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La llegada del invierno amenaza a miles de desplazados ucranianos

Historias

La llegada del invierno amenaza a miles de desplazados ucranianos

Como los combates en el este de Ucrania expulsan a miles de sus hogares, el personal del ACNUR y los voluntarios locales reparten alimentos, ropa y asistencia a los necesitados.
4 December 2014
Una desplazada que ayuda a otros desplazados: La ucraniana Narine (35 años), que a principios de este año tuvo que abandonar su casa en Donetsk, trabaja como voluntaria en el centro de recolección de Kharkiv seleccionando donaciones para sus conciudadanos más necesitados.

KHARKIV, Ucrania, 4 de diciembre de 2014 (ACNUR) – Decenas de hombres, mujeres y niños se agolpan ansiosos ante un edificio de Kharkiv, en Ucrania oriental. "Me dijeron que aquí repartían ropa de invierno", dice uno de ellos, Aleksandr, que huyó de su casa en las afueras de Donetsk al caer las primeras bombas. "Por eso vine".

Los rumores que corren de boca en boca lo trajeron hasta el Kharkivskaya Stantsya, uno de los centros comunitarios financiados por ACNUR en Ucrania desde los que se reparten materiales básicos al casi medio millón de personas desarraigadas por el conflicto que se vieron obligadas a buscar refugio en otras partes del país.

Desde finales de abril no ha habido nuevos enfrentamientos entre tropas ucranianas y fuerzas prorusas, por lo que numerosos desplazados internos llegaron hasta Kharkiv. Pero la ciudad se encuentra cerca del frente y pese al cese de hostilidades pactado en septiembre, el conflicto sigue latente.

Como le dijeron a Aleksandr, en el Kharkivskaya Stantsya distribuyen ropa para el invierno, además de mantas, alimentos y artículos para niños. El plan contempla la apertura de más de 40 centros similares y los trabajadores humanitarios desafían al reloj y a la meteorología para terminar las entregas antes de que lleguen los grandes fríos.

Son muchos los desplazados amenazados por el invierno. "Nos escapamos de casa el 29 de julio con lo puesto, ropa de verano", explica Aleksandr sin salirse de la fila. "Hace demasiado frío, nos hacen falta abrigos".

A finales de noviembre las colas frente al Kharkivskaya Stantsya eran tan largas que para entrar – en grupos de cinco en cinco – a retirar un paquete con arroz, harina, ropa de abrigo y mantas, además de pañales para las familias con bebés, había que esperar varias horas.

Afortunadamente los centros comunitarios no atraen solamente a personas necesitadas en estos tiempos de crisis: muchos voluntarios, incluso muchos desplazados, se acercan a echar una mano.

"Cuando llegué a Kharkiv no había nadie a quien ayudar", dice Narine, de 35 años, que huyó de su casa en Donetsk a comienzos de este año. "Me hice voluntaria porque me cansé de estar sentada como una inútil".

Actualmente es una de las voluntarias del centro de distribución de Kharkiv. Así, un día de noviembre, mientras Aleksandr hacía cola para entrar en el edificio, Narine trabajaba adentro seleccionando chaquetas y otras prendas de invierno para repartir.

A veces se acercan a ayudar los propios habitantes de la ciudad,como Maksim, obligado por la crisis a cerrar su negocio. "Yo tuve suerte", dice mientras vigila la cola. "Perdí nada más que mi trabajo, mientras que estas personas han abandonado sus casas, familias, esperanzas. Por eso trato de ayudar".

Oldrich Andrysek, Representante Regional de ACNUR, dice estar impresionado por el activismo de personas como Narine y Maksim. "Nunca he visto tanta dedicación de la sociedad civil, y eso que estuve en las crisis de Yugoslavia y Georgia", dice. "En Ucrania las personas han respondido inmediatamente a la petición de ayuda".

Los voluntarios ucranianos se mueven inspirados tanto por la generosidad de sus conciudadanos como por la respuesta internacional. Las donaciones recibidas ascienden a 10.000 prendas de vestir invernales, 100.000 mantas y 360 rollos de lona para impermeabilizar los techos de los refugios.

"Una cosa me conforta", dice Narine. "El ejército de civiles que ha salido a rescatar a los necesitados. Y no solamente en Ucrania. Mire los paquetes, vienen de Alemania, de Gran Bretaña, hasta de Estados Unidos". "Yo ayudo como puedo", explica Maksim. "Lo considero un deber cívico. Hay quien ayuda combatiendo, yo ayudo a los damnificados por la guerra".

Por Rafal Kostrzynski en Kharkiv, Ucrania