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De huir para sobrevivir a liderar para transformar la vida de mujeres y niñas

Historias

De huir para sobrevivir a liderar para transformar la vida de mujeres y niñas

Katy llegó a Ecuador huyendo de la violencia. Hoy, como lideresa comunitaria en Esmeraldas, acompaña a otras mujeres refugiadas a reconstruir sus vidas con dignidad, tomando acción para que haya derechos y justicia para todas las mujeres y niñas.
7 March 2026
Katy sonríe posando para una foto en la playa de Esmeraldas.

Katy es una mujer refugiada de Colombia que lucha por el empoderamiento de las mujeres, capacitándolas para que defiendan sus derechos y accedan a la justicia.

“Cuando me miro al espejo, me acuerdo de esa Katy pequeña, asustada, huyendo con su mamá, su papá y su hermana”, recuerda Katy, una joven refugiada colombiana, lideresa en su barrio, desde su hogar en Esmeraldas, en el norte de Ecuador. Preparándose para liderar una sesión de empoderamiento de mujeres en la comunidad, ella recorre el camino que ha tenido que hacer para llegar a donde está.

“De pasar de vivir en un lugar donde corría con los piecitos descalzos, a empacar las maletas para huir de la violencia, que aquel día se llevó a mi amigo mientras jugábamos”.

La violencia en su barrio, en su natal Colombia, rompió la rutina de una niñez normal. Recuerda vivamente las noticias de asesinatos y cómo la preocupación de sus padres iba creciendo, obligándole a su familia a tomar un camino definitivo: salir para proteger su vida. “Ya luego ver la sensación de que ya no podíamos salir de la casa, estar como que en esa zozobra que bueno nos obligó a salir del país”, dice.

El viaje hacia Ecuador fue largo y lleno de incertidumbre, con pocas certezas y un sinfín de preguntas. “Nos vinimos por lancha y por barco. Me daba miedo pensar si iba a tener amigos, si iba a ir a la escuela”, dice Katy. Pero para ella y su familia, las dificultades solo iniciaban.

“La situación era bien complicada. Vivíamos cambiándonos de barrio en barrio porque no había la situación económica para solventar los arriendos, pero lo más complicado fue la parte de la documentación: no teníamos acceso a muchas cosas, y a mis hermanas se les complicó porque venían de otro sistema escolar y tuvieron que atrasarse”, relata.

La historia de Katy se enmarca en una realidad aún vigente. Ecuador sigue siendo uno de los principales países de acogida en la región, recibiendo a miles de personas refugiadas y otras en situación de movilidad humana, muchas de ellas provenientes de Colombia. 2024 marcó el año de más solicitudes de asilo de personas colombianas en una década, con casi 7.000 personas que buscaban protección internacional. Aunque en 2025 el número de solicitudes se redujo casi a la mitad debido a los recortes de fondos y, por tanto, a una menor capacidad de identificación de casos como el de Katy, cientos de personas colombianas siguen llegando con necesidades críticas, huyendo de la creciente violencia en zonas de frontera.

En este contexto, el acompañamiento de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha sido clave para fortalecer el sistema de asilo, garantizar el acceso a documentación y derechos, y reforzar el trabajo comunitario en territorios de acogida como Esmeraldas, que hoy enfrenta graves desafíos de seguridad y protección. Aquí, ACNUR brinda apoyo para que las personas puedan presentar solicitudes de asilo, acompaña a las comunidades para que puedan incrementar su resiliencia y cohesión social, y trabaja junto a las autoridades para fortalecer el sistema de protección local.

“Cuando me miro al espejo, me acuerdo de esa Katy pequeña, asustada, huyendo con su mamá, su papá y su hermana”.

Katy

Para Katy, ese respaldo fue decisivo: acceder a protección y a oportunidades le permitió reconstruir su vida y, con el tiempo, acompañar a otras mujeres que siguen llegando en busca de un lugar seguro.

Un grupo de mujeres durante una actividad en un centro comunitario.

Katy lidera espacios de empoderamiento de mujeres en Esmeraldas, convencida de que todas las mujeres y niñas deben acceder a sus derechos y a la justicia.

“El hecho de ir de barrio en barrio me ayudó a adaptarme y ahora puedo decir que me hablo con todo el mundo”, menciona. Con el tiempo, empezó a sentirse parte del lugar que la acogió. “Yo me siento ya una ecuatoriana más, sin olvidar mis raíces”. La educación marcó un punto de quiebre en su vida. “Gracias a una beca pude lograr titularme como licenciada ambiental. Desde ese momento mis proyecciones cambiaron”, relata con una sonrisa.

Pero el camino no estuvo exento de dolor. “Mi mamá falleció en un accidente y eso me agarró en el proceso de la tesis”. Katy recuerda ese momento como uno de los más duros. “No tenía ganas ni impulso de nada. Pese a todo lo que pasé, lo logré”.

Hoy, Katy vive en Esmeraldas, un territorio que continúa recibiendo personas que buscan protección, mientras enfrenta altos niveles de violencia y necesidades urgentes. Desde allí, decidió devolver lo que alguna vez recibió. “Siempre me ha gustado el servicio, el voluntariado”. Ella forma parte de la asociación Mujeres en Movimiento. “Esta se encarga de empoderar a las mujeres, de dar esa red de apoyo”, comenta.

“He sido puente para mujeres y amigos que han venido sin ninguna orientación”.

Katy

Su rol se ha vuelto clave para otras personas forzadas a desplazarse. “He sido puente para mujeres y amigos que han venido sin ninguna orientación”. Con apoyo de ACNUR, su socio FEPP, Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio, y otras organizaciones humanitarias y ambientales, Katy ha participado en sesiones de fortalecimiento para poder orientar a otras personas a través de talleres, espacios comunitarios y actividades que buscan acelerar procesos de integración. “Hay gente que carga demasiados problemas y el hecho de que tú le des un abrazo, una sonrisa, eso reconforta”, reflexiona Katy.

Una mujer presenta una actividad en un centro comunitario.

Para Katy participar en grupos de mujeres es una oportunidad de ayudar a otras personas que están pasando por sus mismas experiencias.

Ella habla desde su misma experiencia. El pertenecer y participar en grupos de mujeres le ayudó a sobrellevar la pérdida de su madre y le dio la motivación necesaria para tratar de ayudar a otras personas como ella. De hecho, como lideresa trabaja en temas comunitarios, con un especial énfasis en mujeres, y también en protección y cuidado del medioambiente. Desde este rol, Katy ha logrado identificar mujeres con necesidades de protección y derivarlas a los servicios humanitarios de las organizaciones presentes en la zona. También, pasó de ser una participante a una promotora de los encuentros de mujeres. Junto a las organizaciones comunitarias, trabaja en la convocatoria, organización y desarrollo de los encuentros. Katy también trabaja fuertemente en la promoción de los derechos de las mujeres, así como en el cambio climático, desde una perspectiva de género.

Katy no se define como inspiración, pero reconoce el valor del aprendizaje en todo su recorrido. “Si yo pude, otros también pueden”.

Cuando se le pregunta quién es hoy, responde con claridad: “Una persona perseverante y fuerte, que vive el presente con intensidad, y con la motivación de luchar para que haya justicia y derechos para todos y todas”. Desde su liderazgo comunitario, Katy demuestra que es posible reconstruir la vida, fortalecer comunidades y abrir caminos para que otras mujeres y niñas también puedan hacerlo en un mundo posible.