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Jugando por un futuro en la frontera de Colombia

Historias

Jugando por un futuro en la frontera de Colombia

Durante años, la población de la Victoria vivió con miedo de los atroces episodios de violencia que sufrió la ciudad, pero ahora, un proyecto de fútbol le devuelve la esperanza en el futuro.
26 enero 2018
Los niños y niñas del equipo de futbol de La Victoria se sienten orgullosos de sus logros.

PASTO, Colombia, 26 de enero de 2018 (ACNUR) – El hermano mayor de Cristian fue brutalmente asesinado por un grupo armado ilegal. Su madre logró escapar con sus hijos a Ecuador, dejando atrás todo lo que poseían. Décadas más tarde, Cristian y su madre Doña Amparo regresaron a su ciudad natal, La Victoria, en el sur de Colombia, una ciudad fronteriza, a sólo un kilómetro de Ecuador.

Durante años, la población de la ciudad vivió con miedo de los atroces episodios de violencia, incluidos homicidios, desapariciones, masacres, amenazas, minas anti persona, violaciones y abuso sistemático de mujeres. "No me gusta recordar aquellos días en que perdí tanto a mi esposo como a mi hijo", dice Doña Amparo. Desde el comienzo del conflicto armado, más de 6.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares en La Victoria.

Hoy, incluso después de la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y la ex guerrilla más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) en noviembre de 2016, La Victoria sigue siendo un territorio disputado entre actores armados no estatales que lo utilizan como un enclave de economías ilícitas, producción de drogas y tráfico. Es una ciudad donde la presencia institucional es escasa y los residentes, que en su mayoría han sido desplazados por el conflicto, continúan sufriendo graves abusos contra los derechos humanos, como homicidios, despojo de tierras y reclutamiento de jóvenes y niños.

Cristian, ahora padre de tres, es consciente de los riesgos a los que sus hijos están expuestos a diario. Después de consultar a su hijo de 14 años acerca de sus intereses, decidió crear una escuela de fútbol para niños, para proporcionar actividades recreativas y ayudar a evitar que los pequeños sean reclutados para actividades ilegales. "Trabajé durante dos años para hacer la escuela de fútbol una realidad", explica Cristian. "Fue sólo cuando un viejo amigo, un entrenador físico profesional, regresó a la ciudad y decidimos seguir adelante con el proyecto por nuestra cuenta. Compré algunas pelotas y algunos conos de color naranja, y él hizo pesas con viejas botellas de agua y arena". El primer entrenamiento de fútbol fue prácticamente un juego entre los amigos de su hijo, pero después de ver el éxito, muchos niños y niñas estaban ansiosos por unirse a su recién fundada escuela de fútbol.

"Cristian es un líder nato. Cuando pone su mente en algo, lo hace y la gente lo sigue porque tiene grandes iniciativas", explica su madre. Su proactividad llevó a Cristian a reunirse con el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y su socio Pastoral Social, quienes trabajan para fortalecer la integración local en la comunidad, clave para encontrar soluciones para una paz sostenible.

Con el apoyo del ACNUR, la escuela de fútbol pronto obtuvo un entrenador oficial y un campo de fútbol, donde los pequeños campeones pueden practicar de manera segura. Las familias se reúnen para alentarlos, dejando atrás las diferencias y uniendo esfuerzos para apoyar a sus hijos e hijas. Con el apoyo de sus nuevos aliados, decidieron organizar una pequeña liga para alentar a partidos con las ciudades cercanas y equipos del otro lado de la frontera. Esto es particularmente importante para los habitantes de La Victoria, quienes durante años han sido estigmatizados debido a la continua presencia de grupos armados en la zona.

"En esas aldeas remotas, donde la presencia del Estado aún no es lo suficientemente fuerte – incluso casi un año después de la firma del Acuerdo de Paz – apoyar este tipo de iniciativas es crucial para empoderar a las comunidades y para mejorar los proyectos", explica Manuel Nucamendi, Jefe de la Suboficina de ACNUR en Pasto, quien agrega que al promover actividades deportivas, el ACNUR y sus socios contribuyen a reforzar las redes de protección locales a lo largo del "corredor fronterizo", proporcionando entornos seguros para niños y jóvenes, y mitigando algunos de los riesgos a los que están expuestos a diario.

"Nuestra relación con Ecuador es extremadamente importante. Recibieron a muchos de nosotros 'Victorianos' que tuvimos que huir durante el conflicto. Hemos recibido mucho apoyo y siempre hemos encontrado una mano acogedora. Los torneos con Ecuador han ayudado a fortalecer nuestra amistad", explica José Luis Pineda, presidente de la Junta de Acción Comunitaria (que funciona de manera similar a un consejo municipal).

Pineda también describió cómo la escuela se ha convertido en una prioridad para la comunidad: "Es increíble ver el interés de padres y niños en este programa. Han aprendido a trabajar juntos y a escucharse unos a otros". Los padres están apoyando a la escuela y a sus hijos, en gran parte porque ven cómo están adquiriendo valores como la camaradería, la responsabilidad, la disciplina y la dedicación. Como líder de la sociedad, para José Luis, el desarrollo más importante es el empoderamiento de la comunidad a través de esta escuela. "El conflicto en esta área no solo desintegró a la comunidad sino que incluso provocó una descomposición dentro de las familias", explica.

Hoy la escuela tiene 45 pequeños jugadores de fútbol, que también asisten a talleres de paz organizados por el ACNUR, para proporcionarles las herramientas necesarias para que se conviertan en participantes activos del proceso de construcción de la paz. El éxito de la escuela también ha llevado a la creación de un equipo de mujeres jóvenes que está ayudando a combatir la discriminación de género.

"La Victoria ha sido olvidada por más de dos décadas, cuando solo los actores armados estaban presentes y las leyes eran dictadas por ellos. Prácticamente habíamos perdido toda esperanza y no podíamos siquiera imaginar un futuro para nuestra juventud. Ahora, como resultado de este proyecto, podemos ver a nuestros hijos convertirse en los ejemplos de los "Victorianos", asegura Cristian. "Nos ayudarán a demostrar las grandes cualidades de nuestra ciudad en esta nueva era que es el proceso de paz", concluye.

Luego de firmar un histórico acuerdo de paz, Colombia se encuentra en un proceso de construcción de la paz que apunta a poner fin a 52 años de conflicto que ha matado a más de 220.000 personas y desplazado a más de 7,6 millones de colombianos. El ACNUR continúa trabajando y colaborando con las autoridades para proporcionar soluciones a la población desplazada, clave para la construcción de una paz sostenible.

Por Regina de la Portilla