'Tengo que convivir con los imprevistos – y me encanta'

ACNUR cuenta con más de 11.500 funcionarios, en su mayoría trabajando en el terreno. Entrevistamos a Massoumeh Farman Farmaian, coordinadora de las respuestas de emergencia.

Massoumeh Farman Farmaian, Coordinadora interagencial de emergencias de ACNUR.
© ACNUR/Susan Hopper

Nombre: Massoumeh Farman Farmaian, nacida en Irán.

Puesto: Coordinadora interagencial de emergencias, con base en Ginebra.

Años con ACNUR: Quince, trabajando en más de una docena de países.

¿Por qué quisiste ser trabajadora humanitaria?

Nací en Irán y hablo farsi. Siempre quise trabajar en Afganistán. Quería ver, sentir, oler y compenetrarme con ese lugar desde que tengo memoria. Tuve la oportunidad de trabajar allá después de los ataques del 11 de septiembre.

Estaba trabajando en Nueva York, en el sector privado, cuando ocurrieron los ataques, y cuando enviaron las tropas a Afganistán, pensé ‘Este es buen momento para ir y ayudar a estas personas’. Llamé a varias agencias de ayuda y les dije ‘Estoy disponible y hablo el idioma’.

Empecé a trabajar con ACNUR en Irán en 2003, y luego fui a Pakistán, en 2005, para ayudar tras el terremoto. Desde ahí fui a Afganistán, donde finalmente pude usar mis conocimientos lingüísticos, ya que el darí es muy parecido al farsi. Después de una década en la región, me fui a Chad.

  • Massoumeh Farman Farmaian con un grupo de colegas en la frontera entre Uganda y Sudán del Sur, en 2016.
    Massoumeh Farman Farmaian con un grupo de colegas en la frontera entre Uganda y Sudán del Sur, en 2016. © ACNUR/Yamah Massaley
  • Massoumeh Farman Farmaian con refugiados sursudaneses en el centro tránsito de Nyumanzi, en Uganda.
    Massoumeh Farman Farmaian con refugiados sursudaneses en el centro tránsito de Nyumanzi, en Uganda. © ACNUR
  • Massoumeh Farman Farmaian hablando con una mujer refugiada en el campamento de Idomeni, en Grecia, en noviembre de 2015, sobre su derecho a solicitar asilo.
    Massoumeh Farman Farmaian hablando con una mujer refugiada en el campamento de Idomeni, en Grecia, en noviembre de 2015, sobre su derecho a solicitar asilo. © ACNUR/Yorgos Kyvernitis
  • Mujeres y niñas refugiadas en Tchoukoutalia, Chad, en 2015. El grupo de refugiadas había huido de los ataques de las milicias en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, viajando en barco.
    Mujeres y niñas refugiadas en Tchoukoutalia, Chad, en 2015. El grupo de refugiadas había huido de los ataques de las milicias en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, viajando en barco. © ACNUR/Massoumeh Farman Farmaian

¿Cuál es la cosa más demandante/gratificante en tu trabajo?

Cuando el conflicto o la instabilidad política ocasionan de un momento a otro el desplazamiento de una población, ACNUR está allá para brindar ayuda. En las emergencias, debemos pensar rápido y actuar de inmediato.

Nuestra ayuda y los expertos que trabajan con nosotros están preparados para su despliegue rápido en cualquier parte del mundo. Podemos lanzar una operación de emergencia en 72 horas, gracias a una red global de reservas, suministros, expertos y socios.

Estamos siempre alerta. A veces debo partir en menos de tres días, y es algo con lo que estoy conforme. Tengo que convivir con los imprevistos – y me encanta.

Cuando me envían a algún lugar, ya sea Grecia, Uganda o Bangladesh – los ritmos de trabajo son muy intensos, porque normalmente no tomo días libres. ¿Cómo te puedes tomar el día si estás en el medio de una emergencia?

Pero es un trabajo que me gusta. Me encanta estar en el terreno por las experiencias enriquecedoras que se hacen, encontrando a gente de diferentes culturas y teniendo la oportunidad de hacer una diferencia en la vida de las personas. La parte más gratificante es poder ver el impacto de tu trabajo.

¿Cuál fue tu mejor día en el trabajo?

Más de 1 millón de personas habían huido de Sudán del Sur buscando protección en la vecina Uganda, desde el inicio de los combates, en 2013.

Creo que uno de los momentos que más me hacen sentir orgullosa desde que trabajo con ACNUR es cuando me enviaron a Uganda en 2016, en un momento en que miles de refugiados sursudaneses estaban llegando a pie todos los días, por los bosques, siendo en su mayoría mujeres y niños.

A las pocas semanas de haber montado el asentamiento para los recién llegados ya teníamos a miles de personas asistiendo a clases. Fue maravilloso ver a los niños ya en la escuela y a los maestros planear las clases que iban a dictar.   

También tuve unas experiencias muy emotivas en Grecia, donde me llamaron para prestar asistencia en un hospital donde se atendían a niños y niñas que habían sido rescatados de un naufragio. Estaban heridos y nadie hablaba su idioma. Nadie sabía quiénes eran.

Así que fui al hospital y traté entender si hablaban farsi, y finalmente logré entender sus nombres. Eran kurdos iraquíes. También les saqué fotos, que compartí con varios colegas de diferentes localidades de la operación, hasta que al final todos se reunieron con sus familias.

Massoumeh Farman Farmaian con niños sursudaneses en el campamento de Rhino, en Uganda.

Massoumeh Farman Farmaian con niños sursudaneses en el campamento de Rhino, en Uganda.  © ACNUR

¿Cuál fue tu peor día?

Conocí a un hombre afgano de casi cuarenta años que había perdido a toda su familia en un naufragio. Había tomado un barco con su esposa – que estaba embarazada de ocho meses – y sus dos hijos, de dos y siete años. Cuando el barco se volcó, su familia no pudo alcanzar la costa. Después de una búsqueda desesperada en todos los centros de recepción y los hospitales, empezamos el recorrido de las morgues.

Al final encontramos los cuerpos. Él estaba desconsolado. Luego me dijo ‘Voy a volver a Afganistán, y allá quiero morir. Ya no tengo razón para vivir’.

Esa fue la peor experiencia que sufrí, porque no podía hacer nada por él. Pero lo que me motiva a seguir es pensar en todo lo que nosotros como ACNUR hemos podido lograr en las distintas emergencias por el mundo.

La Agencia de la ONU para los Refugiados trabaja en 128 países ayudando a hombres, mujeres y niños que huyen de su hogar por causa de las guerras y la persecución. Nuestra sede está en Ginebra, pero el 87 por ciento de nuestros funcionarios trabaja en el terreno, ayudando a los refugiados.