad local. Aquí, la música se convierte en idioma común, en puente de integración y en símbolo de solidaridad.
El equipo de Cumbres España y participantes en el coro de adultos de Música Sin Fronteras en uno de los ensayos.
Ser mujeres está bien
En Almería, en las localidades de El Ejido y Roquetas de Mar, un grupo de mujeres refugiadas y migrantes ha decidido cambiar la narrativa desde dentro. La asociación Huellas Migrantes es un movimiento de apoyo mutuo. Con su proyecto Ser mujeres está bien, a través de talleres, encuentros y acompañamiento emocional, estas mujeres se levantan juntas frente a la soledad, el trauma, la discriminación y las barreras sociales. Crean espacios seguros donde sanar, aprender y liderar. Promueven el acceso a información relevante sobre derechos de las mujeres y la integración desde la cercanía, el empoderamiento desde la experiencia y el bienestar emocional como base de cualquier proceso de inclusión.
Mujeres refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes participan en una de las dinámicas para los autocuidados en salud mental organizadas en el marco del proyecto de Huellas Migrantes.
Estas iniciativas muestran algo fundamental: cuando se confía en el potencial de las personas refugiadas, no solo se construyen proyectos: se construyen oportunidades, se refuerza la cohesión social y se multiplica la esperanza.