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Las condiciones en la frontera con Sudán del Sur empeoran a medida que más personas huyen del conflicto en Sudán

Una mujer que lleva una manta y una bolsa y varios niños llegan a un asentamiento improvisado.
Historias

Las condiciones en la frontera con Sudán del Sur empeoran a medida que más personas huyen del conflicto en Sudán

Las personas que huyen de Sudán están llegando a zonas remotas del norte de Sudán del Sur, donde las organizaciones humanitarias se esfuerzan por brindar ayuda de emergencia en plena temporada de lluvias.
6 September 2023

Personas refugiadas sudanesas y retornadas sursudanesas llegan al Centro de Tránsito de Renk tras cruzar la frontera desde Sudán.

Cada día, más personas que huyen del feroz conflicto de Sudán cruzan al vecino Sudán del Sur por el punto fronterizo de Joda, en el estado del Alto Nilo. La temporada de lluvias y la falta de financiación de los donantes han obstaculizado los esfuerzos para ayudar a las personas a alejarse de la frontera, empeorando la situación humanitaria en el cada vez más abarrotado centro de tránsito de la ciudad fronteriza de Renk. 

La gran mayoría de las personas recién llegadas son refugiadas retornadas que vivían en Sudán desde que huyeron de la brutal guerra civil de Sudán del Sur. Un número menor son sudaneses como Aziza Harba Idriss y su familia, quienes vivían cómodamente en Jartum, la capital, antes de que estallara el conflicto en abril. Se escondieron debajo de sus camas durante varios días mientras se intensificaba la violencia.

“Todos los días escuchábamos cómo caían bombas”, cuenta esta madre de ocho hijos. “Escuchábamos hablar de personas conocidas que habían muerto, incluidos niños; otras habían sido desplazadas. Vivíamos con miedo día y noche”.

Tras quedarse sin comida y sin agua, Aziza y su esposo huyeron al estado de Al Jazirah, donde se alojaron con unos familiares durante tres meses. Pero a medida que el conflicto se prolongaba, Aziza emprendió un peligroso viaje de tres días hasta Sudán del Sur con sus hijos.

“Tuvimos que superar muchos obstáculos por el camino”, explica. “Nos detenían en los controles de carretera [hombres armados] y nos decían que saliéramos del vehículo. Nos preguntaron adónde íbamos. Les dijimos que buscábamos un lugar seguro donde quedarnos y sobrevivir. Nos acosaron y se llevaron nuestro dinero”.

La familia de Aziza terminó uniéndose a los más de 240.000 refugiados sudaneses y sursudaneses retornados que han cruzado a Sudán del Sur en los últimos meses.

“Cuando llegamos a la frontera de Joda, los habitantes de Sudán del Sur nos dieron una calurosa bienvenida”, cuenta Aziza. “Pasamos un control médico y nos trasladaron a este centro de tránsito. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, nos dieron dinero en efectivo, colchonetas y mantas para la familia”.

La familia comparte ahora un alojamiento comunitario con otras 16 familias. “El espacio es muy pequeño, pero intentamos amontonarnos y compartirlo porque cuando llueve no podemos dormir afuera”, comenta Aziza.

Una mujer sonríe mientras coloca una lona azul sobre un alojamiento improvisado.

Aziza Harba Idriss, de Sudán, prepara algo de sombra para proteger a su familia del sol abrasador en el centro de tránsito de Renk.

Aumentan las necesidades

Cada día llegan más personas al centro de tránsito establecido por ACNUR en Renk. Construido originalmente para albergar a 3.000 personas, más de 8.000 viven ahora en el centro y sus alrededores en circunstancias cada vez más difíciles.

“Necesitamos construir más alojamientos y brindar servicios de salud”, señala Jimmy Ogwang, Oficial Adjunto de ACNUR sobre el terreno en Renk. “Hay niños que llegan con desnutrición, y también personas con enfermedades crónicas”.

Añadió que las lluvias han complicado los esfuerzos urgentes para ayudar a que las personas abandonen el congestionado centro de tránsito y lleguen a sus zonas de origen o a campamentos más permanentes.

La afluencia de sursudaneses retornados y refugiados de Sudán está ejerciendo presión sobre los limitados recursos de un país que se recupera de una prolongada guerra civil y de los devastadores efectos del cambio climático. Sudán del Sur ya acogía a más de 300.000 personas refugiadas y solicitantes de asilo, además de a más de 2,3 millones de personas desplazadas internas.

Una mujer sentada en una cubeta lava los platos en el exterior de un alojamiento improvisado.

Umjuma Achol Mut lava los platos en el exterior de su alojamiento improvisado en el centro de tránsito.

Umjuma Achol Mut, de 29 años, huyó de su hogar en Bentiu, Sudán del Sur en 2016 tras una brutal violencia que la dejó traumatizada. Primero huyó a un campamento de refugiados en la región etíope de Gambela y más tarde se trasladó a Sudán, donde esperaba reconstruir su vida.

“La situación me obligó a regresar” explica. “Ahora, la pregunta sigue en mi mente: ¿cómo van a sobrevivir y recibir educación mis hijos?”.

La falta de financiación, el acceso deficiente y las infraestructuras inadecuadas están dificultando enormemente que las agencias de ayuda puedan responder a la emergencia y aliviar la presión sobre el abarrotado centro de tránsito y la zona fronteriza.

Durante una reciente visita a Sudán del Sur, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, observó los retos críticos a los que se enfrentan las organizaciones humanitarias y solicitó apoyo urgente para las personas que huyen de la crisis en Sudán.

“Los retos son enormes. Las necesidades humanitarias se multiplican: alimentos, atención médica y alojamiento adecuado”, declaró Grandi. “Hay que prestar especial atención a las mujeres que, en una situación como ésta, están expuestas a riesgos muy elevados”.

Después de cuatro meses de conflicto en Sudán, alrededor de un millón de personas han huido a los países vecinos. Se estima que esa cifra ascenderá a más de 1,8 millones de personas a finales de 2023, lo que aumentará las necesidades globales de financiación a más de 1.000 millones de dólares (USD).

Aziza quiere construir un futuro para sus hijos en Sudán del Sur una vez que pueda abandonar el centro de tránsito.

“Las personas están aquí sentadas”, comenta. “Ni siquiera los niños pueden ir a la escuela. Aunque el apoyo que estamos recibiendo nos ayuda a sobrevivir, tenemos desafíos”.

La situación me obligó a regresar

Umjuma Achol Mut, retornada sursudanesa